fbpx
anterior cerrar

André Penteado y la historia a contrapelo siguiente

Péricles Dias de Oliveira

En Pequeña historia de la fotografía (1931), Walter Benjamin argumentaba que el descubrimiento de la fotografía había revelado la existencia de un “inconsciente óptico”, un “mundo de imágenes” invisible sin la técnica —la cámara lenta, las ampliaciones, etc.—, comparable al inconsciente pulsional sin el psicoanálisis. Así, decía, la fotografía técnica de una célula presentaría más afinidad con el medio que un paisaje sentimentalizado o un retrato espirituoso. Es esa afinidad con el medio fotográfico una de las marcas de la obra del artista brasileño André Penteado (São Paulo, 1970). A partir de fotografías objetivas y con bajo envolvimiento emocional, sus trabajos sobre la inmigración, el servicio doméstico o el suicidio han tratado de desvelar ese mundo de imágenes que se escapa a la primera mirada. Tras la publicación de O suicidio de meu pai, merecedor del Premio Nacional Pierre Verger 2013, Penteado da inicio a Rastros, trazos y vestigios (2014), un proyecto que reflexiona sobre las reverberaciones del pasado en la actualidad de la sociedad brasileña; un recorrido por el inconsciente del tiempo de la Historia de Brasil.

El interés por las imágenes del pasado ha llevado a André Penteado a cruzar la geografía brasileña. Primero el artista se instala en el lugar de un acontecimiento histórico —elegido por su relevancia en la crónica de la nación— y busca rastros tangibles e intangibles del mismo, emprendiendo una investigación visual en primera persona. Después, de regreso al atelier, Penteado da inicio a un largo proceso de reflexión, selección y edición de las imágenes que culmina con la publicación de un fotolibro, en colaboración con Editora Madalena. Tres fotolibros ya han sido publicados, Cabanagem (2015), Missão Francesa (2017) y Farroupilha (2020), cada uno con un título homónimo al referido acontecimiento histórico.[^1] El punto en común entre cada pasaje histórico es la ausencia de iconografía fotográfica de época, o sea, la inexistencia del medio fotográfico, difundido en el país solo a partir de la década de 1840. Esa ausencia, a la vez que da a Penteado mayor libertad creativa, le posibilita reflexionar sobre los límites de la representación fotográfica.

André Penteado
Fotografía de Cabanagem (2015). Cortesía de André Penteado

Aunque cada fotolibro esté dedicado a un pasaje histórico, Penteado no se arroga el papel de historiador ni pretende reconstruirlo. El proyecto surge de la idea de que existiría un paralelismo entre la obra del fotógrafo y la del historiador, ambos constructores de síntesis de la realidad, aunque sus elecciones no estén del todo aparentes en el producto final. Más que proponer una nueva y singular narrativa sobre el pasado, Penteado busca exponer el reverso de ese trabajo de hilado, su arquitectura invisible, poniendo también de manifiesto sus usos políticos. La misma operación también se dirige al medio fotográfico y a la ilusión de la ‘evidencia directa’, sin mediación del fotógrafo. De ese modo, el soporte libro no es una elección casual, a la objetividad de las fotografías y a la linealidad de las páginas el autor contrapone una narrativa fragmentada, discontinua, frustrando la expectativa de que los ‘rastros’ conduzcan inevitablemente a un descubrimiento.

A diferencia del historiador, el artista emprende su investigación sin objetivos definidos, sin una hipótesis inicial. Penteado visita y fotografía los escenarios más diversos, desde reconocidos lugares de memoria (plazas, museos, monumentos, eventos conmemorativos o archivos) hasta lugares con una conexión apenas tangencial con el pasado. Como los estratos de una excavación arqueológica, las temporalidades de estos lugares se mezclan y se enredan, sin ninguna jerarquía definida. A los escenarios se suman retratos de personas que Penteado va encontrando por el camino —profesores universitarios, estudiantes, guardias de seguridad, porteros, líderes comunitarios o agricultores—, sujetos históricos poco convencionales y con una relación a veces anecdótica con el acontecimiento. Esta relación es mencionada en sucintas notas en las que rezan textos como: “Manoel Benjamim (Giju), agricultor jubilado que creció y vive en el lugar donde se encontraba la hacienda del líder cabano Eduardo Angelin”. Por tanto, en contraste con la delimitación prefigurada en cada título, el contenido de los fotolibros se extralimita, se abre a una polifonía que frecuentemente es allanada en las síntesis históricas.

André Penteado
Libro de retratos de Cabanagem (2015). Cortesía de André Penteado 

Las formas narrativas empleadas han variado en estos tres itinerarios iniciales, pero dos elecciones editoriales han sido constantes: la utilización de textos (históricos o historiográficos) y la maquetación de las imágenes a página completa (en vertical o en doble página). Esta presentación de las imágenes genera cierta equivalencia entre los significantes, un tiempo de lectura más o menos constante, apoyando el pretendido diálogo entre pasado y presente. En Cabanagem, sobre una guerra librada entre 1935 y 1940 en el corazón de la amazonia, la narrativa se desarrolla a modo de cuaderno de viaje: el lector se adentra en la selva ecuatorial y pasea por una estructura circular en la que se repiten tres elementos básicos: portales, naturaleza y muerte (siete imágenes de cadáveres apropiadas de la prensa amarilla local). Penteado, como un fotógrafo forense, sugiere la presencia de un crimen olvidado en la maleza, un crimen contra populares (el nombre de la contienda hace alusión a las cabañas en las que vivían los indígenas, negros y mestizos de la zona), de difícil acceso y solución, que metafóricamente se repite hasta los días de hoy. La imagen final de un plástico negro refuerza esa idea de crimen ocultado. A diferencia de los demás volúmenes, en Cabanagem los retratos aparecen en una publicación a parte, una especie de separata en menor tamaño. Estos dos libros van en un sobre semejante a los utilizados en archivos, en el que también se encuentra una hoja plegada a modo de periódico, con un texto original de Magda Ricci, una historiadora de la región. El conjunto final, irónicamente, recuerda a una de las fotografías del libro, una estantería apiñada de legajos empaquetados, muestra de la precariedad de la memoria y de las lagunas del pasado.

André Penteado
Las tres partes de Cabanagem: el libro de tapa verde, el libro de tapa roja y el texto a modo de periódico, de la historiadora Magda Ricci. Cortesía de André Penteado  

En Missão Francesa, sobre la expedición de artistas franceses encargados de la construcción de la primera academia de Bellas Artes de Brasil, en 1816, la narrativa asume la forma de un inventario o de una recopilación de proyectos. Al contrario de Cabanagem, el pasaje histórico aquí narrado posee una gran documentación preservada, no solo en la forma de textos de la corte de Juan VI de Portugal, deseosa por infundir aires de civilidad en la colonia, sino en obras plásticas de los artistas y de sus discípulos brasileños. El libro está dividido en tres partes bien definidas: la primera, con fotografías de las obras y de los rastros dejados por artistas como Jean-Baptiste Debret, Nicolas-Antoine Taunay o Marc Ferrez en Río de Janeiro (con destaque para algunas pinturas y esculturas con temas históricos, además de retratos de descendientes biológicos de los artistas); la segunda, con imágenes facsímile del texto fundacional de la Academia, de autoría de Joachim Lebreton (1760-1819); y la tercera, con una serie de retratos de jóvenes estudiantes y profesores de la Facultad de Bellas Artes de la Universidade Federal do Rio de Janeiro. De forma no cronológica, el libro pone de manifiesto la brecha entre el proyecto idealizado (texto) y el proyecto realizado de la Academia, la pervivencia de una mirada exógena sobre el país (neoclásica, blanca, europea, representada por los descendientes genéticos y artísticos de la Misión) y la posibilidad de un proyecto representacional alternativo, con las nuevas generaciones de artistas.

André Penteado
Un busto de mármol del Imperador D. Pedro I, del año 1828, y un retrato de un descendiente del pintor francés Nicolas-Antoine Taunay. Missão Francesa (2017). Cortesía de André Penteado

El último libro publicado de la colección, Farroupilha, posee la estructura de un cuaderno de viaje y está dividido en trece bloques temáticos. La llamada ‘Guerra’ o ‘Revolución Farroupilha’ no solo es un acontecimiento muy documentado y estudiado, sino que su memoria es continuamente reelaborada e institucionalizada en el sur de Brasil. La creación de una república independiente en la provincia más meridional del Imperio, entre 1835 y 1845, ha generado un imaginario libertario que, aunque poca relación tenga con la realidad de la época, ha servido a intereses políticos diversos a lo largo del tiempo. La narrativa visual propuesta por Penteado incide de lleno en esa impureza de la memoria, en el esfuerzo (y violencia) necesario para crear bloques estancos de recuerdos, más allá de las fricciones, supervivencias y anacronismos del pasado. En concreto, los citados bloques temáticos sufren contaminaciones unos de los otros, como fotogramas subliminales montados en una película: en el capítulo dedicado a militantes de movimiento negro, por ejemplo, aparecen imágenes del bloque de personas caracterizadas (en general blancas con galas militares), en el capítulo dedicado a los monumentos de la guerra, parecen imágenes de la caballería de la policía estadual. Como apéndice, al igual que en Cabanagem, el fotolibro trae un texto original de un historiador de la región, Jocelito Zalla, que profundiza la cuestión de las disputas por memoria de la Farroupilha.

André Penteado
Persona caracterizada de farrapo y activista del movimiento negro de Río Grande del Sul (en su pared, una representación de la guerra con un soldado negro portando una lanza). Farroupilha (2020). Cortesía de André Penteado

Las consideraciones de Penteado sobre la precariedad de la narrativa historiográfica también encuentran su contrapartida entre los historiadores, quienes desde la década de 1970 han propuesto una renovación crítica de sus fórmulas. Con el llamado ‘retorno de la narrativa’, se puso en cuestión las tradicionales perspectivas cenitales, con narradores omniscientes, conocedores de las intenciones, acciones y destinos de los actores históricos (el pueblo, la burguesía, la iglesia). El cambio de escala hacia el microanálisis, hacia la perspectiva individual y los pequeños entramados sociales (campesinos, esclavos, mujeres), además de visibilizar trayectorias marginadas por la historia, propició el desarrollo de narrativas más problemáticas, más cercanas a los altibajos de la investigación empírica.

Asimismo, más allá de ampliar la trama de la historia con nuevos personajes, el microanálisis revelaría otras historias, lógicas originales y socialmente construidas que antes se encontraban subsumidas en el macroanálisis. Como en la metáfora de Blow-up (1966) citada por el historiador Jacques Revel, a cada nueva ampliación se revelaría un nuevo enredo, una nueva historia con una lectura independiente de la anterior. Es con ese historiador-antropólogo contemporáneo, preocupado con los múltiples significados atribuidos a un mismo evento, con la diversidad de las experiencias, que se identifica Penteado.

Como observa Enzo Traverso, la reciente democratización de la historia en la segunda mitad del siglo XX es indisociable del proceso de descolonización y de emergencia de las clases subalternas como sujetos políticos. En Brasil, tras más de veinte años de dictadura militar (1964-1985), la década de los noventa trajo consigo la demanda por una historia nacional más plural, capaz de abarcar memorias marginadas como la femenina, la afrobrasileña, la indígena o la obrera. Eso significaba romper con narrativas bien asentadas y en las que, en general, estos grupos aparecían atrapados en imperiosas estructuras socioeconómicas, con poco o ningún protagonismo. Penteado, desde el arte y el medio fotográfico, ha imaginado y presentado nuevos documentos con los que reflexionar sobre ese pasado; además, a partir de un meditado trabajo de secuenciación, ha hilado narrativas en las que el pueblo participa activamente de los procesos históricos que vivencian, a pesar de toda la violencia que les es ejercida.   

André Penteado
Monumento a la Guerra de Farroupilha. Cortesía de André Penteado

En su lectura de las famosas Tesis sobre la filosofía de la historia (1940), de Walter Benjamin, el filósofo y historiador del arte Georges Didi-Huberman señala que tomar la historia “a contrapelo” es invertir el punto de vista, o sea, es entender “cómo el pasado llega al historiador” y no “cómo el historiador llega al pasado”. En otras palabras, es entender la historia —el objeto de análisis del historiador— no como algo fijo, pasible de aprehensión, sino dinámico, como la memoria misma, capaz de irrumpir anacrónicamente en el presente. Eso significaría implosionar una supuesta historia de continuidades, a la que Benjamin describía como empatía unilateral hacia los vencedores.

El trabajo de Penteado se centra en gran medida en estas irrupciones, en estos destellos, en general marcados por la violencia, el racismo y la exclusión. Irrupciones muchas veces cíclicas, como un trauma, síntomas de que algo va mal. Se acerca, así, a tantas memorias anonimizadas por la historia nacional, que en Brasil llevan menos de tres décadas siendo presentadas, muchas veces por sus mismos herederos. Y lo hace por medio del fotolibro, un medio que permite añadir otras capas de significación a la imagen fotográfica, crear una narrativa posible sobre el pasado —aunque siempre precaria, en permanente dialogo con el presente—. 

Referencias

BENJAMIN, Walter (1940), Obras, Abada, Madrid, 2008.

— (1931), Sobre la fotografía, Pre-textos, Madrid, 2004.

DIDI-HUBERMAN, Georges (2000), Ante el tiempo. Historia del arte y anacronismo de las imágenes, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2008.

PENTEADO, André (2015), Cabanagem, Editora Madalena, Terceiro Nome, São Paulo.

— (2017), Missão Francesa, Editora Madalena, São Paulo.

— (2020), Farroupilha, Editora Madalena, São Paulo.

REVEL, Jacques (1996), Juegos de escala, Unsam Edita, San Martín, 2015. 

TRAVERSO, Enzo (2000), El pasado. Instrucciones de uso. Historia, memoria, política. Marcial Pons, Madrid, 2007.

Cómo citar:
DIAS DE OLIVEIRA, Péricles, “André Penteado y la historia a contrapelo”, LUR, 26 de noviembre de 2020, https://e-lur.net/investigacion/andre-penteado-y-la-historia-a-contrapelo


Péricles Dias de Oliveira (São Paulo, Brasil, 1985). Investigador y comisario independiente, vive y trabaja en Almería (España). Ha comisariado la exposición colectiva ¿Cómo fotografiar personas invisibles?, en el Museo de Almería, en el ámbito del Almería Creative Commons Film Festival 2017. Como doctorando en Bellas Artes (Universidad de Sevilla), investiga la relación entre fotografía, memoria e historia en el arte contemporáneo brasileño.    


[^1] Dos conflictos armados, Guerra de Cabanagem (1935-1940) y Guerra de Farroupilha (1935-1945), acaecidos durante el periodo imperial, y la llegada de una misión de artistas franceses a Brasil, Missão Francesa (1816), durante el periodo colonial. Dos acontecimientos serán tratados en el futuro, la llegada de los portugueses al territorio, Descubrimiento (1500), y la independencia de la colonia, Independencia (1822), sumando un total de cinco fotolibros.