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Deshacer, borrar, activar

Jorge Yeregui

Paisaje, borrado y memoria: intervenir para ‘recuperar’ la naturaleza

Ros Boisier

Tras los estragos provocados por la Guerra Civil española y la consolidación de la dictadura de Francisco Franco, en la década de 1950 España inició una etapa de recuperación, después de los años de aislamiento de la posguerra. El turismo de sol, playa y servicios a bajo coste supuso una importante oportunidad de crecimiento y de apertura hacia el restablecimiento de las relaciones internacionales. El gobierno franquista invirtió en infraestructuras y en la promoción turística orientada a atraer a ciudadanos europeos y americanos con poder adquisitivo. En consecuencia, y a raíz de las transformaciones que tuvieron lugar en el territorio, se explotaron enclaves naturales de la costa mediterránea —muchos de valor irrecuperable—, así como ciudades históricas como Madrid y Barcelona, con el propósito de obtener y acumular la mayor ganancia de capital posible.

En medio del apogeo turístico de España, se inaugura en 1962 el Club Med, un complejo turístico situado en el Paraje de Tudela (Girona), un enclave de biodiversidad privilegiada de gran importancia geológica y vegetal a nivel mundial. A pesar de las contradicciones y las polémicas que acontecieron en torno al resort, el Club Med se mantuvo activo durante cuarenta años, hasta que el Paraje de Tudela es incorporado dentro del Parque Natural de Cap de Creus a finales del siglo XX.

Después de algunos años de olvido institucional, se inicia en 2009 un plan de renaturalización del paraje liderado por la Generalitat de Cataluña y el Gobierno de España, y a cargo del estudio de arquitectura EMF Paisatge. Es en este contexto, en el que el artista visual y arquitecto Jorge Yeregui comienza a desarrollar en 2011 Deshacer, borrar, activar, proyecto en el que aborda el proceso de restauración paisajística tras la demolición del resort y las tensiones entre memoria, borrado y reconstrucción.

Deshacer, borrar, activar se articula como una investigación visual y conceptual sobre el paisaje entendido como un lugar en el que se inscriben y desvelan decisiones políticas, económicas, históricas, medioambientales y simbólicas. Jorge Yeregui propone, como es habitual en sus proyectos, una lectura radial y compleja que despliega una serie de acciones y dispositivos diseñados para impulsar la interpretación del espectador: para él es esencial propiciar espacios dentro del contexto de las artes visuales en los que se estimule el pensamiento crítico desde distintos enfoques, conocimientos y experiencias.

La mirada de Jorge Yeregui se expande por el territorio recuperado que recorre y examina con una rigurosa metodología, junto a una lúdica estrategia de aproximación que refuerza el carácter conceptual de la obra. El artista reúne pistas, recoge indicios y subraya impresiones que evidencian la condición estratificada del territorio: sus imágenes señalan hacia el fragmento mínimo y nos adentran en una visión que, por lo general, ignoramos. De este modo, Yeregui nos presenta una imagen del Paraje de Tudela que se fortalece de la experiencia del detalle; del acto de caminar, detenerse y acercarse hacia lo que permanece oculto. En los detalles radica la singularidad del proyecto de recuperación natural y el artista conoce, después de intuirlo y aprehenderlo, que esa aproximación inquisidora hacia lo mínimo le revelará parte de la historia reciente del lugar.

Deshacer, borrar, activar se estructura en tres actos en los que se relacionan los indicios registrados y las características físicas y simbólicas de estos en el territorio recuperado: prólogo, acciones y epílogo. A través de cada uno de ellos, el artista reflexiona desde una dimensión crítica sobre el paisaje y su complejo entramado natural, histórico, político, social y cultural. De esta forma, se desplazan y entrecruzan las ideas que surgen de las evidencias: la superposición de lo natural y lo artificial; el turismo como política de la acumulación y el desgaste; la gestión de residuos y las prácticas extractivistas; el intervencionismo ecológico y la eliminación de especies vegetales; o cómo los restos de las repetidas intervenciones del territorio cuestionan el discurso institucional.

Con todo esto, Jorge Yeregui propone un escenario abierto de interpretación en el que las retículas, las secuencias, las reiteraciones, las acumulaciones, los contrastes y las descontextualizaciones, modulan formal y conceptualmente los dispositivos expositivos con los que proyecta un nuevo recorrido; una nueva experiencia de observación en un espacio diseñado a partir de la deconstrucción del paisaje restaurado. Así, Deshacer, borrar, activar nos sitúa en un entorno fragmentado que requiere del diálogo interno de quien mira para iniciar un proceso silencioso de desplazamientos simbólicos, corporales, ideológicos, estéticos y narrativos que interpelan el conocimiento previo acerca de la representación visual de los entornos naturales. Es necesario, por tanto, dar unos pasos hacia atrás y volver sobre las imágenes del artista para preguntarse por aquello que entendemos por paisaje y las condiciones que lo definen como espacio natural.

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