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Una particular enciclopedia de la tierra

Rosendo Cid

Es la diferencia que existe entre labrar un terreno y bombardearlo.
En ambos casos se remueve la tierra, pero de manera distinta

Rafael Chirbes, Diarios

La tabla periódica de los elementos químicos data del año 1869. La realizó Dmitri Mendeléyev, basándose en las propiedades químicas de los elementos, lo que provocaba que en dicha tabla aparecieran espacios vacíos que representaban, o predecían, elementos no descubiertos. El tiempo demostró que la mayoría de tales ‘predicciones’ eran correctas, por lo que la tabla periódica es un claro ejemplo de clasificación que tiene en cuenta una materia en desarrollo que, por tanto, no puede cerrarse —de hecho, sigue siendo un campo de investigación activo—. Es por esto que las maneras de comprender, de organizar y, por consiguiente, de presentar y enseñar algo son muy diversas. La enciclopedia es, sin duda, una de las formas más convencionales —con su orden alfabético— pero no existe un modo ideal de organización. Porque el mayor inconveniente es que cualquier materia puede cambiar, y de hecho cambia, con nuevos descubrimientos, enfoques e incluso nuevas formas de clasificar.

Dentro de la tabla periódica se encuentran las denominadas tierras raras, o lantánidos, un grupo de diecisiete elementos químicos esenciales en la actualidad para la fabricación de dispositivos electrónicos, componentes industriales y militares. Solo una pequeña parte de estos materiales se recicla, lo que genera una fuerte dependencia de su extracción. Se las denomina ‘raras’ no por su escasez, sino porque no es habitual hallarlas en estado puro, lo que implica procesos de separación costosos y altamente perjudiciales para el medio ambiente. Su uso y explotación da lugar a una gran paradoja: mientras impulsan el desarrollo y la transformación tecnológica, provocan la degradación de los territorios de los cuales se extraen, ocasionando significativos impactos sociales. Porque ya no puede obviarse que el ser humano —desde los comienzos de la colonización de la naturaleza— ha provocado sustanciales transformaciones en las capas geológicas de la Tierra que, a decir de numerosos expertos, ya han traspasado el umbral de irreversibilidad.

Tierras raras es un proyecto artístico y de investigación de la artista Rosell Meseguer que se centra en la explotación y el uso de estos minerales y sus implicaciones en la naturaleza, el paisaje y los territorios mineros mediante un enfoque didáctico y de archivo. Las intenciones principales, en palabras de su autora, son las siguientes: “Partiendo de la guerra y el afecto, profundamente vinculados a la colonización mineral, Tierras raras expande la lectura geopolítica del tema y las problemáticas derivadas de la misma —tecnología, economía y sociedad— a partir de una publicación, una instalación del proceso investigativo, un políptico pictórico y diversas colecciones formadas por libros de artista”.[^1] Exposiciones como Tierras Raras. Quadra Minerale, en la Fundación Didac, en Santiago de Compostela, en el año 2022, o Quadra Minerale, en la Fundación Díaz Caneja, en 2024, dan muestra de que nos encontramos ante un extenso proyecto en el tiempo cuya metodología, compleja y evolutiva, se sustenta en investigaciones, viajes a distintos países, además de la interconexión con otros trabajos paralelos[^2] de la propia artista —cuyo rasgo común es la atención hacia las industrias mineras en distintos territorios de España y Sudamérica—.

Tierras raras, de Rosell Meseguer

Un proyecto fundamentado desde estas bases, intereses y compromisos solo puede construirse desde una actitud que combina diferentes miradas: científicas, tecnológicas y artísticas, para un ‘todo’ procesual, de peso, coherencia y propósitos, se diría holísticos, asentado en un necesario diálogo con otras especialidades y cuyo elemento vertebrador es el vademécum Quadra Minerale. Tierras raras, otros minerales y conceptos de minería. Un acercamiento hacia los elementos y sus usos tecnológicos en la contemporaneidad (2019). Este volumen,[^3] de carácter interdisciplinar, busca acercarnos a los usos de los diferentes elementos de la tabla periódica, indagando en lo ecológico, la teoría económica, la geología o la política y aparece ilustrado —o complementado— con el archivo personal de la autora, mediante fotografías, dibujos o bocetos, incluso objetos familiares y elementos prestados por el Instituto Geominero de España (IGME). Por lo que esta compilación no puede entenderse como un simple diccionario razonado de elementos químicos —aunque contenga objetivos similares, en un sentido de aprendizaje—. Ha de señalarse que el vademécum está escogido en un sentido irónico, al estar conectado con una época clave en la historia de la colonización de la naturaleza —la Ilustración—. Se intuye, así mismo, que la atracción por este formato procede de un compromiso intrínseco con lo inalcanzable, puesto que toda pretensión organizadora contiene el germen de lo inconcluso, de aquello que no puede cerrarse o, más exactamente, de algo que está en continua ampliación. Porque, precisamente, y en cuanto a conjunto, este es un proyecto que no tiene un posicionamiento cerrado, dada su prolongación en el tiempo y el empleo de diferentes elementos históricos, científicos o cargados del peso de la memoria o de un territorio; por estar conformado por multitud de viajes y estancias a lo largo de varios años; y por haber sido expuesto en diversos lugares y de diferentes formas, lo que ha ido ampliando la manera de abordarlo y entenderlo, tanto desde la propia artista como de cara a un espectador que hubiera visto cada uno de los montajes y exposiciones —que nunca han sido iguales ni han estado conformados por los mismos elementos—.

Con todo lo apuntado hasta aquí, surge la idea de lo fragmentario, de piezas sueltas, de recolección de distintos elementos que la artista ha de relacionar y ordenar de algún modo. Unas relaciones que la artista va estableciendo de forma abierta y natural atendiendo al propio proceso investigador y creativo —como método ya habitual en toda su trayectoria—. Por otra parte, están los modos en cómo dispone e interrelaciona los materiales recopilados de las investigaciones y viajes con su obra plástica —siempre con componentes estéticos de investigación y archivo— que dan lugar a exposiciones dinámicas y expansivas que ocasionan más de un foco de atención. Todo lo cual implica una movilidad y una errancia, tanto de pensamiento como de acción que determina uno de los principales propósitos de la autora que es, sobre todo, sugerir, apuntar y nunca categorizar o imponer una mirada concreta al espectador.

Esta idea de lo fragmentario o de múltiples partes que han de ponerse en relación no excluye que existan dos ejes principales a tener en cuenta en la propuesta de Tierras raras. Por un lado, las minas, y por otro, las tierras que se extraen de ellas. Las minas son, desde luego, lugares simbólicos, por la extraña magia del subsuelo, por su estética paradójica, por ser una cruenta metáfora del comportamiento humano y de sus ambiciones desmedidas, que deterioran el paisaje, el medioambiente y alteran el entramado social, económico y político de las sociedades que las rodean y los países que las contienen —minas que parecen pertenecer a otras épocas, pero que en la actualidad continúan en otras formas, posibilitando nuestros modos de existencia contemporáneos y tecnológicos—. La manera en que Rosell Meseguer se acerca a ellas se establece en torno a los viajes a cada lugar, en donde realiza imágenes y ‘recolecta’ extractos de prensa, objetos, rocas, con el fin de reconstruir y mostrar una realidad, yendo más allá de lo visible o lo evidente. Porque la realidad también se construye sobre lo efímero, lo transitorio y lo oculto, de ahí su actitud interdisciplinar, materializada en el espacio expositivo mediante el uso del archivo, la fotografía, diferentes técnicas analógicas,[^4] pinturas o cualquier elemento que amplíe la perspectiva. De todo ello se extrae que, para la artista, el empleo de imágenes y fotografías le interese como apertura de significados, como extrañamiento incluso o, haciendo un guiño literario, en esa idea del escritor Julio Cortázar, de que las fotografías son fósiles que los artistas recogen de la nada, puesto que, por sí solas, no alcanzan para ‘entender’ la realidad, aunque sí para ampliarla. Y en este sentido de ampliación, Rosell Meseguer se fija en cada lugar como en un espacio de identidad alterada, por el devenir de los sucesos históricos y del tiempo que los circunda y cuya asimilación, consciente y crítica, no puede sino construir cartografías inexactas, pero abiertas a consideraciones en que lo creativo y lo artístico deben de ser, igualmente, herramientas fundamentales para la construcción del relato.

El segundo eje principal son las tierras y sus características, de las que la artista se sirve para realizar numerosos libros, cuadernos de artista y pinturas a través de su manipulación y sus colores; en ocasiones sobre soportes de papel que impregna de emulsiones fotosensibles y pintura, con los que elabora polípticos que va adaptando a cada espacio expositivo. En otros casos se apropia de cuadernos de cuentas, cuyas páginas pinta a mano, una por una, con aluminio, plata, cobre, plomo, mercurio… principales materiales de transacción comercial, en un trabajo orgánico, único y específico. Estos formatos analógicos son esa parte matérica, emocional y poética, que dota del equilibrio necesario a este proyecto tan harmónico y natural en sus procesos y modos de construcción como en su claro concepto de archivo, de idea enciclopédica, de recolección, de pensamiento y de exposición en el que cada una de las partes es igual de necesaria y determinante.

Rosell Meseguer se sumerge, elige y ordena, en definitiva, diversos elementos, propios y ajenos sobre un escenario tan complejo y poco conocido como el relacionado en torno a los usos y los recursos fósiles. Un escenario que hace propio a través de esta exhaustiva investigación que parte de sus intereses personales y plásticos que dan lugar a resoluciones expositivas que aportan el filtro necesario que abre la interpretación y matiza nuestra mirada de espectadores acerca de una realidad cuya significación es mayor de lo que suponemos porque, como toda realidad, se encuentra ligada a unas raíces que no siempre podemos ver pero que son origen y causa de todo desarrollo, sentido y trascendencia.

Cómo citar:
CID, Rosendo, “Una particular enciclopedia de la tierra”, LUR, 11 de mayo de 2026, https://e-lur.net/articulos/una-particular-enciclopedia-de-la-tierra


Artículo vinculado a El paisaje herido, curaduría de Ros Boisier para Sala LUR que reúne proyectos de artistas visuales españoles que reflexionan sobre nuestra relación con los territorios y las transformaciones medioambientales, sociales y políticas que los atraviesan.

Rosendo Cid (Ourense, España, 1974) es un artista y escritor que trabaja en diversos medios, como la escultura, la fotografía, el collage, el dibujo y la práctica textual. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Vigo, con especialidad en Escultura, y completó el bienio de Doctorado en Conocimiento y Producción Artística en la misma universidad. Su trayectoria artística se extiende desde finales de los años noventa hasta la actualidad, con una sólida presencia en la escena del arte contemporáneo gallego y nacional.

Rosell Meseguer (Orihuela, España, 1976) es artista visual, investigadora y docente. Premio Extraordinario de Doctorado en Bellas Artes, UCM. Su práctica interdisciplinar integra archivo, fotografía, instalación, pintura, dibujo, vídeo y publicaciones. A través de estos medios, analiza procesos históricos y sus implicaciones sociales, políticas y económicas, con especial atención a la relación entre ciencia, tecnología y arte.

[^1] Los libros y los cuadernos de viaje son elementos recurrentes en la trayectoria de la artista, muy vinculada a su biografía personal y a su infancia en Cartagena —en las visitas a las minas y a los astilleros, de donde nace el interés por el rastreo de vestigios y documentos—.
[^2] Entre otros, Tránsitos. Del Mediterráneo al Pacífico (2005-2016), o Herbarium Minerale. Relatos extracción y profundidad. (2019-2021).
[^3] La artista decidió alterar la disposición de la tabla periódica y optar por un orden alfabético que facilita la consulta e incorpora conceptos complementarios.
[^4] La tesis de Rosell Meseguer, defendida en 2004, fue La emulsión de gelatina de plata: técnicas fotosensibilizadoras y pictóricas, sobre soportes no convencionales, una investigación sobre las compatibilidades técnicas y plásticas de las emulsiones fotosensibles en relación con las técnicas pictóricas.

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