Iberia es el nombre de una localidad de la provincia de Tahuamanu, en la región de Madre de Dios (Perú), y también el título de un trabajo fotográfico de Aleix Plademunt que, 116 años después, se adentra en la selva amazónica a partir de la historia del cauchero asturiano Máximo Rodríguez González para construir un relato sobre la explotación del territorio y la desmedida ambición humana
Son numerosos los relatos que tratan de la explotación del caucho en la selva amazónica, debido al auge de su extracción y comercialización entre 1879 y 1912, que motivó la llamada ‘fiebre del caucho’ —y que tendría un nuevo repunte entre 1942 y 1945—. Una de las obras narrativas más paradigmáticas y significativas en este sentido es La vorágine, de José Eustasio Rivera, en las selvas del Putumayo en Colombia, cuya trama es enrevesada y sinuosa, como la selva misma y los escenarios que se produjeron por causa de ese intenso periodo de colonización. En esta novela se presentan historias de caucheros, explotación, genocidio y violencia sin aparente desenlace cuya última frase no puede ser más contundente y clarificadora: “Los devoró la selva”. Porque una selva no resulta indiferente, incluso en la distancia, con su apariencia sólida, misteriosa, amenazadora e interminable, que parece regirse por un equilibrio antiguo y desconocido que nuestra mirada y entendimiento son incapaces de descifrar. Y por ello nos fascina e hipnotiza, como cualquier historia que tenga que ver con ella. Asimismo, las selvas y las grandes masas forestales han estado históricamente asociadas a relatos de colonialismo, choque cultural, racismo y barbarie y en la actualidad a la explotación, en muchos casos indiscriminada, de los ‘recursos naturales’ que contienen —a través de la deforestación, minería, ganadería extensiva— lo que pone en riesgo la biodiversidad y el equilibrio climático.
Iberia es un proyecto que surge de un “bello accidente”, como ha señalado su autor, Aleix Plademunt, y que se lleva a cabo en un breve intervalo de tiempo, sin haber sido planificado —todas las fotografías se toman entre el 14 y el 18 de enero de 2019—. El detonante fue una curiosidad semántica. Mientras se encontraba en Brasil, adonde había viajado en barco desde Valencia imitando los viajes coloniales y fotografiaba plantaciones de caucho para un trabajo de mayor envergadura —Matter, un proyecto de nueve años de elaboración—, alguien le habló de un lugar llamado Iberia, en Perú, asegurándole que allí encontraría árboles de caucho (Hevea brasiliensis) centenarios. Una investigación posterior reveló una de las muchas historias de colonización y explotación asociadas a las grandes extensiones de estos árboles.
La localidad de Iberia, situada en la provincia de Tahuamanu, región de Madre de Dios (Perú), fue habitada durante siglos por pueblos originarios asentados a orillas del río Tahuamanu. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX, colonizadores bolivianos dirigidos por los hermanos Suárez expulsaron a sus habitantes para iniciar la explotación de la shiringa (caucho).
El motivo fundamental para el libro de Plademunt se sitúa en 1903, cuando el cauchero asturiano Máximo Rodríguez González y su hermano Baldomero llegan a la zona. Al encontrar el territorio en manos bolivianas, los Rodríguez solicitan apoyo al gobierno peruano. Los posteriores y brutales enfrentamientos terminan con la retirada de los bolivianos y la victoria se sella con el cambio de nombre de la localidad a Fundo IBERIA, en homenaje a la tierra originaria de los hermanos.
A partir de entonces se suceden 27 años de explotación intensiva de más de 300 hectáreas de caucho, sostenida por sistemas de trabajo forzado y prácticas esclavistas ejercidas sobre comunidades indígenas y trabajadores trasladados desde el río Ucayali.