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Extrañamente familiar: bellas y raras imágenes domésticas siguiente

Nerea Arrojería

La calle en los meses de confinamiento mutó en un lugar inhóspito, un destino a evitar. Confinados lo doméstico eclipsa la pulsión del acto fotográfico, ya sea como escenario que acoge y sitúa la representación o como sujeto en sí mismo. Con total probabilidad se han producido y consumido más fotografías de lo habitual: de forma más o menos consciente se han realizado tomas para testimoniar la excepcionalidad de lo vivido, para acortar las distancias con aquel o aquella que solo nos ve y vemos mediante la imagen digital. Asimismo están los motivos livianos pero de indudable eficacia: el ‘por puro aburrimiento’ y ‘por pura diversión’. Consumimos todavía con más anhelo y repetición las imágenes de aquellos que ya no están, para postergar la ausencia, o aquellas que por su ingenio arrancan la carcajada. Muchas de ellas perecerán, sin pena alguna serán desechadas u olvidadas desafiando los viejos preceptos que brindan a la imagen de una relativa eternidad.…

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