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El resplandor de las fiestas de verano siguiente

Ros Boisier
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Encuentro con Carlos Aguilera

Al ritmo del pasodoble, Carlos Aguilera compuso la puesta en página de su libro Educandos de Benejúzar, proyecto que en 2019 obtuvo la Beca Fragments que otorga la Unió de Periodistes Valencians para la realización de un ensayo fotográfico sobre la memoria visual de la Comunitat Valenciana. Aguilera expande su mirada por los detalles del ingenioso trabajo colaborativo de los efímeros y coloridos decorados de las fiestas de verano en los pueblos de la comarca de la Vega Baja del Segura (Alicante, España). Su experiencia en las fiestas tradicionales de su pueblo lo hacen buen conocedor de las dinámicas sociales que se practican en estos festejos; conocimiento que aprovecha con irónica agudeza para crear un juego de relaciones tensadas por el ritmo de una música imaginaria, la cual solo pueden oír quienes cada verano se suman al rito colectivo de preservar su cultura.

Con las fotografías de Educandos de Benejúzar nos adentramos en las fiestas de verano en la comarca Vega Baja del Segura. En ellas se ven acciones que describen los preparativos de las fiestas y que aluden a tiempos de colaboración ciudadana que, por lo general, quedan relegados al registro fotográfico privado y anecdótico de los participantes. ¿Por qué decidiste trabajar este tema desde este punto de vista? ¿Qué deseas aportar con esta propuesta al imaginario de las fiestas de verano?

Empecé a trabajar en este tema cuando mi prima Emma fue elegida reina de las fiestas de Los Montesinos en 2017. Comencé a fotografiar por imperativo familiar y, poco a poco, me di cuenta de que había cosas que me interesaban mucho estética y conceptualmente. Un punto de inflexión fue la decoración de la calle. Cuando eligieron reina a mi prima, los familiares, amigos y vecinos nos juntábamos por las noches a construir la decoración de la calle para el día de la coronación, para cuando pasara el alcalde con la banda de música a recogerla para llevarla a la plaza del pueblo. Me sorprendió la forma en la que se planteó la fabricación de los adornos: usamos botellas de agua vacías, cajas de cartón, bolsas de basura, etc. Me chocaba que mi prima se gastase un dineral en el vestido para ese día y, al mismo tiempo, estuviésemos trabajando en la decoración con residuos. Y me fascinaba que esos universos fuesen a convivir durante la fiesta; que fuese a posar con un vestido rojo y brillante frente a un montón de flores que habíamos hecho con bolsas arrugadas y botellas de agua cortadas por la mitad.

Ese verano solo hice fotos de la decoración de esa calle. Los veranos siguientes amplié el círculo y fui a todas las fiestas de la comarca a buscar eso mismo que había fotografiado en Los Montesinos. Mi intención era hacer un reportaje sobre las fiestas de los pueblos en el que fuera visible que las fotos que llevan pegadas los disfraces se han descargado de bancos de imágenes y que las peñas se organizan mediante grupos de WhatsApp. Es decir, alejarme un poco de las procesiones, la solemnidad y ese tipo de actos que están algo más representados.

Carlos Aguilera

¿Has trabajado con referencias para el desarrollo de este proyecto? ¿Cuáles serían y qué importancia le atribuyes en tu proceso creativo?

Soy bastante permeable al trabajo de otras personas. Más que referencias premeditadas o planeadas, los autores que están a mi alrededor son los que más me influyen. En el verano de 2019, que fue cuando hice la mayoría de las fotos, me visitó Pascual Arnal. Vino a pasar unos días a Los Montesinos para realizar varias piezas de su proyecto Astral Management. Me regaló todos sus libros (que son increíbles) y los consulté mucho durante esos meses. Ese mismo año Ricardo Cases trabajaba en Estudio Elemental del Levante y nos vimos un par de veces para compartir los avances de ambos trabajos, que tienen que ver con la música de formas diferentes. Unos meses antes de empezar el proyecto conocí las películas de Elena López Riera, era la primera vez que veía temas y situaciones que me eran tan cercanos geográfica y culturalmente en el cine.

Hay referencias más trabajadas, pero tienen que ver principalmente con el diseño editorial. Revisé, en el archivo municipal de mi pueblo, todos los libros de fiestas que se habían publicado desde la década de los 60. En mi publicación hay muchos detalles que encontré en estos libros. En el texto de Sabina Urraca también incorporé información encontrada en los libros de fiestas, como los nombres de peñas que aparecen: Las tremendas, Las chuponas, Merengue merengue, Mujeres naturales, Santiago apóstol.

Con motivo del Día del libro, se publicó en el blog de Cultura FNAC una lista de títulos que influenciaron de una manera u otra el trabajo: Murcia de Magius (Entrecomics Comics, 2015); El caballo de Troya de Cristobal Hara (Ediciones Anómalas, 2017); Garage de Olivia Erlanger y Luis Ortega Govela (The MIT Press, 2018); Teoría general de la basura: (cultura, apropiación, complejidad) de Agustín Fernández Mallo (Galaxia Gutemberg, 2018); El dolor de los demás de Miguel Ángel Hernández (Anagrama, 2018); Almost Nothing de Anne Dezeuze Publicado (Manchester University Press, 2017).

En relación a la propuesta editorial, el uso de los colores transmite una continuidad gráfica equivalente a las imágenes que presentas (el color del papel de la página antecede a la gama cromática de la fotografía de la página siguiente, la descubre). Con esta propuesta generas un ritmo hilado por los colores que funciona como pausas que potencian la ilusión de secuencia. Sin embargo, el libro no está encuadernado, lo que sugiere (invita) a vivir la lectura experimentando con la posición de las páginas, alterando así el ritmo que propones, pero no la relación entre página derecha (color) y página izquierda (la fotografía), que parece ser inquebrantable. ¿Qué relación tiene el uso del color, la encuadernación abierta y el ritmo del paso doble al que haces alusión con el título?

Tenía un conjunto de fotografías bastante homogéneo: todas jugaban un papel parecido en la narración. Para romper esa monotonía, Ángel Álvarez, el diseñador del libro, propuso añadir color en las páginas del lado derecho del libro para establecer una base sobre la cual las imágenes circulasen de arriba hacia abajo. Me pareció una solución muy musical. En los pasodobles ocurre algo similar: los que tocamos la trompa hacemos corcheas a contratiempo de forma repetitiva mientras que los clarinetes y las flautas hacen la melodía. En el libro los colores funcionan como el ritmo base y las fotos como melodía. El resultado me gusta mucho porque hace que el libro parezca un muestrario de cartulinas, lo que remite al imaginario DIY tan presente en el trabajo, y porque en un libro con cubierta blanca sorprende encontrarse con tantos colores. Además, después de haberlo publicado, revisando de nuevo los libros de las fiestas me encontré con esta coincidencia y me alegró mucho: utilizaban este tipo de hojas de color para proteger la foto de los reyes y evitar que hubiese transferencias de tinta entre esta foto tan solemne y las páginas de anuncios. Me gusta pensar que, sin pretenderlo, estábamos repitiendo un gesto tan característico de un libro de fiestas como este.

Con relación a la posición de las fotos en la puesta en página, Ángel propuso situar las fotos a la izquierda para romper la dirección natural de la mirada del lector, que se dirige normalmente hacia la derecha. Situar las fotos en esta ‘cara B’ del libro nos pareció una decisión que conectaba con el propio proyecto.

Inicialmente, el libro se pensó encuadernado con un cosido en el lomo, pero la impresión y el cosido lo hacían empresas diferentes y, por ese motivo, la primera maqueta me llegó sin coser. Con el paso de los días me iba seduciendo cada vez más la idea de dejar el libro así, sin terminar. Le enseñé la maqueta a un amigo y me preguntó si el libro era así. Me gustó mucho que me lo preguntase y me recordó a esta frase de Marienbad eléctrico, de Enrique Vila-Matas: “Me gustó su respuesta, quizás porque me recordó que, cuando termino una novela, me gusta que me pregunten si estoy seguro de que se trata de una novela”. Esta impresión que daba el objeto de ‘estar a medias’ conectaba con los objetos y situaciones que había fotografiado. Un libro a medio hacer de fotografías de disfraces a medio hacer.

Por último, el papel que juega el pasodoble en el ritmo del libro es crucial. Lo utilizamos como herramienta para dar forma a la secuencia. Un amigo músico militar hizo un análisis de la estructura de la pieza y quedó algo así:

Carlos Aguilera

Sobre ella fuimos disponiendo imágenes, teniendo como referencia cómo se comportaba la música. Por ejemplo, hay momentos de la secuencia en los que hay repeticiones que imitan a las que se producen en la música

y referencias a la partitura un poco más literales como esta foto, que está situada en el compás que mi amigo identificó como el ‘detonante’

o esta otra que aparece cuando empiezan a sonar los instrumentos de viento metal en el trío de la pieza.

Con la encuadernación abierta, el texto de Sabina Urraca, que originalmente se sitúa en el centro del libro, queda expuesto a la fragmentación. Presentado en tres idiomas y con las letras del abecedario a pie de página a modo de guía, la alteración del orden parece, en este caso, responder a una nueva invitación a la que el lector que se atreva a modificar la secuencia tendrá que hacer frente: seguir el rastro de las letras como el perro protagonista de la historia persigue el sonido de una música lejana. ¿Qué papel tiene el texto en tu libro? ¿Qué intención tiene situarlo en el centro? ¿Altera de algún modo su sentido el ubicarlo en un lugar u otro de la secuencia?

En mi opinión el texto complementa de una forma muy interesante a las fotos. Estas son todas del antes de la fiesta y el texto de Sabina Urraca narra un después. La fiesta queda en el centro. Cuando hablo sobre esto siempre me acuerdo de este texto de Roberto Juarroz:

A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo,
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.

Poesía Vertical XII-21

Me interesaba mucho esa idea de ‘rodear’ la fiesta. Es decir, no dirigirme a ella de forma directa, sino de hacerle una especie de sándwich temporal.

Sobre el texto de Sabina, hay una escena de Jamón Jamón de Bigas Luna, una película que vi por primera vez unos días después de que me entregase el texto, en la que se ve a un perro comiendo los restos de una paella gigante en una fiesta que ya ha terminado. Me gusta pensar que se trata del mismo perro.

En cuanto a la posición del texto, en la primera maqueta este daba inicio al libro. Se movió al centro porque así, al no haber cosido, fotos y texto quedaban separados en dos bloques independientes. El uso de las letras del abecedario es de nuevo una referencia a la notación musical, ya que se utilizan las letras mayúsculas para marcar momentos importantes de las obras. En cuanto a la posibilidad de alterar el orden tanto de las fotos como del texto, en realidad es simplemente una consecuencia de la decisión de dejar el libro sin coser. No me atraía especialmente la idea de que el espectador modificase el orden y por eso las páginas se numeraron una vez que decidimos no encuadernar.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy trabajando en un libro del proyecto que desarrollé en verano de 2020 gracias al programa de residencias Cultura Resident del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana. Es un trabajo que se titula Turista un millón y que, de forma muy resumida, trata sobre Tabarca, el turismo y la perseverancia.

Hace unos años conocí a José Espinosa, un primo hermano de mi abuelo al que todo el mundo llama ‘Fotos’. Su apodo se debe a que ha hecho más de 3.500 fotos a diario durante alrededor de 30 años: se ha dedicado a fotografiar día tras día a cada uno de los turistas que desembarcaban en la isla de Tabarca. Hace algún tiempo coincidí con José y me comentó que había dejado de fotografiar y había vuelto a vivir al pueblo. Yo aproveché esa anécdota para generar un relevo: ahora que José estaba en el pueblo yo iría a fotografiar la isla. Durante el verano de 2020 fui a diario a la Isla de Tabarca a fotografiar desde el mismo lugar desde el que lo hizo José durante décadas.


En esta sección de entrevistas breves, Ros Boisier acerca a nuestros lectores la obra de autoras y autores que poseen un trabajo fotográfico de interés.

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