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Nicolás Wormull, Ricard Estay

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Permanecer en la fotografía

Ros Boisier

Detrás del ‘sucio’ color rojo de las cubiertas de Diaspora letters, las guardas presentan dos escenas con personajes tradicionales de Chile (al inicio) y Suecia (al final). Parecen antiguas postales que proyectan la identidad de un país y del otro. Los dos países se presienten como dos polos lejanos unidos por una línea imaginaria que se dibuja en el trayecto y que se hace profunda en la memoria de la permanencia. Diaspora letters es un fotolibro, publicado por André Frère Éditions (2021), que reúne el resultado de una correspondencia visual mantenida entre los fotógrafos Nicolás Wormull (Chile, 1977) y Ricard Estay (Suecia, 1985). Entre el caos y la excitación de las protestas sociales en Chile en 2019 y la crisis sanitaria global ocasionada por la pandemia de covid-19 en 2020, Wormull y Estay, que se habían conocido años atrás, compartieron por correo electrónico alrededor de cuatrocientas imágenes con el entusiasmo de mantener un dialogo cercano a través de la fotografía. El subtexto de este ejercicio en común se arraiga en las relaciones biográficas que ambos fotógrafos tienen con Chile y Suecia, como si cada uno estableciera una conversación desde la distancia con estos países e hiciera una revisión nostálgica del pasado a través de las imágenes del otro: Estay es hijo de un exiliado de la dictadura militar chilena y Wormull creció en Suecia y ha vivido temporadas en los dos países. Así, en este diálogo visual la fotografía se dispone como un espacio simbólico creado con complicidad y respeto en el cual indagar en la memoria.

Hace años que conozco el trabajo de Nicolás Wormull, he escrito sobre él e incluso, junto a Leo Simoes, en 2019 publicamos Fisura como título número 32 de la colección Pewen Cuadernos de Fotografía (Muga, 2016-2020). Distinto era mi conocimiento de la obra de Ricard Estay, a la que me he aproximado por primera vez a través de las páginas de Diaspora letters. Comparto esta observación porque la lectura del fotolibro me resulta significativamente diferente si se reconoce (o no) a los autores en las imágenes o se intuyen los lugares que se han fotografiado. La identificación e interpretación de las referencias culturales presentes en las imágenes es determinante para indagar en las relaciones visuales y de sentido que se establecen en cada pasar de página. Tanto como que no podemos obviar las conexiones inherentes entre lo conocido y lo ignorado como mecanismos desde los cuales miramos e intentamos comprender lo percibido.

Al conocer ya la obra de Nicolás Wormull, mi acercamiento al libro fue (admito) un tanto inocente. Intentar descubrir a quién pertenecía cada imagen me pareció inevitable, básico, un inicio insoslayable que derivó hacia la exigencia de una lectura más profunda. Porque las propias imágenes, su montaje y propuesta editorial minimalista, sin palabras ni otros elementos de significación que intermedien entre las fotografías y las páginas en blanco, conforman una densidad confusa que, de forma ‘muda’, nos invita a adentrarnos en las vivencias cruzadas de Wormull y Estay desde la diáspora; historias paralelas que palpitan y se rozan cuando son convocadas por el recuerdo en el diálogo silencioso.

Tras meses de correspondencia, con altibajos en la frecuencia de los envíos, en el número de fotografías compartidas, en las complicaciones e inspiraciones creativas (todo ello al mismo tiempo que las problemáticas sociales, políticas, sanitarias y económicas mundiales de ese momento), Nicolás Wormull y Ricard Estay se encuentran en Suecia, revisan el material y perciben las posibilidades de una obra en conjunto: el envío continuo de fotografías había gestado en paralelo un diario visual que se fortalecería en la comunión de las imágenes, en la expresividad de sus atmósferas y en las reflexiones y sentimientos en torno a las personas y lugares fotografiados.

La disposición secuencial de las imágenes de Diaspora letters se realiza a través de una puesta en página austera con imágenes a sangre y a caja. Estas últimas se presentan, en su mayoría, con finos márgenes blancos. Otras veces, estos espacios son más amplios y el tamaño de las fotografías es menor. Las imágenes (verticales muchas de ellas) se posicionan como dípticos a doble página o solo a página derecha. La secuencia tiene un ritmo sosegado, pero nada previsible en el pasar de página. La complejidad del montaje se da en las relaciones entre las escenas y atmosferas que las fotografías evocan: una fuerte pulsión que emerge de lo íntimo y cotidiano se percibe en la mirada desafiante de una adolescente que sangra por la nariz, bañada de un halo saturado de color blanquecino con tintes amarillos, como de película caducada; una madre dibuja una tierna sonrisa, mientras sus ojos pacientes miran hacia abajo; el beso apasionado de una joven pareja que parece despedirse o, tal vez, reencontrarse; la postura provocativa de una mujer sobre una cama se complementa con la densidad de la luz roja de la habitación que difumina su cuerpo semidesnudo; un león blanco derrama lágrimas doradas cuando, a página derecha, un joven rodeado de gas lacrimógeno se protege con una máscara que le permite continuar con la protesta; la viveza en la mirada de un hombre joven (retratado en los años setenta u ochenta) permanece penetrante a pesar del paso del tiempo. Es una gastada fotografía de carné con unas extrañas ‘cicatrices’ que parecen expandirse en la página izquierda, en la que unos peldaños en curva se pierden por un ‘ángulo ciego’ formado por listones de espejos irregulares.

El cineasta sueco Kristian Petri escribió para el fotolibro ‘Epílogo’, un texto en el que describe su sorpresa al encontrar en su estudio (prestado durante un tiempo a Estay) una pared cubierta de fotografías (el rastro del trabajo del fotógrafo) y relata su estimulante interrogación sobre esas imágenes tan diversas. El texto, escrito a modo de testimonio personal, nos cuenta con sutiles detalles el contexto social, político y biográfico en el que se produjo el diálogo transatlántico entre los dos fotógrafos, deja entrever la manera de trabajar con las imágenes y nos comparte la lectura de su hallazgo atendiendo al trasfondo poético de las fotografías:

Una pared de la habitación estaba cubierta por una infinidad de impresiones fotográficas, en blanco y negro o color. Una conjunción de mundos e imágenes peculiares. Me quedé pasmado largo rato. Luego pensé: ¿de qué clase de imágenes se trata? Me dio la impresión de haberlas visto antes, como si formaran parte de mi propio sistema, fluyendo como sangre en mis venas o fueran fragmentos de numerosos sueños, una especie de diario onírico; pero más nítido, más intenso.

La diversidad de registros visuales es una estrategia arriesgada que ambos autores asumen como propia: se permiten fotografiar en color y en blanco y negro; con flash y luz natural; de día, de noche; con mayor o menor nitidez y mezclarlo todo sin que nada desencaje. Las imágenes de Wormull y Estay rehuyen de las conversaciones fotográficas tradicionales sin renunciar al retrato, al paisaje y al bodegón, géneros que exploran de una manera emocional, técnica y contemporáneamente libre con un oficioso equilibrio entre lo estético y lo visceral que les permite interrogarse mutuamente sobre un pasado determinado por la situación política y social de Chile después del Golpe Militar de 1973, la identidad construida a partir de las experiencias de migración y exilio y la reivindicación cultural que transita por los márgenes de las sociedades actuales que nos obligan a identificarnos con un territorio al cual pertenecer.

¿En qué medida me interpelan estas fotografías? Desde mi diáspora íntima reconozco el país del cual me fui hace algunos años sobrellevando una nostalgia ficticia, inventada con unos pasajes difusos de una historia que no he vivido, en un Chile que ya no existe: me interpela el mundo que ha dejado de existir y que otras personas piensen (desde la fotografía) también en ello. Reconozco en este fotolibro el orbitar de unos cuerpos que intentan encontrarse en sus imágenes, como si se tratara de un detonante expresivo necesario que les de acceso a su propio interior, sin olvidar lo que fueron, sin desviarse de lo que son. En Diaspora letters percibo el afecto, la familia, la hermandad, la memoria, la pérdida, el miedo, el dolor, la injusticia, la precariedad, la naturaleza idealizada y la presencia de la cordillera de los Andes tan poderosa y radical, decisiva en el imaginario cultural y en la identidad de Chile.

Un niño que se adentra en una playa en calma del mar Báltico es la última imagen del libro. En la escena se ve cómo se gira hacia la cámara ante la ‘promesa de una foto de recuerdo’. En este simbólico gesto podría condensarse la correspondencia entre Nicolás Wormull y Ricard Estay como una excusa catártica para mirar hacia atrás en compañía y revisar reflexivamente junto al otro la vida hasta entonces acontecida.

Cómo citar:
BOISIER, Ros, “Permanecer en la fotografía”, LUR, 12 de julio de 2023, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/diaspora-letters


Nicolas Wormull (Santiago, Chile, 1977) creció en Suecia, donde se formó como fotógrafo. En su trabajo explora de manera recurrente el concepto de familia, la nostalgia del pasado, la falta de pertenencia y la dualidad que surge al haber crecido en dos mundos diferentes. Sus fotografías se despliegan como un inconsciente continuo. No se articulan según un discurso lineal, sino que siguen el flujo de una coherencia interna, de una trama, son fieles a un mismo imaginario. En 2011 recibió en Chile el Premio a la Fotografía Joven Rodrigo Rojas De Negri.

Ricard Estay (Estocolmo, Suecia, 1985) es fotógrafo, artista y escritor. A través de la narración visual y la poesía, busca crear retratos complejos de lugares tanto físicos como mentales. Trabaja en la frontera entre la literatura, la fotografía, el cine y el arte entre la ficción, los recuerdos y las representaciones sociales.

Ros Boisier (Temuco, Chile, 1985) se dedica a la escritura, a la creación y a la producción editorial en el ámbito de la fotografía. Sus investigaciones ahondan en la reflexión sobre la existencia y el territorio y en los usos de la imagen fotográfica en los discursos visuales. Es licenciada en Comunicación Audiovisual y máster en Producción e Investigación en Arte. Autora del fotolibro Pérdida (Muga, 2015) y directora de una investigación sobre la experiencia lectora de fotolibros cuyo resultado fue el libro De discursos visuales, secuencias y fotolibros (Muga, 2019), en LUR firma principalmente entrevistas y reseñas de fotolibros.

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