anterior cerrar

Anotaciones sobre fotografía expandida

Carla Andrade, Santiago Escobar-Jaramillo y Enrique Lista

Carla Andrade
Montaje expositivo de Choven manchas de tempo, de Carla Andrade
Galería Trinta, Santiago de Compostela, España, 2015

Enrique Lista

Una forma tradicional de abordar un tema complejo es intentar ofrecer una definición del mismo. En este caso, se hace especialmente pertinente que definamos lo que entendemos por fotografía expandida, siendo conscientes de que no existe una única definición correcta y de que cada una puede aportar distintas visiones o acercamientos.

En el campo del arte, el análisis del progresivo desdibujado de los géneros o medios tradicionales tiene su momento clave en el artículo La escultura en el campo expandido, que Rosalind Krauss publica en la revista neoyorkina October en 1979. Para Krauss, las prácticas artísticas habrían dejado de definirse en relación a un medio dado, para hacerlo en base a una serie de términos culturales. Este análisis se aplicó más tarde fuera de la escultura, para hablar de pintura expandida, cine expandido, etc. En el caso de la fotografía, dicho análisis podría hacerse en direcciones contrapuestas: situándola dentro del repertorio de medios disponibles para la práctica artística transdisciplinar, o haciendo que ella se abra a otros medios y otros ámbitos sociales, no restringidos a lo marcado en su tradición más purista. Igual que con la escultura, podemos valorar el modo en que la fotografía comienza a dialogar con el espacio físico (arquitectura o paisaje), cómo juega a la mezcla de géneros, o cómo entra en diálogo con su contexto social, traspasando la barrera entre arte y vida.

Creo que en la parte visible de vuestros proyectos, pero también en vuestra forma de plantearlos, la fotografía sale de su marco, entendido este tanto de forma literal como simbólica. Aprovechando entonces la oportunidad de este diálogo, quisiera conocer en vuestras propias palabras la forma en que afrontáis la exploración de nuevos terrenos para la práctica fotográfica. ¿Cuáles son los lugares desde los que pensáis la fotografía expandida?, ¿cuál es vuestra forma de entender esa expansión y cómo modifica lo que entendemos hoy por fotografía?

Carla Andrade

El primer visionado de portafolios en el que participé fue en un festival de fotografía internacional, hace casi 10 años. Allí presenté, llena de inseguridades, una serie fotográfica impresa en un papel de algodón, con apariencia de cartulina, que suavizaba los detalles y simplificaba la imagen aproximándola a una suerte de pintura impresionista. Uno de los visionadores, escandalizado, me advirtió que la fotografía debe ser impresa en papel fotográfico. Pero esas instantáneas de paisajes pretendían ser manchas creadas a partir de la combinación de colores y formas. Eso era lo más fiel a mi realidad. Así, en mi inexperto primer contacto con el mundo exterior como fotógrafa, aprendí que yo no sabía o no podía ser fotógrafa.

Asumido esto, complejo provechoso que de alguna forma sigue vigente, continué corrompiendo el medio y cuestionándome la legitimidad de su pureza y mi traición a la misma. Pero, ¿se puede hablar de pureza en algo que ha sido, en parte, creado por el ser humano?, ¿qué es la pureza de un mecanismo o tecnología? Debe de ser algo parecido a su primera definición, uso o función atribuida. Pero si fue algo creado, es decir, manipulado, ya nació no-puro. El orden clásico y dualista occidental relaciona el incuestionable valor de la pureza con la no-mezcla, la inmovilidad y la no-expansión. En este sentido, la fotografía pervertida de su motivo fundacional sería una fotografía liberada, o aquella que busca situarse en terrenos que no se pueden categorizar.

Por otro lado, dicha ruptura con lo que reconocemos como la ortodoxia de la fotografía, o la expansión del medio fotográfico en sí, supone para mí una suerte de recuperación del aura descrita por Walter Benjamin, inexistente por definición en la naturaleza del medio fotográfico. Sin embargo, este aura no se articula dentro de la unicidad y su condición de cercanía no desaparece necesariamente. Estas cualidades auráticas (re)articuladas tienen que ver más con el contexto que con la exclusividad. Esto es, una imagen ya no existe sola, sino que se sitúa en un determinado espacio-tiempo-forma que la completa y dota de significado. Igualmente, es ineludible a una serie de fuerzas implicadas a su alrededor que se tornan fundamentales. Su reproductibilidad puede ser infinita, pero su complejidad depende de la experiencia de la misma. Es un aura que ya no es inalcanzable pues se impregna de lo insignificante de la cotidianeidad como mecanismo de fidelidad a la realidad irrepresentable.

Carla Andrade
Carla Andrade, fotografía del proyecto Choven manchas de tempo, 2014

Santiago Escobar-Jaramillo

Existe más que nunca una necesidad de expandirnos desde la imagen en un momento en el que Latinoamérica se está redefiniendo hacia dentro, en comunidad y hacia el mundo, en su necesidad de encontrar nuevas formas de observar, escuchar y dialogar, de recibir y compartir, de acentuar la diversidad y la particularidad. Las nuevas maneras de narrar de modo más diverso y complejo resultan porque ocurren desde adentro: desde lo local, desde nosotros mismos. Existe un compromiso personal con las historias, los personajes y los lugares, que pone en crisis a la forma tradicional como nos han observado/estudiado desde afuera.

La colección editorial AñZ, Fotografía Expandida de Latinoamérica, que realizo con el apoyo de Matiz Taller Editorial y mi sello, Raya Editorial, propone presentar una visión actual de la fotografía a partir del trabajo de autores(as) contemporáneos(as) de la región[^1], quienes agitan la antorcha que representa este nuevo sentir.

[^1] Para ver las charlas AñZ con algunos de los(as) autores(as) invitados(as), como Luján Agusti y Martín Bollati de Argentina; Fabiola Cedillo de Ecuador; Musuk Nolte de Perú; Agustín Zuluaga de Colombia, puede visitarse el canal de Baudó Agencia Pública.

AñZ indaga por la fotografía expandida que, como bien dices, tiene como característica fundamental la hibridación, la transdisciplinariedad, la fragmentación y la resignificación constante en el plano práctico, estético y simbólico de las prácticas fotográficas. AñZ abarca un espectro de la fotografía documental al límite del lenguaje, donde caben tanto la fotografía conceptual como de intervención y construcción, de acciones participativas y performance, de narrativas complementarias y transmediales, de posibilidades escultóricas, musicales y sensoriales, también de hallazgos científicos, procesos experimentales y tecnológicos, del archivo propio y externo, las redes sociales, la Internet y las nubes. Una fotografía que expanda nuestro entendimiento y el de nuestra casa: Latinoamérica.

AñZ también surge al preguntarme por mi propio trabajo y la inquietud constante sobre dónde ubicarlo. Por ejemplo, mi obra temprana Ciudadelas en Conflicto / INVIS!BLES (2003), ya combinaba mis estudios de arquitectura con el entendimiento del espacio y la escala; el poder y el conflicto; y el uso de la escultura y la fotografía como medios de expresión. No era un registro de la realidad, no era fotoperiodismo, pero estaba haciendo reflexiones pertinentes acerca del conflicto armado y del desplazamiento forzoso que veníamos padeciendo en Colombia desde hacía más de cuatro décadas. Si pensamos en el proyecto Colombia, Tierra de Luz (2009-2019), este fue una continuación de llevar los soldaditos o actores armados a una escala monumental, donde ya no eran figuras animadas (o miniaturas), sino personas reales que sentían, tomaban decisiones y participaban de los actos lumínicos a nivel urbano y paisajístico.

Colombia, Tierra de Luz, es un proyecto que desborda los límites de la práctica artística para entrar en una práctica social dirigida hacia la reconstrucción de comunidades y subjetividades, en el sentido de que los actos simbólicos de reparación son acciones grupales colaborativas en donde la comunidad participa y altera o define el proceso y los resultados, siempre mediada por talleres de memoria, poesía y luz en treinta zonas de Colombia.

Otros de mis proyectos, que además he llevado al dispositivo del fotolibro, como Elefante Blanco (2015), Ruina (2017), Chos Piangua (2014), Lucía (2017) y ON/OFF Migration (2017) también combinan formas de hacer y de representar problemas sociales y políticos desde la práctica de la fotografía expandida.

Santiago Escobar-Jaramillo
Santiago Escobar-Jaramillo, fotografía del proyecto Ciudadelas en Conflicto / INVIS!BLES, 2003

Enrique Lista

Veo que las diversas formas de plantear lo que podemos entender por fotografía expandida implican un cuestionamiento de la identidad del medio, siempre paralelo al cuestionamiento de otras identidades. Se cuestiona de inicio la identidad propia, que planteáis desde distintos puntos de vista: Carla intenta establecer una relación con la realidad, consciente de su subjetividad, pues lo observado no existe sin el observador, sino que se construyen de forma recíproca (pienso en su redefinición del aura como experiencia y no como singularidad del objeto). Por otra parte, para Santiago la identidad se define con el otro, en comunidades diversas que construyen sus propias realidades desde adentro, siendo la identidad latinomericana un horizonte de esa construcción en común (desde la fotografía y desde lo social).

Me parece interesante resaltar que, aún en la diversidad de vuestros enfoques, hay rasgos profundos compartidos: proponéis identidades problemáticas en el mejor de los sentidos, pues lo único que no aceptan son los modelos cerrados de identidad que se nos ofrecen (modelos de lo que es la fotografía, la subjetividad, el territorio, etc.). Por todo lo demás, esas identidades que proponéis son declaradamente híbridas e inclusivas, no se definen contra sino con. Podemos hablar de identidades que surgen con la experiencia del mundo (no por oponerse a él) o en la experiencia compartida con los otros (que ya son parte de nosotros), y ambas se construyen en un territorio físico y simbólico, ofreciendo nuevos rasgos compartidos: la consciencia de esa construcción (la identidad es lo que hacemos que sea y no lo que nos viene impuesto) y su arraigo en la materialidad de los lugares y las comunidades que los habitan.

Con el concepto de identidad como fondo, tomo la cuestión de los lugares y sus comunidades para establecer un nuevo punto de contraste y diálogo: Es característico del trabajo de Carla el viaje incansable a paisajes distantes y abiertos, donde la experiencia se establece en un intento de relación directa o diálogo con la naturaleza… aunque la investigadora Sara Donoso ha visto en ello la influencia del paisaje y la cultura de su Galicia natal. La tradición migratoria de los gallegos sirve aquí como puente para enlazar con Latinoamérica, en tanto que la vastedad de un continente muy diverso queda paradójicamente vinculada por una cultura también diversa, hibridación de lo local precolombino con las múltiples influencias de las culturas coloniales y/o inmigrantes. Como aglutinante de todo ello, la lengua común facilita el diálogo, uniendo en redes de cercanía personal a cuerpos separados por distancias que a un europeo le cuesta imaginar (digo esto teniendo en mente el proyecto AñZ y la red interpersonal que construye).

Formulo algunas preguntas para continuar el debate: ¿Os sentís vinculados a algún territorio físico o simbólico?, ¿sería un territorio híbrido?, ¿qué ingredientes principales constituyen la mezcla de lo que sentís como vuestra identidad?, ¿qué papel otorgáis a la fotografía en la construcción de la misma?

Carla Andrade

Efectivamente, esta liberación del medio fotográfico que planteamos está íntimamente ligada con una necesidad de trazar identidades desdibujadas, corrompiendo esa que, aunque en contextos diferentes, como dice Santiago, se nos ha impuesto desde fuera. En mi caso particular, me gustaría subrayar el término ‘íntimamente’, pues no se trata de una actividad meramente intelectual, sino que es un vínculo profundo, no-visible y espontáneo.

Contestando a las preguntas; no sé hasta qué punto puedo hablar de territorio, pues en mi afán por reformular conceptos arraigados estructuralmente, sus connotaciones de delimitación o propiedad puede que no se ajusten exactamente a la percepción que yo atribuyo al espacio o lugar a través del cual ha sido construida mi realidad. En este sentido, este espacio, en concreto el paisaje gallego, tal y como apunta Sara Donoso, es crucial y conforma los cimientos de mi identidad. Pero creo que mi vínculo está más cerca de lo simbólico que de lo físico. El paisaje gallego, al igual que cualquier espacio natural de cualquier otro lugar, rezuma misterio, un misterio que es enfatizado por la extensa mitología que lo acompaña y que está ampliamente arraigada en la cultura y en el imaginario colectivo gallego. De ahí mi fascinación por lo sobrenatural, lo oculto e irracional, y Galicia resuena a todo eso. Mi atracción por todo aquello que no se puede alcanzar mediante las capacidades cognitivas fue sin duda perpetuada por ese contacto tan cercano con el mundo natural, que representa esa indeterminación que me mueve.

Sin embargo, la identidad no es solo la que nos viene dada de manera vertical, y creo que es aquí donde busca manifestarse mi trabajo, que trata de conciliar la identidad heredada, la impuesta y la, digamos, ‘subjetiva’ (que no siempre es fácilmente identificable). En mi caso, la peculiaridad radica en que la heredada y la impuesta se confunden. Es precisamente este no-reconocerse lo que genera el conflicto y la necesidad de refugiarme en dimensiones paralelas que persigo en la naturaleza, no solo cercana, sino también en la remota y, si cabe, aún más desconocida para mí. El viaje, que es parte de mi proceso artístico tal y como menciona Enrique, es refugio y escape de la realidad obligatoria, en un intento de expansión y de salirse de los límites y territorios establecidos, principalmente simbólicos. Este viaje a lugares lejanos como búsqueda incansable, casi como una condena, de un lugar donde reconocerme, no deja de ser un viaje a mi interior, tal y como también Enrique me sugirió en cierta ocasión, aludiendo a la ascensión de Petrarca al Mont Ventoux.

A través de la fotografía reproduzco este mismo esquema. El medio fotográfico es el intermediario a través del cual reflexiono sobre aquello que no puedo alcanzar a través de las capacidades cognitivas racionales. No obstante, esta búsqueda exterior en el fondo es, como la de Petrarca, interna. Dicha contradicción revela una identidad borrosa y frágil, que mediante la experiencia con la alteridad radical busca un antídoto para el reconocimiento propio.

Carla Andrade
Carla Andrade, fotografía del proyecto Choven manchas de tempo, 2014

Santiago Escobar-Jaramillo

Me gustaría comenzar por citar Un manifiesto sobre la fotografía expandida de la colección editorial AñZ, Fotografía Expandida de Latinoamérica, para pensarnos en relación al (posible) vínculo físico y simbólico que tenemos con el territorio que hemos llamado nuestra casa.

En Latinoamérica, los límites entre lo público y lo privado, el Estado y la ciudadanía, están siendo difuminados de forma decidida y constante. Los movimientos sociales, con un renovado empuje hacia las nuevas corrientes de género, medio ambiente y justicia social, están ganando terreno al presentar sus puntos de vista y exigir cambios de paradigmas fuera del statu quo establecido por el modelo capitalista neoliberal vigente.

En el campo fotográfico parece ocurrir algo similar, las hegemonías de medios de comunicación, instituciones, espacios, curadores(as), editores(as) y fotógrafos(as), están siendo alteradas por procesos grupales y colectivos (que aspiran a un bien común y solidario); por la fotografía amateur y la circulación digital de fotos de usuarios no profesionales; por otras expresiones y nuevos usos expansivos para la fotografía.

Las redes sociales, los avances tecnológicos, la vorágine de imágenes (y de fotografiantes), la multidisclipinariedad, entre otros, han influido notablemente en la manera de hacer, ver y transmitir la imagen fotográfica. Países como Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, han ido profesionalizando el vínculo con la imagen, y han ido encontrando de a poco su lugar al lado de otros lugares que tienen una tradición más establecida, como Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Cuba y México.

Si bien podemos hablar de particularidades distintas en cada uno de nuestros países, que nos hacen únicos y diversos, hay unos puntos de encuentro que tienen que ver, diría yo, en la manera de relacionarnos y en la necesidad para contar, desde nuestra perspectiva, historias necesarias de resistencia y (re)existencia. Además de AñZ, otro ejemplo palpable es el proyecto 20 Fotógrafos, que vengo realizando desde 2014 junto a mis compañeros[^2] en diferentes lugares de Latinoamérica, como Nuquí y Amazonas, en Colombia; Tlacotalpan en México; Concepción en Bolivia; y Atitlán en Guatemala.

[^2] Miembros fundadores de 20Fotógrafos: Federico Pardo, Juanita Escobar, Jorge Panchoaga, e inicialmente Federico Ríos.

Este laboratorio de creación y experimentación, que tiene como objetivo realizar proyectos fotográficos, fomentar el intercambio de ideas, facilitar la construcción de redes y repensar los procesos creativos y educativos alrededor de la imagen, reúne a cien personas de hasta veinte nacionalidades. Aquí, las identidades de muchos son la identidad de uno. En 20 Fotógrafos ocurre una sinergia colectiva de apoyo y de amplitud de consciencia por el territorio y las comunidades que lo habitan, al tiempo de fomentar el trabajo participativo y de grupo, que lo hace único y representativo de un sentir latinoamericano. No importa si este vínculo con la comunidad ocurre desde la fotorreportería o la puesta en escena, desde la observación o la intervención, o desde el álbum familiar o la pesquisa de documentos en la Internet. Lo pertinente aquí se relaciona especialmente con la libertad de pensar, hacer y mostrar lo que cada participante (tutor, estudiante, editor, productor, experto local o miembro de la comunidad) quiere transmitir desde su realidad o imaginación. En ese sentido, lo relaciono a un enjambre de abejas que trabajan para un bien común: el porvenir de la colmena.

Santiago Escobar-Jaramillo
Santiago Escobar-Jaramillo, fotografía del proyecto Colombia, tierra de luz, 2009-2019

Enrique Lista

Comenzamos el diálogo intentando definir distintas formas en las que podemos entender la fotografía expandida, y continuamos acercando las reflexiones a la idea de identidad, o más bien de identidades posibles desde los distintos modos de esa expansión. Carla apunta hacia una identidad simbólica en y con el paisaje (un viaje a lo más remoto que es también un viaje a lo más íntimo, con la fotografía como intermediaria de un pensamiento que rebasa lo racional), mientras que Santiago apunta hacia identidades colectivas, construidas en proyectos compartidos y enraizados en lo social (siendo la fotografía una herramienta y un lugar desde el que unirse y trabajar en red por un bien común que desborda cualquier ámbito profesional cerrado). De algún modo, estas formas de expansión desde la fotografía salen fuera de ella, e incluso podrían apuntar al horizonte de su disolución, bien en una práctica simbólica (el arte) que no se cierra ya a categorías disciplinares, o bien en un activismo social que la acoge como otro de los recursos con los que tejer vínculos entre comunidades.

A partir de lo reflexionado, quisiera ahora conducir este intercambio hacia un final abierto (pues entender la fotografía como expandida implica también entenderla de forma abierta) y propongo para ello que pensemos las consecuencias de esas diversas formas de expansión que contemplamos. Entiendo que la cuestión es compleja y que un acercamiento meditado a la misma nos alejaría de posiciones excesivamente pesimistas (que esas formas de disolución a las que he apuntado supongan de algún modo el final de la fotografía) o ingenuamente optimistas (que la fotografía se convierta en la herramienta privilegiada de la vida social y simbólica global). Supongo que es cuestión de distancia focal: una mirada amplia (de gran angular) nos hará ver que la fotografía ha estado siempre integrada en sistemas simbólicos y sociales que la rebasan, mientras que una mirada acotada (de teleobjetivo) podrá ver en la fotografía algunos rasgos específicos que la diferencian de otras formas de representación y marcan su especificidad.

¿Cuál es vuestra perspectiva?, ¿qué equilibrio mantenéis entre pensar la fotografía como un medio para un fin o como un medio en sí mismo?, ¿tiene algún sentido que sigamos pensando en la fotografía de forma genérica?, ¿debemos abandonar la idea de su especificidad o nos resulta útil para afinar nuestra sensibilidad cuando trabajamos con imágenes fotográficas?

Carla Andrade

Otro factor que tiene que ver con la expansión de la fotografía es el hecho de que es un medio diseminado en diferentes vertientes. No me refiero solo a su uso en ámbitos bien diferenciados, sino a la propia evolución del medio hasta nuestros días. El desarrollo tecnológico de la fotografía surge (y así es considerado por muchos) como un perfeccionamiento del mecanismo, erigiéndose la fotografía digital casi como un sustituto de la analógica por su accesibilidad, coste y hasta por su calidad, mientras que, en otras disciplinas contemporáneas como, por ejemplo, la escultura, no se cuestiona si una pieza debe de ser de mármol o de resina poliéster, puesto que cada material tiene su propia razón de ser y desarrolla un lenguaje propio. En fotografía (y en cine) la disyuntiva de usar analógico o digital se presenta como una decisión en términos absolutos, cuyo reconocimiento es discriminatorio. La fotografía analógica y la digital, así como sus distintas variantes dentro de cada modalidad, presentan una ejecución, un procedimiento y un resultado distintos. Se constituyen como diferentes idiomas de un mismo sistema de comunicación, cada uno con su propia idiosincrasia y, por lo tanto, insustituibles. Reivindicar esto es, de por sí, una forma de expansión del medio que, en la revolución digital actual, tiende a acomodarse en el terreno de la representación, quizás dejando de lado el de la expresión.

Paradójicamente, esta exacerbación de la fotografía digital hacia la representación fiel y detallada de la realidad nos ha llevado a la instauración de mundos recreados falsos (sin entrar en la relación que esto puede tener con la publicidad o su uso masivo en Internet). Una de las grandes ventajas de la fotografía digital es que permite una sencilla y eficaz manipulación de las imágenes, lo que ha convertido en cotidiana esa realidad corregida y retocada, cuyo afán de perfeccionamiento nos hace preguntarnos si verdaderamente pretende ser fiel a la visión humana o, más bien, lo que busca es superarla.

En mi trabajo hago uso tanto del soporte digital como del fotoquímico, del que me interesa precisamente esa aleatoriedad inherente y que se escapa a nuestro control, esos errores que proporciona la materialidad de la película, que normalmente suelen ser tratados como fallos y por lo tanto son arreglados, corregidos y escondidos. En mi trabajo, estas sorpresas fortuitas son parte de la imagen, aludiendo al respeto por aquello que normalmente es considerado una interrupción de la belleza a pesar de ser innato, y aludiendo a la no domesticación de lo otro, dejándolo, de esta forma, ser como es. El error es un elemento indispensable pues, de hecho, ofrece fidelidad a la realidad. Así, no se trata de una búsqueda de lo excepcional e inalcanzable, cuyo reconocimiento produzca una suerte de goce por la sensación de (auto)conservación y superioridad, sino que se trata de abrazar con entusiasmo lo indómito del medio.

Carla Andrade
Montaje expositivo de Kuch Nahi, de Carla Andrade
Galería Sargadelos, Vigo, España, 2017

Santiago Escobar-Jaramillo

Me parece provocador pensar en distancia focal esa mirada amplia integrada a sistemas simbólicos y sociales (de gran angular), versus una mirada acotada o de especificidad (de teleobjetivo), especialmente porque la fotografía ya dejó de ser consecuencia del artefacto, que privilegia el uso de la cámara, y porque amplió en cambio su devenir a otras prácticas, técnicas y resultados. Esto tiene que ver con el hecho de que la práctica fotográfica piensa la imagen como idea, más allá del producto análogo o digital de la fotografía. La imagen, es lo etéreo, el enigma, esa nube platónica que no se agarra, pero que se imagina y se recuerda. Pienso en Nada que ver de Sub cooperativa,[^3] donde Gisela Volá y Nicolás Pousthomis invitan a “un programa para ver con los ojos cerrados”, y me parece fascinante pensar la imagen desde lo no visto; desde la posibilidad de reconstruirla en la mente, como cuando imaginamos personas y animalitos en escenarios fantásticos y podemos describirlo a la perfección hasta que nos damos cuenta que estamos habitando un sueño.

[^3] Sub es una cooperativa de fotógrafos(as) integrada por Gisela Volá, Nicolás Pousthomis, Gerónimo Molina, Verónica Borsani y Olmo Calvo Rodríguez.

Si se trata de observar la imagen y experimentarla en su condición física, desde lo real, entonces vamos a México y apreciemos el trabajo de los hermanos Klint, Gerardo y Fernando, quienes van más allá de la imagen y piensan la fotografía como una vivencia del cuerpo en el espacio, una multiplicación de luces, sentidos y percepciones sensoriales en sus muestras. Ambos expanden la condición genérica que hemos asumido de forma recurrente por la fotografía.

Para finalizar, existe un momento que recuerdo mucho al visitar una exposición en Gasworks del colombiano Óscar Muñoz mientras cursaba mi maestría en Londres. Estaba recorriendo la muestra y observé varios platos metálicos o espejos dispuestos en la pared sin ninguna imagen impresa o con uso aparente, hasta que me aproximé muy de cerca para observar, y repentinamente el vaho de mi aliento, reveló imágenes de personas desaparecidas en Colombia. Para mí, esa fue una experiencia muy potente y reveladora, que me permitió entender la no-imagen, la importancia de lo participativo y una invitación para pensar la fotografía de forma expandida.

Santiago Escobar-Jaramillo
Santiago Escobar-Jaramillo, fotografía del proyecto Colombia, tierra de luz, 2009-2019

Enrique Lista

Me permito hacer una última intervención breve, intentando no ocultar sino destacar la pertinencia (y la belleza) de la última obra citada por Santiago: el aliento que revela la imagen me hace pensar en la palabra viva, la que también precisa aún el aliento de quien la pronuncia. Creo que algo de ella permanece en este diálogo en el que nos hemos ido respondiendo de forma encadenada, a modo de intercambio abierto. Puede que del mismo hayan quedado aquí palabras menos conclusivas que las de un texto previsto desde su inicio, pero creo que también queda en ellas la capacidad de la apertura, la capacidad para apuntar sugerencias de expansión para nuestro pensamiento… esté o no relacionado con aquello que, ya sin dogmas, aún llamamos fotografía.


Carla Andrade (Vigo, España, 1983) se forma en la Universidad de Salamanca y la Goldsmiths University de Londres, además de estudiar Filosofía por la UNED. Ha expuesto individualmente en diversas capitales europeas (principalmente en España, Francia y Portugal) y ha participado en muestras colectivas y residencias artísticas por todo el mundo, siendo el viaje a lugares remotos y la relación con los paisajes vacíos uno de los ejes de su trabajo artístico.

Santiago Escobar-Jaramillo (Manizales, Colombia, 1979) tiene formación en arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia y fotografía en la Goldsmiths University de Londres. Con una larga trayectoria en el ámbito de la fotografía y con actividades expositivas por todo el mundo, sus proyectos más personales se dirigen a la reconstrucción social en las comunidades que habitan lugares de conflicto. También desarrolla labores como editor y está implicado en diversos proyectos colectivos vinculados a la fotografía.

Enrique Lista (Malpica de Bergantiños, España, 1977) se doctoró en Bellas Artes (Universidad de Vigo) con una tesis sobre la introducción de la Fotografía en el Arte Contemporáneo gallego. Desarrolla actividades profesionales en los ámbitos de las artes plásticas, la fotografía, el diseño gráfico, la docencia, la gestión cultural y la edición, además de colaborar en proyectos como ffoco, Festival de Fotografía da Coruña. Es autor del ensayo Voz en off. Relatos en torno a los fotográfico (Muga, 2020).