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Libres de espacio libre, en la cuerda floja siguiente

Edurne González Ibáñez

La industria del new space plantea el espacio como un ámbito no solo de exploración y conocimiento, sino que también lo convierte en un negocio de alta rentabilidad tecno-económica. Desde los inicios de la carrera espacial dominada por las grandes potencias mundiales —vinculada al desarrollo militar y armamentístico—, a la proliferación de empresas que destinan sus estrategias de negocio a ofrecer servicios de costos cada vez menores, nos situamos ante diversas problemáticas acerca de la sostenibilidad de estas tecnologías y se abren interrogantes éticas que continúan poniendo en cuestión la idea de progreso en el mundo contemporáneo.

Entre algunas de las tendencias de este mercado, los satélites-paloma están teniendo cada vez mayor presencia. Se trata de pequeños objetos que bajo un estándar en forma de cubo de 10x10x10 cm. y con menos de un kilogramo de peso, se pueden combinar entre sí formando estructuras más grandes y complejas. Se lanzan en órbitas bajas circulares a unos quinientos kilómetros de altura y viajan a una velocidad de 8 km/s, de esta forma pueden completar una vuelta a la Tierra en aproximadamente noventa minutos.

Desde que en 1957 se consiguiera situar el primer objeto artificial alrededor de la Tierra, el Sputnik, se han lanzado miles de estos aparatos. Según la UNOOSA[^1] más de ocho mil objetos ocupan nuestro espacio exterior circundante y en los próximos años el número se multiplicará progresivamente. A precios asequibles, universidades, empresas e incluso particulares tienen la posibilidad de lanzar un satélite-paloma que contiene todo lo necesario para poner en órbita proyectos de investigación: desde el estudio del crecimiento de plantas en tan peculiares condiciones al perfeccionamiento de las telecomunicaciones, los sistemas de geolocalización y el monitoreo de señale, pasando por cámaras y sensores capaces de registrar y enviar datos sobre la superficie de la Tierra y de nuestros movimientos con total precisión.

La práctica artística se presenta como un medio desde el que repensar y visualizar algunas de estas cuestiones que, desde las herramientas teóricas que nos proporciona el Chthuluceno[^2] de Donna J. Haraway, nos permiten plantear espacios de fricción visual y conexiones conceptuales desde las que proyectar qué pensamientos piensan pensamientos a partir de encuentros que dan lugar a mundos inesperados.

Desde esta perspectiva, en el proyecto de creación multidisciplinar Libres de espacio libre / en la cuerda floja[^3] se plantean algunas relaciones de parentesco[^4] entendidas como estructuras híbridas y flexibles, que no conocen de género ni especie y que no se ciñen a coordenadas temporales ni espaciales concretas, para establecer vínculos mutables que dibujan sinapsis variables, tal vez de forma fugaz, entre seres e historia(s). Sondearlas, reelaborarlas, contarlas y proponer otros diálogos improbables es una tarea que podríamos considerar común. Desde los inputs conceptuales que dan forma a este proyecto de creación, planteamos en estas líneas una lectura cruzada por tres águilas que sobrevuelan acontecimientos, experiencias, ideas y reflexiones sobre cómo (nos) vemos desde fuera, desde una perspectiva que solo podemos experimentar a través de imágenes.

Para ello, proponemos el despegue de tres sondas que en este texto se alinean como puntos de una misma trayectoria, dando lugar a un lanzamiento que apela a nuestra responsabilidad de poner en cuestión algunos fenómenos contemporáneos vinculados a la observación de la Tierra.

[^1] Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior con sede en Viena, Austria.
[^2] La noción de Chthuluceno que plantea Haraway se activa como alternativa de escape e interpretación alejada de los dictados del Antropoceno y el Capitaloceno, para cuestionar y reconfigurar nuestro pensamiento. Plantea la simpoiesis, es decir, hacer con, en vez de la autopoiesis o autocreación, en sus planteamientos genera vínculos a partir de la metáfora figuras de cuerdas conectando hechos científicos, prácticas artísticas, ciencia ficción, feminismo especulativo, etc, como tentáculos móviles desde los que atender las problemáticas del presente.
[^3] Libres de espacio libre / en la cuerda floja es un proyecto artístico de carácter multidisciplinar realizado por Edurne González Ibáñez y subvencionado por el Área de Cultura del Gobierno Vasco en la convocatoria de Artes Plásticas y Visuales de 2019. Su materialización se concreta en dos producciones audiovisuales, dos textos y dos fotoensayos que configuran una matriz instalativa para su exhibición.
[^4] Las relaciones de parentesco que propone D. Haraway forman parte de una metodología de trabajo para configurar conexiones muy diversas, ampliando la idea de pariente para superar los vínculos genealógicos y dibujar “lazos con”. De este modo, genera relaciones conscientes que hacen visibles vinculaciones imposibles.

[espacio libre]

Edurne González Ibáñez
Fotoensayo BaviC (Bilbao-Cazorla)
Vistas parciales de los cielos observados entre los días 19 y 23 de febrero de 2020 junto a la gráfica de los movimientos realizados para su captura.

—¿Cómo se amansa a las águilas? —le pregunto.

Al principio, hay que capturarla, cosa no difícil. Para ello, se coloca una red con una paloma o una liebre. Sólo hay que saltar a tiempo del escondrijo para atar al águila rápidamente. Tres o cuatro semanas bastan para amansar al ave. ¡Pero qué duras son para ella! Inmediatamente después de atraparla, se le pone sobre la cabeza un capuchón de cuero: es como si el mundo desapareciera para el águila. Mas, lo fundamental en el proceso es que ella está acostumbrada a sentir la roca bajo sus garras, y aquí la posan sobre una cuerda floja. Todas las energías se le van agotando simplemente en los intentos de mantener el equilibrio para no caerse. Pero, de tiempo en tiempo, el cazador se acerca y acaricia al ave exhausta, le quita el capuchón para que pueda ver a su salvador, […] le da un trocito de carne en su mano extendida cubierta por ese guante resistente. El águila, queriendo alcanzar la carne, se posa en la mano. Pero luego le vuelven a poner el capuchón: de nuevo la oscuridad y la cuerda floja. También se repiten el rostro y la mano del ‘salvador’. Así, en el término de tres-cuatro semanas […] para el águila no hay nada más querido que ese rostro y esa mano enguantada, firme y segura. El ave está pronta para servir al cazador.

El fragmento anterior pertenece a un artículo titulado “El viejo y el águila” publicado en noviembre de 1979 en la revista Sputnik, selecciones de la prensa soviética. En el texto Vasili Peskov narra el vínculo que Abliakim Santakúlov, un kazajo de 84 años, tenía con estas rapaces. Abliakim se dedicó desde muy joven a la caza con águilas, antes de conocer la escopeta y de ser francotirador en la II Guerra mundial (1941-45). A lo largo de su vida convivió con nueve de estos ejemplares y de sus palabras inferimos que el respeto hacia ellos se diluye con el ejercicio de dominio que posibilita la ‘cooperación’ entre ambos. A través de las habilidades del ave, el cazador consigue su presa. Para ello, no necesita controlar la mirada aguda del águila; sometiendo su voluntad, el viejo Abliakim dirige hacia dónde se enfocarán los ojos y las garras del águila, aparentemente, libres de toda atadura.

El fotoensayo BaviC[^5] se plantea como una acción en la que se recorre durante cinco etapas el camino de ida y vuelta entre dos puntos geográficos, Bilbao y Cazorla (España), invirtiendo la noción de ortotenia[^6] y convirtiéndonos en objeto a rastrear en la Tierra. Durante el trayecto un dispositivo GPS recopila datos sobre la posición, la velocidad de movimiento, así como los descansos realizados. La emisión constante de señales establece un vínculo ‘invisible’ con los satélites encargados del seguimiento que devuelven en forma gráfica la información recibida. En cada fase se capturan fotografías del cielo desde cada punto de la ruta, durante todas las jornadas en todos los lugares el firmamento se presentó totalmente claro y con una temperatura muy superior a lo habitual para esas fechas invernales.

En los días despejados la caza para las águilas se vuelve más compleja, pueden ser descubiertas con mayor facilidad. Como sucede con las noches sin nubes en las que, a pesar de la contaminación lumínica, cada vez resulta más sencillo avistar las luces en movimiento que pertenecen a cuerpos no-celestes debido a su proliferación. Durante la pandemia del COVID-19 la última constelación de satélites-paloma Starlink surcaba el cielo ante la mirada atónita de los que observaban la bóveda celeste nocturna. El proyecto de la empresa SpaceX de Elon Musk, que ya cuenta con 480 satélites en órbita, pretende llegar a las 42.000 unidades con el objetivo de proporcionar un servicio de Internet de banda ancha, con baja latencia y cobertura mundial a bajo costo. La red de redes parece un servicio esencial y ‘global’ del que no podemos prescindir, estar conectados —que no en conjunción—, condiciona cada una de nuestras actividades cotidianas. Tener buena cobertura implica estar en exposición constante a las ondas electromagnéticas, indetectables para nuestra visión pero omnipresentes, que llevan tiempo anunciando la llegada de nuevos problemas como el electrosmog.[^7]

Estar dispuestas a seguir geolocalizados enfatiza la tendencia que tenemos a consolidar nuestro proceso de domesticación. Las cronologías del desplazamiento que son recogidas por los artefactos que recorren el contorno del planeta acumulan y alimentan bases de datos que no son inmateriales, necesitan consumo de energía, lugares de almacenamiento y potentes herramientas de interpretación. Los datos se han convertido en materia prima y nos convierten a la vez en suministradores y clientes.

¿Qué sucedería si consensuamos dejar de emitir, si detenemos la actividad de nuestros dispositivos tecnológicos, si bloqueamos los sensores de nuestros teléfonos, si dejamos de ‘compartir’ información? O si, por el contrario, ¿nos sumamos al atasco virtual y saturamos hasta el colapso los sistemas de recogida de datos?

[^5] El fotoensayo BaviC forma parte del proyecto Libres de espacio libre / en la cuerda floja.
[^6] Aimé Michel, investigador y ufólogo francés, denominó ‘ortotenia’ a los patrones en línea recta que describían los avistamientos en el cielo recogidos durante los años cincuenta en Francia. En el fotoensayo BaviC, los puntos del trayecto se convierten en ‘avistamientos’en la Tierra rastreados y recopilados por satélite.
[^7] Electrosmog, contaminación eléctrica y magnética artificial presente en diferentes materiales, así como en el aire, el agua y la tierra que puede afectar al desarrollo de los organismos.

[post-futuro]

Fotoensayo BaviC (Bilbao-Cazorla)
Catalogación de nubes junto a las primeras imágenes de la Tierra capturas por un ser humano en órbita terrestre.

La biografía del cosmonauta ruso Guerman Stepánovich Titov lleva por título Soy águila. Bajo ese nombre en clave, el 6 de agosto de 1961 se convirtió en la segunda persona en orbitar la Tierra, después de Yuri Gagarin, logrando completar diecisiete vueltas al planeta durante veinticinco horas a bordo de la Vostok-2. Uno de los propósitos de aquella misión consistió en estudiar la eficiencia humana durante una estancia prolongada en un entorno de ingravidez y los efectos que ésta produce sobre el cuerpo. Esto le llevó a experimentar el ahora conocido mal del espacio, ocasionándole fuertes mareos y desorientación. A pesar de ello, consiguió realizar varias comidas y dormir durante casi ocho horas.

Otro de los objetivos fue registrar aquella experiencia llevando una cámara de cine Konvas Avtomat con la que filmó el exterior. Esas son las primeras imágenes realizadas por un ser humano que tenemos del planeta desde fuera de la Tierra. El dispositivo capturó el espacio libre que se abría frente al cosmonauta convirtiendo la experiencia en imagen. Pero no todas las instantáneas han devenido icónicas, las primeras fueron obtenidas por una cámara instalada en un misil balístico en 1947 y podríamos decir que no existenen nuestro imaginario colectivo. La que pasó a la historia fue la capturada por el astronauta estadounidense William Anders en 1966 y se conoce bajo el título La salida de la Tierra, donde se puede ver en color el globo terráqueo lejano desde la órbita lunar.

Durante el recorrido de BaviC, los cielos rasos se interrumpieron por las imágenes contenidas en una catalogación de la tipología de nubes[^8] que podemos encontrar en diferentes altitudes. Desde nuestra posición habitual se nos escapan las panorámicas que ofrecen las alturas, del mismo modo en el que nos resulta imposible capturar imágenes de la Tierra desde fuera de ella. Su confrontación nos habla de puntos de vista y capacidades tecnológicas privilegiadas que configuran nuestro imaginario, retomando la idea de cómo la fotografía sigue constituyendo un sistema de (re)conocimiento desde el que poder visualizar e identificar ciertos fenómenos a los que no tenemos acceso físico. Para suplir esa y otras limitaciones, se han ideado sistemas rentables que cubren la falta de visión generalizada e implantan en nuestra retina visiones en diferido que aceptamos e identificamos como propias.

El cielo, espacio libre, se convierte en un terreno que no se libra de la especulación, y el excesivo tráfico espacial comienza a convertirse en un problema de dimensiones considerables. El proyecto Stuffinspace realizado por James Yoder recopila información procedente del Space Track del Departamento de Defensa de EE.UU. y permite visualizar distintas misiones y las trayectorias de los objetos implicados: los círculos rojos corresponden a satélites, los azules son restos de cohetes y los grises representan la chatarra cósmica, contabilizando más de 150.000 objetos, algunos operativos y otros simplemente convertidos en desechos.

Titov se convirtió en águila adiestrada para llevar a cabo una misión, tras superar meses de entrenamiento en la cuerda floja, y fue participante activo del programa espacial Vostok. Sin embargo, su nombre no trascendió como el de Gagarin y sus imágenes tampoco fueron insertadas en nuestra memoria colectiva. Cabe recordar lo que Didi-Huberman nos planteaba al decir que las imágenes que nos llegan albergan a todas aquellas que han desaparecido o han sido desaparecidas.

Sesenta años después y desde la misma órbita que Titov describió diecisiete veces, dieciséis más que Gagarin, se registran millones de capturas que nos han situado en el papel de la presa, cazada y convertida en imagen. Poco podemos hacer para no ser vistos, como diría Hito Steyerl. Las tecnologías de observación no solo (re)transmiten información, sino que identifican y clasifican, ¿podría la invisibilidad hacernos libres o deberíamos concentrarnos en apuntar y hacer visibles los sistemas que nos vigilan?

[^8] Documento gráfico expuesto en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica de Madrid.

 [colapso] 

Fotoensayo BaviC (Bilbao-Cazorla)
Réplica de águila real realizada por Mari Paz Cuesta.

Mari Paz Cuesta es una artista de Cazorla, (Jaén, España). Ha dedicado años a crear reproducciones rigurosas de distintas especies animales que pueden visitarse en el Aula de la Naturaleza de Cazorla. Su trabajo deriva de una fuerte pasión por el entorno donde vive: la sierra y su diversidad. Manifiesta un apego especial hacia el águila real, por su carácter noble, por su temple y fortaleza; lo define como uno de los animales más potentes y bellos que habitan la serranía, siendo las últimas guardianas de las cumbres recónditas que hay en aquellos parajes.

Tienes que acercarte al animal, cómo se mueve, cómo es, qué diferencias puede haber entre el macho y la hembra, qué diferencia existe en las tonalidades del plumaje dependiendo si es invierno o es verano, además de tener en cuenta las medidas biométricas, cuestión que a veces resulta muy difícil obtener. Cualquier cosa que te puedas encontrar en el campo, un hueso, una uña, un cráneo, es oro en paño, le tomo medidas. Una vez que dispones de ese material, que te has acercado, que casi quieres sentir, quieres percibir desde su punto de vista, realizo una figura de forma tradicional en arcilla de la que después hago un molde y lo positivo en fibra de vidrio. Una cosa por la que he apostado siempre es no utilizar nada orgánico, obtener una pieza, pero exenta de cualquier parte orgánica […] que salga desde cero. Por un lado, me gusta apostar por la conservación de las especies que empiezan a mermar de una forma alarmante pero, por otro, me entristece que al final quede un testigo que, aunque es bonito, es falso.[^9]

[^9] Cuesta, Mari Paz. Fragmento del diálogo realizado en febrero de 2020 en la Sierra de Cazorla.

Uno de los ejes de investigación de BaviC consistía en conocer y documentar el proceso de trabajo que despliega Mari Paz Cuesta cuando realiza reproducciones de animales. Una réplica permite establecer una aproximación a algo que, de otra forma, no podríamos escudriñar de cerca. Es interesante su mirada en relación a las especies de su entorno en el contexto de un planeta malherido en el que seguimos creciendo y expandiéndonos más allá de nuestros límites físicos, sin tomar demasiado en serio las consecuencias e implicaciones de esa forma de actuar. Su metodología no implica domesticación alguna, persigue cultivar el desapego por controlarlo todo, se rige por su observación cuidadosa y respeto profundo.

Así, las reproducciones funcionan como imágenes que mutan, un tipo de registro que termina por superar su condición de ‘copia’ para ocupar un espacio otro. De esta manera, podríamos decir que construyen un imaginario inestable, donde el conjunto de especies inanimadas emite un reflejo de la realidad que se desintegra y se recompone. Entonces, ¿qué conocimiento nos aporta esta forma de imagen desplazada?, ¿qué sentido tendría la observación de la Tierra si fuera un escenario donde todos sus protagonistas han sido sustituidos por dobles inmóviles e inertes?

Los satélites-paloma no son aves, pero podemos entenderlos como extensiones de un cuerpo biónico que persigue la superación de las limitaciones humanas, tratando de inmiscuirse en espacios que físicamente le fueron restringidos. Volviendo a la Tierra nos hemos encontrado con relaciones similares: el águila de un cetrero que le permite cazar de una forma impensable para las capacidades del ser humano; el cosmonauta-águila por haber podido capturar imágenes teniendo un punto de vista inaccesible; o la artista que replica un águila para poder conservarla como un vestigio silente de una especie que está siendo aniquilada y de la que pronto, tal vez, solo nos quedarán reproducciones. Estas tres metáforas atemporales que se conjugan en un encuentro improbable pertenecen a una distopía donde el espacio libre se convierte en una suerte de postfuturo que, a pesar de no haber tenido lugar, se vuelve colapso programado para interpelar al conjunto de automatismos tecno-económicos del progreso que nos van acorralando en una apatía permanente, fruto de la parálisis absoluta que modela nuestras decisiones.

El espacio libre se le abre al águila cada vez que la sueltan. La mano la empuja hacia los espacios. Puede irse en cualquier dirección sin que nadie pueda alcanzarla. ¡Pero no! […]

—El águila no sabe que está prisionera —dice Abliakim. Puede volar, pero yo la llamo y regresa.[^10]

[^10] Peskov, Vasili. Fragmento del artículo “El viejo y el águila”, del diario Komsomolskaya Pravda, Sputnik, nº 11, 1979.

Referencias

Didi-Huberman, Georges (2004), Imágenes pese a todo. Memorial visual del Holocausto, Paidós, Barcelona.

Haraway, Donna J. (2016), Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno, Consonni, Bilbao, 2019.

Martín Prada, Juan (2008), El ver y las imágenes en el tiempo de Internet, Akal, Madrid.

Ptqk, María (2019), Especies del Chthuluceno. Panorama de prácticas para un planeta herido, Sycorax. Bilbao.

Peskov, Vasili (1979), “El viejo y el águila”, del diario Komsomolskaya Pravda, Sputnik, nº 11.

Steyerl, Hito (2012), Los condenados de la pantalla, Caja Negra, Buenos Aires, 2014.

Cómo citar:
GONZÁLEZ IBÁÑEZ, Edurne, “Libres de espacio libre, en la cuerda floja”, LUR, 1 de septiembre de 2020, https://e-lur.net/investigacion/libres-de-espacio-libre-en-la-cuerda-floja/


Edurne González Ibáñez (Sestao, País Vasco, 1980). Artista, docente e investigadora del departamento de Arte y Tecnología de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco, UPV/EHU. Forma parte del grupo consolidado de investigación AKMEKA Artea, Kultura eta Media, IT1278-19. Sus líneas de investigación abordan desde la teoría y la praxis, la producción, la circulación y el significado de las imágenes en la cultura visual contemporánea marcada por la sobreproducción y el hiperconsumo.