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Signos de la voluntad de los indígenas en la fotografía antropológica del siglo XIX en Argentina

Ashley Kerr

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Hasta el momento, se ha estudiado la fotografía antropológica en la Argentina decimonónica como parte de un proyecto colonizador del Estado, para cuyo fin la relación entre el fotógrafo (y espectador) blanco y el indígena fotografiado era la del sujeto del conocimiento con respecto al objeto estudiado. En esta relación, el fotógrafo representaba la nación moderna, y el indígena, un elemento fuera de lugar y fuera del tiempo. Este enfoque crítico ha sido fructífero, pero por lo general nos ha llevado a entender la interacción de los indígenas argentinos con la cámara como una experiencia homogénea en la que todos sufrían exactamente las mismas condiciones de victimización. No obstante, si prestamos atención a los otros elementos sociales que se imprimieron en las imágenes antropológicas de las últimas décadas del siglo XIX, resulta claro que los indígenas argentinos tuvieron una variedad de encuentros con la ciencia. Todos sufrieron la violencia racial del proyecto científico-colonizador, pero algunos pudieron usar su posición social y/o su género para mitigar un poco sus efectos. 

En las últimas décadas del siglo XIX, antropólogos armados con la nueva tecnología fotográfica recorrieron el mundo fotografiando comunidades nativas. Argentina no fue una excepción. Antropólogos como Francisco P. Moreno y Estanislao Zeballos llevaban equipos fotográficos en sus expediciones, y la Sociedad Científica Argentina organizaba un concurso fotográfico anual (Penhos, 2005, p. 22). Como en otros contextos coloniales, en el caso de Argentina la fotografía de uso científico contribuyó a la construcción de jerarquías raciales y a la imposición de una hegemonía político-cultural blanca. En particular, sirvió para respaldar la ideología de la llamada Conquista del Desierto, una expedición militar liderada por el General Julio A. Roca, bajo cuyo mando miles de indígenas de las provincias del sur fueron encarcelados o asesinados. En esta campaña, el ejército argentino llevaba a los indígenas reducidos a Buenos Aires, donde eran recluidos en barracas militares o en pabellones que se han comparado con los campos de concentración, para en muchos casos servir como mano de obra en plantaciones de azúcar, en casas privadas o a las fuerzas armadas.

Este proceso también favoreció el desarrollo de la ciencia racial. Inacayal y Foyel, dos caciques tehuelches, y Shaihueque, un cacique manzanero, habían conocido en 1875 a Francisco Pascasio Moreno, científico y futuro fundador del Museo de La Plata (La Plata, Argentina), cuando éste recorría la Patagonia con la intención de explorar el territorio y nacionalizar a sus pobladores. De manera que, cuando diez años más tarde los tres caciques y sus familias fueron llevados a Buenos Aires, buscaron la manera de ponerse en contacto con “su amigo” Pascasio Moreno para que los ayudara a resolver la situación. Shaihueque tenía más poder en su Patagonia nativa que Inacayal y Foyel, y por lo tanto pudo salir de las barracas e ir directamente a la casa de Moreno, quien “les hizo ver que esto era momentáneo y que tan pronto como llegara el Presidente se arreglaría esto de modo que ellos quedarían contentos” (Curruhuinca y Roux, 1994, p. 115). Luego Shaihueque habló con el ministro de Guerra y el mismísimo Presidente de la República, y después de cinco semanas pudo regresar a la Patagonia. En cambio, Moreno tuvo que ir a visitar a Inacayal y Foyel a las barracas y lamentó públicamente las malas condiciones en que habían sido alojados. El grupo vivió casi un año como prisionero del Estado hasta que Moreno llevó a algunos a vivir a su museo.[^1] Al menos cuatro indígenas, incluyendo al cacique Inacayal, murieron allí, mientras otros regresaron a la Patagonia después de dos o tres años. Durante este período, Moreno aprovechó para estudiar a los indígenas y contrató al reconocido fotógrafo británico-argentino Samuel Boote para que los retratara. También había encargado algunas imágenes del grupo de Shaihueque antes de su partida. El resultado de estas labores ha sido 81 negativos en placas de vidrio y 12 albúminas montadas sobre placas de cartón que hoy están en el archivo fotográfico del Museo de La Plata.[^2]

[^1] Los motivos de Moreno son confusos. Por una parte, hablaba de los caciques y sus familias como sus amigos, y decía estar motivado por un sentimiento humanitario. Por otra parte, los llevó a vivir en su museo y los estudió y fotografió en lugar de buscar la forma de asegurar su pronta vuelta a la Patagonia. 
[^2] Las imágenes han sido digitalizadas a través del Endangered Archives Programme de la British Library. 

Se han estudiado las imágenes que Moreno encargó como ejemplos de fotografía de tipos raciales, entendida como aquella en la que cada individuo es un representante de la raza a la que (supuestamente) pertenece. Sin embargo, hay importantes diferencias entre la composición de las imágenes de los dos grupos, y se corresponden al prestigio relativo de sus sujetos. Apodado El Rey de La Pampa por el diario El Nacional, Shaihueque todavía tenía cierto poder cuando llegó a Buenos Aires; Moreno lo recibió con deferencia, pudo hablar con el Presidente y regresó pronto a su territorio. Aunque se han conservado algunos pares de imágenes de frente y de perfil entre las de Shaihueque y su grupo que se parecen más a la fotografía burguesa de la época que a la de tipos raciales, no hay un fondo neutro y se ve claramente la silla en la que están sentados. Además, todas las imágenes asociadas con este grupo tienen leyendas que aportan el nombre propio y la etnia de la persona retratada, y a veces proporcionan información sobre su posición en la tribu (cacique o lenguaraz) o sobre sus parientes (hijo de, hermana de), preservando su individualidad. Al final, sus complejas relaciones con el Gobierno argentino y la fascinación que las élites criollas sentían hacia su figura hacían difícil que Shaihueque y su grupo se transformaran en abstracciones raciales a través de la fotografía.

Aunque Moreno también los consideraba “sus amigos”, Inacayal y Foyel no tenían el mismo prestigio que tenía Shaihueque, y las imágenes que Moreno encargó de su grupo cumplen más obviamente con los requisitos de la fotografía de tipos raciales. En ellas se puede observar siempre la sábana blanca que se usaba como fondo neutro. Además, la silla en la que aparecen sentados está frecuentemente oculta detrás de los sujetos, minimizando así las potenciales interferencias en el contenido de las imágenes. Hay varias fotos de cada individuo, tomadas desde ángulos distintos. Esta forma de operar era la acostumbrada en este tipo de muestreo fotográfico, pues se trataba, ante todo, de ilustrar las características físicas de las personas fotografiadas, de manera que el espectador pudiera rápidamente identificar su raza.[^3] Muchas de las imágenes, particularmente las de hombres y mujeres sin parentesco con los caciques, llevan la simple etiqueta de “hombre tehuelche” o “muchacha araucana”, eliminando así cualquier otro rasgo que los alejara de ser puras abstracciones clasificatorias.

[^3] Las imágenes no llegan a cumplir totalmente con las recomendaciones para la fotografía de tipos raciales. A pesar del uso de una sábana blanca, la composición es tal que en casi todas las imágenes se ve el borde entre la sábana y la pared, además de otras figuras humanas, rompiendo con la ilusión de un fondo neutro. 

Una prueba visual de los distintos niveles de prestigio que tenían los dos grupos en sus negociaciones con el fotógrafo se encuentra en la ropa que visten. Para los antropólogos decimonónicos, la desnudez era la condición ideal para la fotografía, porque permitía una mejor comprensión de la fisiología del sujeto y, por lo tanto, de su carácter racial. Pero también era más invasiva e iba en contra de las prácticas corporales de los tehuelches y mapuches (Butto, 2018, p. 33). En las imágenes que encargó Moreno, al menos seis de los hombres de Inacayal y Foyel, incluyendo al mismo cacique Foyel, se retratan sin camisa. En cambio, en el grupo de Shaihueque, todos visten ropa criolla de buena calidad. Como observó un escritor del diario El Nacional en marzo de 1885, cuando llegaron a Buenos Aires, los miembros del grupo de Shaihueque “vestían más o menos como paisanos bien acomodados: bombacha o chiripá, saco y bota alta, todo de buena clase” (Curruhuinca y Roux, 1994, p. 123); así aparecen en las imágenes. Es muy probable que la posición de más autoridad de Shaihueque permitiera a sus hombres posar con camisa, mientras Inacayal y Foyel, más precisamente prisioneros, no tuvieron otro remedio que acatar a las órdenes y posar como se les pedía que lo hicieran.

Fotografía y antropología
Fotografía y antropología

Las imágenes de las mujeres visibilizan esta dinámica de una manera mucho más contundente. La única mujer del grupo de Shaihueque es retratada completamente vestida, con joyería y un peinado complejo. En contraste, en el grupo de Inacayal y Foyel son las mujeres las que se someten a la fotografía más invasiva, siendo retratadas con sus capas retiradas, los senos expuestos a la cámara y con expresiones que demuestran su incomodidad. La discriminación por género venía acompañada de la discriminación por clase social. Así, las esposas y varias hijas de los dos caciques aparecen completamente vestidas; son las mujeres más pobres y sin identificar las que tienen que desnudarse. Aunque el grupo no pudo negarse a ser fotografiado, parece que los caciques Foyel e Inacayal sí pudieron negociar quiénes tendrían que someterse a la fotografía más intrusiva, protegiendo así a sus familias y manteniendo los mismos patrones de control y poder que ejercían en sus tolderías (campamentos).

Fotografía y antropología
Fotografía y antropología

La comparación de las imágenes que Moreno encargó del grupo de Shaihueque y del grupo de Inacayal y Foyel demuestra que, aunque todos los indígenas fueron víctimas de un proceso genocida que los deshumanizó e intentó echarlos de la nación moderna, tuvieron diferentes experiencias frente a la fotografía de uso científico. Aunque no podemos probar cómo se tomaron las decisiones de composición, otros casos de Argentina y Estados Unidos demuestran que la fotografía antropológica siempre fue una negociación entre el fotógrafo blanco y el sujeto indígena. Los indígenas no pudieron cambiar el resultado del encuentro criollo-indígena, pero algunos sí pudieron intentar acomodar las condiciones a sus propias necesidades y de acuerdo con sus propios patrones sociales. En los casos estudiados aquí, quienes acumulaban más poder no tuvieron que fotografiarse desnudos y pudieron mantener cierta dignidad de vestimenta y pose. Por lo tanto, es probable que los caciques pudieran llegar a influir tanto en quiénes fueron fotografiados como en la manera en que se los fotografió. Seguir investigando y enfatizando estos pequeños momentos de posible intervención indígena es fundamental; de lo contrario, recrearemos la victimización del siglo XIX al presentar las comunidades indígenas como homogéneas y pasivas, sujetos de naturalezas muertas en lugar de retratos.

Referencias

BUTTO, Ana (2018), Visualización de los roles de género en las fotografías etnográficas de mapuches y tehuelches (siglos XIX-XX), RIHUMSO 7.13, pp. 21-46.

CURRUHUINCA, Curapil y ROUX, Luis (1994), Sayhueque: El último cacique, Buenos Aires, Plus Ultra.

PENHOS, Marta (2005), “Frente y perfil. Una indagación acerca de la fotografía en las prácticas antropológicas y criminológicas en Argentina a fines del siglo XIX y principios del XX”, en Arte y antropología en la Argentina, Buenos Aires, Fundación Espigas, pp. 17-64.

Cómo citar:
KERR, Ashley, “Signos de la voluntad de los indígenas en la fotografía antropológica del siglo XIX en Argentina”, LUR, 12 de marzo de 2020, https://e-lur.net/investigacion/signos-de-la-voluntad-de-los-indigenas-en-la-fotografia-antropologica-del-siglo-xix-en-argentina


Ashley Kerr (Moscow, Estados Unidos, 1984) es profesora de español y estudios latinoamericanos en la Universidad de Idaho. Es autora del libro Sex, Skulls, and Citizens: Gender and Racial Science in Argentina, 1860-1910 (Vanderbilt University Press, 2020), en el cual indaga las funciones de la mujer y el cuerpo femenino en la construcción y puesta en práctica de la ciencia racial decimonónica.