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Una inmersión hacia lo propio siguiente

Ros Boisier Comentarios

Encuentro con Nicolás Wormull

En Valparaíso (FIFV Ediciones, André Frère Éditions, 2024), el fotógrafo Nicolás Wormull se impregna de los recuerdos familiares entre dos países divergentes como son Chile y Suecia y se introduce en un sentir profundo hacia la memoria personal, sus significados y sentidos. Como es habitual en su obra, el libro se construye desde una perspectiva que articula una mirada íntima y reflexiva sobre lo propio, lo social y lo político.

Nicolás Wormull se propone redescubrir el que un día fue el puerto más importante de Chile, motivado por los contantes viajes de ida y de vuelta entre el norte y el sur del mundo y por la distancia (emocional y física) que esos desplazamientos le brindan como forma de aprendizaje. En la entrevista, Wormull comparte los desafíos que tuvo que afrontar durante el desarrollo del proyecto y la construcción del libro, y reflexiona sobre la relación entre la fotografía y la memoria desde una visión nada complaciente con la realidad que lo rodea.

En el año 1987 te fuiste a vivir a Suecia con tu familia, tenías 10 años. Ese cambio radical de país y de cultura que supuso dejar Chile, tu país de origen, marcó el devenir de tu biografía. Desde entonces has vivido entre los dos países. ¿Cómo ha influido en tu fotografía esta experiencia de constantes desplazamientos y diversidad cultural?

Ese cambio geográfico y cultural me ha marcado en todos los sentidos. Si me puedo identificar con algo, es con esa ambigua sensación de buscar, a través de la fotografía, el tercer espacio, un lugar entre dos mundos en el que se fusionan y entrelazan memorias, culturas, herencias e identidades. Ese constante intercambio es clave para generar un lenguaje más universal. La fotografía es solo una herramienta para acercarnos más a un idioma común, ojalá con menos trabas y más apertura.

¿La obra de algún fotógrafo te ha influenciado especialmente para motivar la búsqueda de ese ‘lenguaje más universal’, algún artista que lo haya conseguido?

No tengo una influencia directa dentro de la fotografía en mis inicios, sino que más bien fue a través del cine que me inspiré y me enamoré de la imagen. Posteriormente, tuve una correspondencia fotográfica entre Chile y Suecia a inicios de los noventa, lo que me hizo empezar a interesarme más en la fotografía, sobre todo en el lenguaje interno y silencioso que tiene la imagen fija. Se trataba más de una sensación que la idea de la fotografía en sí. Esto me llevó a montar un cuarto oscuro en el baño y empezar a revelar. No obstante, la obra de Daido Moriyama, Andrés Serrano, Paz Errázuriz, Jeff Wall, Nan Goldin, Joakim Eneroth y de otros muchos fotógrafos me fueron marcando en el proceso.



Valparaíso surge de la residencia de creación que realizaste durante el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso de 2022. ¿Qué importancia tiene Valparaíso en tu trabajo?

Aunque Valparaíso no ocupa un lugar central en mi trabajo fotográfico personal, tiene una gran importancia en mi relación con la fotografía en Chile, ya que fue la primera ciudad que acogió mi manera de mirar. La ciudad está impregnada de recuerdos de mi infancia, especialmente por los lazos familiares que me unen a ella. Mi madre trabajó durante 30 años en un hospital en Valparaíso, lo que hizo que yo pasara mucho tiempo allí de niño, especialmente por las noches, cuando ella estaba de turno, algo que ocurría cada semana. Existe una memoria física ligada a Valparaíso, que va desde el olor y las relaciones familiares, hasta la universidad y las amistades.

¿Qué desafío te supuso regresar a la ciudad para realizar este trabajo?

El gran desafío fue encontrar un punto de vista más íntimo desde el cual abordar el trabajo fotográfico en la ciudad. Como mi padre vive y trabaja en Valparaíso, decidí tomar esa relación personal como punto de partida para sumergirme en su cotidianidad y retratar un Valparaíso más cercano, más familiar. Me interesa fotografiar lo que me toca de cerca, lo que tiene un significado personal. Otro de los retos fue observar Valparaíso con ojos nuevos, casi como un extranjero, y evitar que mi vínculo con la ciudad nublara la mirada. Quise dejar de lado los prejuicios, las ideas previas, y acercarme a la ciudad con una sensibilidad abierta y no solo desde mi memoria propia o adquirida, sino desde mi propia curiosidad. La ciudad se convirtió así en un espacio de exploración íntima y no solo documental.

¿Y cuán satisfecho te sientes con los resultados que supusieron esos retos, crees que lograste mirar con ‘ojos nuevos’?

Me siento satisfecho con el relato que logré construir: un libro simple y personal con mucho trabajo detrás. La fotografía, para mí, es siempre exigente y está en constante evolución. La considero un estilo de vida; uno no se jubila: o la abandonas o sigues para siempre. Si algo logré (re)develar en esta experiencia fue que, al sumergirme en una ciudad que ya conocía, pude observar con mayor profundidad mi propia mirada, con ojos más críticos hacia mí mismo, y tratar de no engañarme, algo que considero esencial en la práctica fotográfica. Permanecer auténtico es difícil, pero es un trabajo constante.

Desde 2011 has publicado nueve libros. A partir de la publicación de República (Buen Lugar, 2015) se aprecia una constante en la puesta en página de tus libros: fotografías a caja con un margen blanco estrecho, muchas fotografías verticales y una apuesta clara por el díptico. Me ha sorprendido que en Valparaíso rompieras (en parte) con este tipo de maquetación e incorporaras imágenes que parecen ser reproducciones de montajes o maquetas, como si fueran apuntes de un trabajo en proceso. ¿Qué aporta este gesto editorial al relato de Valparaíso e introducir estas variantes en la construcción de tus libros?

Es una forma de trabajo que aplico en el proceso de todos mis libros: dejar que las imágenes decanten y dialoguen con el tiempo. En el caso de Valparaíso elegí usar un proceso de selección físico, es decir, trabajar con la maqueta impresa o partes de ella, así como con algunos dípticos. Sentí que, en este caso, era más coherente hacerlo así, para que el libro tuviera un carácter más íntimo y de bitácora, que sugiriera una necesidad de abrirse al proceso y no solo al resultado.

Las imágenes estuvieron en mi tablón de notas durante más de un año, antes de poder construir una secuencia que, a mi modo de ver, resultara más ajustada. Si tuviera que reeditar el libro hoy, probablemente el resultado sería otro.

El compromiso que supone la exploración de la intimidad puede volverse asfixiante. ¿Cómo relacionas esta idea de construir una secuencia ‘ajustada’ con la asfixia?

La fotografía puede llegar a ser asfixiante. Todo lo que ocurre dentro de un recuadro tiene múltiples lecturas e interpretaciones, pero siempre existe el límite del rectángulo. Es un desafío: pensar más allá del rectángulo, más allá del recorrido mental y de las interpretaciones preexistentes que nos impiden salir de nuestra zona de confort. Mi fotografía es asfixiante, al menos eso pienso yo, y me interesa que el lazo o el lapsus de lectura entre sujeto y objeto contenga esa sensación. El reto está en generar un espacio intermedio y, ojalá, poder permanecer ahí, en esa distancia visual y mental.

Intuyo que en este libro te introduces mucho más en la historia de aquella familia que emigró en 1987 que en la propia ciudad, que funciona como un escenario con un ambiente propicio para indagar en los conceptos que afloran de tus recuerdos de infancia. ¿Has encontrado las respuestas que buscabas?

Este proyecto estuvo condicionado por varios factores. Llevo varios años fuera de Chile y eso me permitió distanciarme un poco y mirar a mis propios demonios. Fue un proceso de perdón y autoperdón. Toda familia tiene sombras, a veces muy oscuras. Quizás me introduzco más en esa temática de lo habitual o tal vez se vuelve más evidente por el recurso de archivos antiguos. No sé si hay respuestas, sino más bien aceptación.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Estoy trabajando en un pequeño libro dedicado a una de mis hijas; se trata de una oda sencilla, pero importante, centrada en su experiencia con la salud mental, entre otros temas. Aunque el libro es modesto, tiene una carga emocional muy íntima y silenciosa. Por otro lado, he empezado a dar forma a otro proyecto, un libro más recopilatorio, pero cada cosa a su tiempo…

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