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Apuntes para una filosofía de la fotografía (II)

Mª Eulalia Martínez Zamora

En el artículo anterior[^1] nos centrábamos fundamentalmente en acercarnos al medio fotográfico desde unas consideraciones filosóficas que tenían que ver con el análisis ontológico y etimológico. Partiendo de esas premisas llegamos a la conclusión de que la fotografía como medio establece, por sus propias características inherentes a sí misma y a las diferentes etimologías que se le fueron aplicando desde sus orígenes, unas posibilidades enormes para ser estudiada desde perspectivas menos convencionales y más centradas en análisis desde su potencial como forma de pensamiento.

[^1] “Apuntes para una filosofía de la fotografía (I)” 

Consideraciones fenomenológicas

Como ya se apuntó en el artículo precedente, el camino recorrido durante la búsqueda del término hasta que éste se concretó como tal, fue una suerte de ensayos que con mayor o menor fortuna intentaron aproximarse a la esencia del hallazgo por un lado, y por otro, a consideraciones de tipo personal y/o social. Llegados a este punto vamos a centrarnos en el revelador ensayo de Thélot, Critique de la raison photographique, cuyas reflexiones y conclusiones nos parecen una de las críticas más profundas y acertadas realizadas recientemente en el ámbito de una filosofía/fenomenología de la fotografía.

Será en el análisis del término en donde se revele toda una filosofía, una serie de pistas que nos llevarán como hilo conductor por las argumentaciones fundamentales de este trabajo. Para ello resultan acertadísimas las conclusiones a las que llega Thélot en su ensayo y que en parte son las que vamos a utilizar para esta breve aproximación fenomenológica al objeto fotográfico. Así pues, y partiendo simplemente de un análisis etimológico del término, Thélot nos apunta tres sugerencias para un desarrollo filosófico del medio, y son: Fotografía como escritura griega; Fotografía como fenomenología del mundo y Fotografía como redundancia.

Fotografía como escritura griega

Esta formulación no está referida únicamente a la etimología de origen griego[^2], sino también hacia la comprensión de que en este término se manifiesta toda una forma de entendimiento directamente relacionada con el trasfondo del pensamiento griego, o lo que es lo mismo, la fotografía como evidencia de filosofía. Y la filosofía, como estudio de los fenómenos de la physis, se apoya en la condición de que los fenómenos no pueden ser más que visibles, nada puede aparecer sin dejarse ver:

[^2] Ya hemos analizado la primera parte relacionada con la luz, photo, y a ésta deberíamos de añadir la segunda parte, graphos, relacionada con escritura: escritura de luz. 

La filosofía de la fotografía es la que inventaron los griegos, la que se apoya como condición previa en que los fenómenos son y no pueden ser otra cosa que visibles, está la condición antes que toda enunciación, […], la apariencia de toda aparición es necesariamente la visibilidad en virtud de la cual la realidad es el mundo […]” (Thélot, 2009, pp. 46-47).

La fotografía en esencia no es otra cosa que un reflejo de una forma de pensamiento que analiza el mundo y su búsqueda de sentido a través de sus manifestaciones, y las manifestaciones son ante todo visibles. Ver es observar fenómenos, no tan sólo de una forma literal, sino con la luz del pensamiento.“No hay diferencia esencial entre la filosofía que inventaron los griegos y la fotografía. Podemos definir aquélla como una fotografía sin fotos (pero no sin mirada), y a ésta como una filosofía sin voz (pero no sin escritura).” (Thélot, p. 47)

Podemos entonces afirmar que la fotografía existe mucho antes del aparato fotográfico y su objetualización; pero la fotografía es mucho más que eso. La fotografía es griega, y es griega como filosofía, puesto que filosofar parte de sacar a la luz, parte de que los fenómenos de la physis no pueden ser más que visibles, visibilidades, nada puede dejarse ver sin aparecer, y lo que no es no tiene ser. Y precisamente en los orígenes de la filosofía griega ocupan un lugar fundamental las preguntas acerca del ver, del aparecer, del manifestar del mundo.

Fotografía como fenomenología del mundo

Antes de entrar en materia fotográfica demos un repaso a consideraciones fenomenológicas. En filosofía la fenomenología trata principalmente de la doctrina de las apariencias, y en la actualidad alude al método inaugurado por Husserl, el cual define la fenomenología como “un retorno a las cosas mismas”, proponiendo describir los fenómenos tal y como estos se dan para aprehender su esencia pura, su idea: “El procedimiento fenomenológico exige por lo tanto una reducción eidética previa … toda teoría es puesta entre paréntesis, a fin de que el fenómeno emerja en sus datos originarios.” (Boni et al., 1992, p. 461)

Husserl pretende ir más allá del positivismo estricto de la época el cual considera opuestos el mundo de la vida y el mundo de la ciencia. En ese momento la importancia de las ciencias positivistas era tal que el mundo de la vida estaba considerado una sucesión de hechos desconectados y con poco sentido, haciendo también por lo tanto peligrar al propio estatuto del ser humano.

Husserl, en definitiva, se propone superar la excesiva racionalidad del objetivismo científico, sin renunciar en absoluto a un cierto ideal de cientificidad para la filosofía, aunque no entendido estrictamente al modo de la ciencia. “El mundo es la base y el fundamento de toda experiencia y de la vida misma…” (Vidarte y Rampérez, 2005, p. 58).Se trata básicamente de dejar hablar a las cosas, eliminar todo prejuicio y permitir que el mundo se manifieste y sea comprensible en sus fenómenos.

Esta atención hacia lo fenoménico del mundo y su carácter experiencial y vivencial, ha resultado clave para muchos autores que han visto en el análisis fenomenológico del medio fotográfico una de las mejores aproximaciones a su esencia. Nicanor Ursua hace alusión a esta reconsideración fenomenológica de la fotografía al decir que:

La imagen, por su parte, ofrece según Buck-Mors, una evidencia, una “evidencia impactante” fenomenológicamente hablando y como tal “se toma, se captura”. “Una imagen recoge —según nuestra autora— la película emanada de la faz del mundo y la muestra como algo significativo”. A la imagen visual como película emanada de los objetos, se le reconoce su propio estatus, así como su propia presencia material, proporciona el marco para las ideas, es mediadora entre cosas y pensamiento y es, en definitiva, “productora de una nueva realidad.” (Ursua, N., 2009, p.226).

Pero será Thélot quien se adentra como nadie en el análisis fenomenológico de la fotografía. Y en esta dirección la clave se encuentra en remontarse lo más lejos posible, hacia la posibilidad, el origen del fenómeno, no hacia lo que lo constituye como químico, físico u óptico, ni tampoco hacia las condiciones históricas que se desarrollaron en un determinado momento y lugar, sino hacia el origen mismo de su esencia, de su aparecer, hacia “el lugar donde su condición se hace posible, porque fotografía designa, precisamente, un modo de aparición,… llamando como tal a una fenomenología.” (Thélot, p. 36)

Y de nuevo hemos de volver a la etimología, la fotografía como escritura de luz, ella misma se designa a sí misma como lo que es, como su forma de aparición, como un fenómeno en el sentido más puro del término: aparecer, dejarse ver, manifestarse. Pero a su vez la fotografía designa al mundo, “La fotografía revela el mundo, y es en su sentido ontológico que esta proposición se entiende” (Thélot, p. 40); así pues no sólo se trata de mostrar un mundo, las imágenes de un mundo a través de su grafía de luz, sino que en su propia razón de ser se encuentra revelada a sí misma, la luz engendra y autoengendra, engendra una imagen del mundo pero revela también cómo se genera a sí misma, su propia condición de ser.

Ontológico es pues su poder de revelación… La aparición de la luz a lo cual es dado el nombre de fotografía, tal y como la luz autoengendra y diferenciándose sólo allí de ella misma, esta forma de aparecer da a ver no sólo las imágenes llamadas fotos, sino el medio de visibilización el cual, en tanto que aparece, constituye el rasgo esencial de su posibilidad como estructura de todo aparecer mundano […] (Thélot, p. 40).

Y es por eso mismo que fotografía es ya filosofía, fotografía es ontología y es fenomenología del mundo que representa a través de un representarse a sí misma:

Fotografía, fenómeno del mundo, fenomenología del mundo. Porque eso es el mundo, la condición originaria de toda visualización, la esencia de la luz. La fotografía es fenomenología en su totalidad: no sólo es un aparecer, sino que aparece ella misma y el mundo se hace ver allí como tal, como la diferencia de la luz consigo mismo, así ella muestra lo esencial, a lo cual son debidos los fenómenos mundanos (Thélot, p. 40).

Luz como razón de ser de la fotografía, pero también luz como razón de ser de visibilidad del mundo, de la manifestación fenoménica de la realidad, como razón de las apariencias.

Fotografía como redundancia

La fotografía es redundante, porque define tanto un objeto como su condición de posibilidad, es simultáneamente lo que es y también lo que la hace ser. La palabra fotografía define un objeto y un modo de aparición a la vez; su propia ontología, su condición de posibilidad, y su objetualidad, se encuentran todas contenidas en su definición.

Escribiéndose, haciéndose grafismo, la luz engendra una imagen de ella misma, una foto, que es diferente de ella. Fijándose como su propia imagen, la luz llega hasta allí como otra cosa que sí misma. Fotografía quiere decir luz que escribe, y es ella misma la que se escribe, se aleja de sí para ser escritura, se distingue de sí misma en imagen, se fija, se hace su escritura donde no está ella misma (Thélot, pp. 42-43).

El mundo se exhibe en cada fotografía, y exhibiendo el mundo es como se exhibe a sí misma:

[…] objetivando lo objetivable, filosofando pues como los filósofos griegos, es por consiguiente un saber, el mismo saber que la filosofía instituyó, saber mundano del mundo entendido como luz, o,… saber luminoso (teórico) de la luz entendida como mundo. La redundancia como el saber, este saber como la filosofía de la fotografía, y esta filosofía finalmente como la ciencia universal de lo visible […] (Thélot, pp. 49-50).

Conclusiones

Hasta este momento todo nos lleva hacia una circularidad centrada en el aparecer, porque, como concluye Thélot, la fotografía es en esencia una fenomenología de sí misma, todo en ella nos remite una y otra vez a conceptos ligados con el aparecer, el desvelar, el revelar, el fenómeno manifestado por sí mismo… La imagen fotográfica se convierte, por tanto, en un mecanismo de análisis autosuficiente, sustentado en su propio proceso de autogeneración.

Referencias

BONI, Lamberto et. al. (1992), Enciclopedia de la Filosofía, Barcelona, Ediciones B.

THÉLOT, Jérôme (2009), Critique de la raison photographique, St-Just-La-Pendue, Les Belles Lettres.

USUA, Nicanor (2009), “El mundo como imagen. Visualización y conocimiento racional” en Racionalidad, Visión, Imagen, Iñaki Cebeiro, Javier Aguirre y Oscar González Gilmás (Eds.) Madrid, Plaza y Valdés.

VIDARTE, Francisco Javier y RAMPÉREZ, José Fernando (2005), Filosofías del siglo XX, Madrid, Síntesis.

Cómo citar:
MARTÍNEZ ZAMORA, Mª Eulalia, “Apuntes para una filosofía de la fotografía (II)”, LUR, 12 de abril de 2019, https://e-lur.net/investigacion/apuntes-para-una-filosofia-de-la-fotografia-2


 

Mª Eulalia Martínez Zamora (Badajoz, España, 1969) es profesora de Estética e Historia del Arte en la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura. Ha publicado numerosos artículos y estudios centrados en el medio fotográfico. Actualmente se encuentra realizando una tesis doctoral sobre Filosofía de la Fotografía.


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