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How to flyPedro Guimarães siguiente

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Un acto desesperado de fe

Ros Boisier

Al acelerar el vaivén del columpio, la velocidad se intensifica hasta alcanzar el punto más alto posible; en esa culminación definitoria se darán las condiciones necesarias para arriesgarte al suceder de un impulso y soltarte para volar, al menos por un segundo, mientras tu cuerpo se suspende en el aire. Durante ese tiempo, el silencio sellará ligeramente tus oídos y, ensimismado por la gravedad, te sentirás liviano, vulnerable, libre.

Algo así era para mí volar cuando tenía menos de 12 años. Otras personas, sin duda, han llegado más lejos.

Para Pedro Guimarães su relación con el vuelo es más tangible y distendida que la mía, basada tan sólo en una acción imaginativa tan ficticia como estática. Para él, contemplar desde el aeródromo de Braga a los aviones despegar y a los paracaidistas descender significaría algo más que una tradición o un entretenimiento de fin de semana junto a su abuelo. Con el paso del tiempo, esta experiencia infantil se estrecharía sumando complicidades: su hermano se convertiría en piloto, y él, en un fotógrafo que encontraría en la aviación un motivo[^1] con el cual construir una metáfora sobre cómo sobrevivir en los momentos difíciles. El fotolibro How to fly remite a una ironía inalcanzable pero no por ello menos anhelada e indiferente, me refiero al deseo y a la incapacidad de los seres humanos de volar por sí mismos.

 [^1] Considerado por Llorenç Raich Muñoz (2015) como “cada uno de los elementos individuales que componen una imagen, tal y como se hace en el léxico de la historia de la pintura”. Por “motivo” entenderemos entonces “cualquier elemento independiente integrado en el conjunto de la imagen que sirva como detonante para vertebrar un argumento poético”.

La apariencia de la fotografía documental es utilizada por Guimarães como una estrategia que sostiene el simulacro conceptual que, ante el suceder de las páginas, desvela su verdadero carácter emocional, autobiográfico, tal vez. La transición entre ambos puntos genera una ilusión argumental de constantes pulsiones retóricas que estimulan el cruce entre lo real y lo ficticio. Una elaboración imaginativa que surge de la articulación sugerente de los elementos dispuestos en las páginas y que encuentra su cauce en la lectura: cuando lo sugestivo palpita con más fuerza ante nuestra necesidad de sentido. How to fly se nos presenta como un manual de vuelo que utiliza los códigos estéticos de los registros fotográficos científicos e industriales como una alusión a los archivos visuales con los que Larry Sultan y Mike Mandel crearan Evidence (1977) o, más recientemente, a los que David Fathi utilizara para componer Wolfgang (2016).

How to fly ofrece destellos de una fábula en la que personas, aves y aviones son protagonistas de una equilibrada secuencia de momentos sosegados. Pedro Guimarães deja entrever su dilatado posicionamiento en cada gesto, escenario o punto de vista que fotografía. No se precipita. El sigilo parece ser su mecanismo de aproximación.

La seriación resulta ser una estrategia eficiente para comunicar y expresar una idea con pocos matices visuales. No es el caso de este libro, pero la reiteración es relevante en él a un nivel básico por esencial, ya que nos presenta un escenario desconocido —atractivo, por tanto—. La seriación funciona aquí como un prefacio breve que el autor sitúa en la cubierta a modo de desplegable. El libro comienza en la cubierta, nunca mejor dicho. Guimarães nos invita a interactuar lúdicamente cuando nos incita a desplegar el impreciso acordeón con imágenes descentradas de aviones abandonados que, fotografiados desde su interior, nos trasladan virtualmente al asiento que ocupara el piloto en días mejores, como si fuera nuestra visión subjetiva en esos vestigios, al mando de las últimas maniobras en un día muy complicado.

Precedidas por el primero de los cinco textos escritos en clave poética que han sido incluidos intercaladamente en la secuencia (cuatro de ellos escritos por Guimarães), las primeras fotografías del libro manifiestan la lógica del manual de vuelo, introduciendo nuevos detalles y escenarios de los aeródromos visitados en Portugal y Dinamarca (sus países de referencia por vínculo familiar). La constante visual sustentada por las aeronaves sufre una fractura irremediable ante la aparición de un segundo texto y una fotografía de los padres del autor en la que podemos ver a la madre cortarle el pelo al padre en el patio de su casa. El cruce entre el texto experiencial y la cotidianeidad que transmite la imagen motiva la universalización de anécdotas íntimas y familiares con las que podemos empatizar; es el potencial de las sincronías y similitudes de la condición humana el que nos permite identificarnos con las experiencias de aquellos que no conocemos. A partir de este desencadenante, How to fly se vuelve más cálido y metafórico, la apariencia de la fotografía documental como estrategia nos hará cambiar el rumbo de la lectura; se trata de un giro argumental en el devenir del relato. En sus tres claros momentos, que no capítulos, surgen nuevos personajes y nuevas perspectivas, se consolidan las metáforas y el simbolismo, la modulación de los elementos visuales y textuales se integra en un ritmo fluido con transiciones sutiles bien empleadas para trazar la ruta de un vuelo imaginario en el que los mundos gobernados por la naturaleza, las personas, la tecnología y las aves coexisten en este relato autobiográfico que recurre a la aviación privada como escenario principal para reflexionar acerca de los recuerdos de infancia, la contemplación del paisaje, las formas escultóricas de los aviones, la inestabilidad del vuelo y las muchas maneras de sobrevivir a las inevitables turbulencias de la vida.

Cómo citar:
BOISIER, Ros, “Un acto desesperado de fe”, LUR, 5 de febrero de 2020, https://e-lur.net/biblioteca/how-to-fly-pedro-guimaraes


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