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Ros Boisier: “A través de la oscuridad pretendo intuir la profundidad en la imagen, su trasfondo oculto”

Alejandro León Cannock
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Para quienes ven en la creación artística una actividad educativa y política de primer orden, la publicación de un fotolibro es una forma de resistencia y un motivo de esperanza porque el tiempo y la imaginación puestos en estos universos de papel nos invitan a sentir y pensar el mundo al margen de los imperativos de eficacia y productividad del capitalismo y a soñar, gracias a ellos, con mundos posibles.

Inside, el nuevo fotolibro de Ros Boisier (Muga / Ediciones Posibles, 2024), nos transporta a un universo que, emergido de las sombras, nos confronta a la mismidad de los objetos. Detrás de la condición aparentemente tautológica de estas imágenes (lo que ves es lo que es), las fotografías de Boisier están habitadas por una grieta que les otorga una dimensión espiritual profunda convirtiéndolas así en un espacio-tiempo de encuentro que opera para los espectadores como superficie de proyección (inconsciente e) imaginaria. Ante las imágenes de Inside, nos asalta la sospecha de que por alguna misteriosa razón nos miramos a nosotros mismos. 

Observando las imágenes que componen Inside me parece que estas dan cuenta de lo que los investigadores Robin Kelsey y Blake Stimson llaman el ‘doble índice’ de la fotografía. Por un lado, atestiguan, como tradicionalmente se afirma sobre la imagen fotográfica, un referente singular en el mundo (el célebre ça a été de Roland Barthes), pero, por otro lado, estas imágenes señalan de forma insistente al lugar desde el que las fotografías han sido realizadas. Son, por ello, índices no solo del mundo externo, sino también del mundo interno, de la vida, del cuerpo, de la mirada, de quien fotografía. Te lanzo, entonces, la pregunta Ros. ¿Qué muestra esta serie de fotografías a través de sus decisiones estéticas, técnicas, temáticas, de tu manera de mirar el mundo?

Las fotografías de Inside las entiendo como imágenes atemporales que se activan al asociarse unas con otras: su totalidad sugiere el sentido poético del discurso visual y se fortalece de esta manera relacional de operar, también de lo existencialista y melancólico. La observación para mí es un acto poético en el que la perplejidad y el misterio me estimulan a imaginar mundos posibles. En lo posible, intento expandir y experimentar con lo fotográfico, lo emocional y lo político.

Para mí la fotografía apela más al ‘estar siendo’ que al ‘esto ha sido’. Me interesa el estado intermedio de aquello que existe en su transformación hacia la (inevitable) desaparición. El ‘esto ha sido’ alude a un pasado categórico más rígido a nivel simbólico. Prefiero pensar que aquello que fotografío está sucediendo y que, al mismo tiempo, yo también sucedo: los cuerpos comparten así la transitoriedad. El mundo interno y el mundo externo se fusionan y dan paso a un tercer estadio que se ajusta a esa atemporalidad de las imágenes, más relacionado con la lectura, con el sentido íntimo de quien mira.

En esta ‘fusión’ entre el mundo externo y el mundo interno, ¿qué espacio queda para el espectador, para ese otro que después mira tus fotografías? ¿Lo fotografiado sigue sucediendo en la mirada y el cuerpo del espectador? ¿Hay transitividad en esa experiencia posterior?

Sin duda, la transitividad en las experiencias de lectura de otras personas es tan relevante como los procesos anteriores que conlleva la creación del proyecto (y del libro). Es cuando el discurrir se hace cargo de la especulación y, por tanto, a través de la reflexión el espectador activa la búsqueda de un sentido propio. Lo fotografiado, que ha mutado del mundo exterior a la imagen técnica, sigue sucediendo en el espectador porque su nueva condición y apariencia permite que pueda asociarse con otras imágenes que pertenecen al mundo interior de ese espectador. Publicar es compartir, también es exhibirse. Me interesa que en ese ofrecimiento se genere un espacio imaginario de asociaciones simbólicas en el que conecten ambos mundos internos: el que propone Inside y el de las personas que se aproximen al libro. Por tanto, el espacio para (y del) el espectador sería ese ‘tercer estadio’ que surge de la fusión del mundo interior y el exterior que se sirve de la lectura y la interiorización de ideas, apariencias y sensaciones para prolongar su existencia. El libro, como objeto cultural, tiene el potencial de ensanchar el espacio del espectador y extenderlo en el tiempo. Así, su experiencia de lectura podrá expandirse más allá de la primera impresión.

Tus fotografías parecen constituirse como el nudo de varias tensiones, como espacios de indeterminación en los que se cruzan múltiples intenciones, según afirma Jacques Rancière sobre las imágenes que ‘dan a pensar’. Tensión entre el contexto y sus objetos, entre los objetos y sus formas, entre las formas y sus figuras, entre las figuras y sus límites, en fin, entre los límites y su abstracción. En ese camino que nos lleva del mundo de las cosas organizadas (cosmos) a su disolución en su propia materialidad asignificante (caos), tu fotografía propone una reflexión crítica sobre el estatuto ontológico de los objetos… Te planteo por ello la pregunta que tus imágenes me sugieren: ¿qué persigue tu fotografía al insistir sobre los objetos hasta casi deshacerlos? 

La pérdida y la desaparición de personas, objetos, lugares, épocas o modelos de vida forman parte de mis principales preocupaciones, en ello percibo la vulnerabilidad de la existencia de la que soy parte. La fotografía me permite reivindicar la permanencia de la memoria y el pensamiento y que perdure en los libros.

Pensar en la imagen fotográfica, en sus cualidades y limitaciones, en la percepción, la representación y referencialidad, estimula la conceptualización de estrategias que se expresan a través de la mirada, como un lenguaje aprendido que fluye espontáneamente. En Inside, la insistencia a la que haces referencia se manifiesta en la imagen fragmentada, en la descontextualización, en el aislamiento, también en la multiplicidad de las apariencias, en los desplazamientos que testimonian la inquietud de la búsqueda personal: la insatisfacción recurre a la insistencia. Intuyo en esta repetición el deseo de pensar colectivamente como una cualidad del discurso, una fortaleza que surge del conjunto de imágenes y que me permite generar tensiones que transciendan lo visual, que superen las apariencias y penetren en el mundo de los significados, lugar donde radica la memoria y el sentido que le atribuimos a las imágenes que nos habitan.

Tu respuesta me hace pensar en el acto/gesto de fotografiar ya no (solo) como una forma de fijar el tiempo para resistir a la muerte (como decían André Bazin y Roland Barthes), sino también (y sobre todo) como un intento de tejer vínculos significantes para resistir a nuestra soledad. No obstante, pareciera ser que ambas —la muerte y la soledad— son ineludibles. ¿Consideras que Inside expresa estas formas de resistencia?

Sí. La soledad, la desaparición y la muerte están presentes de manera transversal en el trasfondo de mi trabajo, son temas que me interesan. Pero ¿por qué nos resistimos a ellas si ambas son inevitables? La herencia judeocristiana y la cultura occidental han condicionado las formas de estas resistencias y la expansión del capitalismo se ha beneficiado de la necesidad del ser humano por llenar los vacíos existenciales, experiencias que a menudo nos resultan complejas de solventar. El consumismo, en toda su amplitud significativa, es el signo más evidente de la resistencia a la muerte y a la soledad y es la base de cómo entendemos la vida en la actualidad.

Mi interés por imaginar otros mundos posibles tiene que ver con el rechazo y la resistencia a ese consumismo voraz y con la ilusión de encontrar mi lugar en el mundo oponiéndome a lo socialmente establecido. La creación fotográfica me permite trabajar en torno a estas utopías. Quizás, una manera de resistir al sistema imperante podría ser, justamente, abrazar la soledad y aceptar la muerte como parte del privilegio de estar vivos.

Me parece que tus fotografías recurren, al menos, a tres recursos técnico-estéticos que te permiten realizar el trabajo de ‘deconstrucción del objeto’ que he mencionado: primero, el encuadre que selecciona (incluye/excluye) fragmentos de los objetos; luego, el flash directo (o la luz) que enfatiza las dimensiones de los objetos y, finalmente, el blanco y negro que homogeniza y reduce la información visual que nos ofrece la apariencia de los objetos. Esta constatación me lleva a preguntarte por los procesos de creación puestos en práctica en este proyecto: ¿cómo trabajas/elaboras las dimensiones técnicas, plásticas y estéticas de las imágenes que componen Inside?

Todo esto que señalas de mis fotografías fue incorporándose durante el proceso de aprendizaje que ha significado Inside. Comencé a fotografiar pensando en este proyecto en 2015 y durante todo este tiempo he podido experimentar con la imagen, pensar detenidamente en qué fotografiar (mientras lo hacía) y en cómo iban a verse esas imágenes o cuál sería su atmósfera. Por supuesto, ha habido propuestas que no han tenido mucho recorrido, que no maduraron bien. Todo el proceso ha supuesto, implícitamente, un acto de renuncia. Solo el tiempo puede darnos esta perspectiva.

El uso del flash aporta bastante libertad a mi práctica fotográfica. A nivel simbólico me permite descubrir una imagen diferente sobre la realidad exterior. Es una experiencia muy fotográfica la que me proporciona el trabajar con flash y eso me entusiasma porque es una manera de crear apariencias del mundo alternativas que me interesa explorar. El encuadre es bastante equilibrado. Por lo general compongo de una forma muy centrada y con la tensión de los márgenes llevada al límite. He trabajado conscientemente la fragmentación como recurso técnico, estético y simbólico que caracteriza a la fotografía, con ella puedo potenciar la confusión o la incertidumbre que suscita intuir el trasfondo de lo que vemos. Y la elección por el (por este) blanco y negro ha sido una decisión radical porque apuesto por altos niveles de oscuridad que le dan sentido al misterio que propongo y que interpreto como una dimensión paralela de mi vida cotidiana en la que ser (y no tener) lo significa todo.

Trabajar con tiempos prolongados me permite dar cabida a la duda como método para cuestionar lo realizado y depurar lo superfluo. Disponer de tiempo para distanciarme y analizar lo que estoy haciendo es muy importante para avanzar, aunque para ello haya tenido que desandar y renunciar a decisiones ya tomadas. Este proceso es indispensable para entender lo que hago, por qué lo hago y cómo eso me identifica.

En tu respuesta me llama la atención la manera en que describes la realización del proyecto a partir de expresiones como ‘proceso de aprendizaje’, ‘experimentar’, ‘pensar’, ‘duda como método’, ‘desandar, ‘renunciar’… El campo semántico del que provienen estas expresiones no es otro, me atrevo a decir, que el de la filosofía (en el sentido más noble del término). ¿En qué medida el trabajo fotográfico es para ti un ejercicio de pensamiento crítico y de transformación subjetiva?

Intento incorporar el pensamiento crítico en todos los aspectos de mi vida. No es una labor sencilla, pero, en la medida de mis posibilidades, a través de la observación y el análisis la ejercito. La creación fotográfica y la escritura sobre fotografía, mi formación en torno a la imagen fija y en movimiento y las lecturas filosóficas me han ayudado a que la transformación subjetiva forme parte importante de mi desarrollo personal y profesional. No siempre es un camino cómodo de recorrer, pero me resulta, en general, muy gratificante porque puedo proyectar una versión mejorada de lo que pueda hacer ahora o en el futuro y eso es estimulante.

La secuencia del fotolibro Inside pone en tensión el binomio categorial que más importancia ha tenido (para bien y para mal) en la construcción de la modernidad occidental: naturaleza/cultura. Al pasar las páginas del libro he tenido la sensación de desplazarme constantemente desde una ciudad cualquiera hacia un entorno natural cualquiera y viceversa, pero este viaje está siempre mediatizado por tu insistencia en la forma, en los elementos constitutivos de la imagen (líneas, luz/sombra, texturas, campo/fuera de campo, etc.). Este privilegio de la forma fotográfica sobre el tema fotografiado me lleva a preguntarte: ¿cómo se constituyen en tus imágenes las relaciones entre la naturaleza y la cultura, sabiendo que la ‘cultura’ es un fenómeno natural propio del ser humano y que la ‘naturaleza’ es una construcción cultural también elaborada por el ser humano?

La naturaleza me atrae especialmente y en Inside ha estado muy presente su representación desde el comienzo. En los entornos naturales encuentro un espacio de recogimiento que he ido apreciando y cultivando con esmero. Esté donde esté, lo natural se expresa en su estado salvaje, sin embargo, el ser humano ha decidido coartar su carácter indómito y eso nos lleva a ser testigos de una naturaleza humanizada condenada al fracaso, también al absurdo. Este afán de control del ser humano es una muestra definitiva de la evolución de nuestra especie como ser dominante que nos obliga a vivir con las consecuencias de los actos colectivos históricamente arraigados en la cultura de las diferentes sociedades. La frustración con la que observo la gestión (pública y social) de los lugares que habitamos me ha permitido generar tensiones entre dos mundos aparentemente separados, aunque yo los entiendo como parte indivisible de un mismo universo, por eso mi propuesta visual no busca sus diferencias. Todas las fotografías en que lo natural es el motivo principal de la imagen han sido realizadas en entornos controlados y dominados por el ser humano. Esto dice mucho sobre quiénes somos.

¿Consideras que la representación fotográfica podría ser criticada como un medio con el cual el ser humano ha buscado controlar la realidad para ponerla a su servicio?

No solo la representación fotográfica. El ser humano ha puesto a su servicio ‘todo’ lo existente y lo imaginable, aunque esto perjudique a todos los seres vivos y al medio que posibilita la vida. Mediante el uso de la imagen técnica, la representación ha respaldado los relatos de poder que han moldeado la idea global que tenemos de las sociedades en las que habitamos. En gran medida esto se debe, me atrevo a decir, a que desde muy pronto confiamos que la fotografía era la imagen de la realidad y nos volvimos aún más susceptibles a ser engañados y manipulados. Me parece necesario cuestionar el modelo social y económico en el que la representación fotográfica y la difusión de sus, paradójicamente similares, millones de apariencias son un eslabón más de sus síntomas y consecuencias.

La pregunta que te he hecho acerca de la ‘forma’ en fotografía me hace pensar en la proximidad que existe en algunas de tus imágenes con la fotografía de Aaron Siskind y de Minor White en la manera en que, precisamente, ellos abordan los objetos, la diferencia naturaleza/cultura, a través de un trabajo sobre la forma y la deconstrucción del objeto (y de la abstracción). ¿Reconoces la influencia de estos fotógrafos en tu trabajo? ¿Qué otros autores han marcado tu manera de hacer imágenes?

Soy una habitual espectadora de fotografía, especialmente de autores contemporáneos que son los que más me interesan y con los que me siento identificada. Los fotógrafos que mencionas los siento muy lejanos. Aunque ‘exista proximidad’ entre sus imágenes y las mías, no reconozco su influencia.

En los últimos años he seguido de cerca la obra de algunos autores a través de los libros que han publicado. Es muy importante para mí la lectura y el análisis de los fotolibros de estos (y otros) autores para tener un mayor conocimiento de cómo han ido desarrollando su fotografía y la manera de plasmar su trabajo en soporte papel. El trabajo de André Cepeda, António Júlio Duarte, Nicolás Wormull o JH Engstrom, entre otros, lo tengo muy presente como referencias estéticas. Combatir la nada, el fotolibro de Leo Simoes que publicamos con Muga en 2015, ha sido una referencia inicial, cercana y fundamental. Quizá la que más me ha influenciado estética y emocionalmente.

Los imaginarios visuales se construyen a partir de diversos universos creativos. El producir imágenes es solo una muestra (no menor) de una confluencia de múltiples referencias que influyen en quién soy como creadora. No es posible entender lo que hago sin la influencia del cine de Krzysztof Kieślowski, David Lynch, Éric Rohmer o Kelly Reichardt y las lecturas de Chantal Maillard, Annie Ernaux o Kenzaburō Ōe, entre otras tantas obras literarias y cinematográficas que han ampliado mi mundo y expandido mi manera de pensar.

El historiador Jean-Claude Lemagny, quien fue director del Departamento de Estampas y Fotografías de la Biblioteca Nacional de París durante casi treinta años, decía que lo fundamental de la fotografía no era, como suele pensarse, la luz. Para él la fotografía no es el ‘arte de escribir con luz’, sino más bien el trabajar la materialidad, el tiempo y la potencia que (se) constituyen (en) las sombras. Mientras observaba el libro no podía dejar de pensar que tu propuesta nos invita a habitar la sombra… la sombra como elemento plástico de las imágenes, como elemento simbólico en nuestra cultura y, por qué no, como elemento psíquico en el alma. ¿Qué papel juega la sombra en Inside? ¿Cómo habitas fotográficamente el espacio de indeterminación que te ofrece lo oscuro?

En las densidades de la sombra radican las distintas escalas de profundidad que tiene el abismo, entendido como ese espacio indefinido en el que la oscuridad ejerce de refugio para observar la vida fuera de mí misma, desde la incertidumbre, al margen de lo absoluto en una zona movediza integradora que siempre estoy dispuesta a experimentar, aunque cada vez con mayor precaución. Esta es la esencia desde la que ha sido creado el inside que he cultivado, probablemente, durante toda mi vida. Por tanto, la sombra es tan importante como la luz que permite su existencia. Habitar lo oscuro como tempo emocional y atmósfera visual es una vivencia que surge de forma espontánea, que practico con la mirada y que intento proyectar a través de la fotografía. Adquirí la fascinación por la sombra en mi infancia por el cine que veía en los noventa, cuando aún no sabía lo que significaba el misterio (aunque lo pudiera percibir) y cómo mi interés por él iba a permanecer conmigo. Desde entonces me atrae percibir la tensión que genera la sombra, esa sensación que me expone a lo inesperado y que me sitúa dentro de una práctica inquietante muy exigente.

A través de la oscuridad pretendo intuir la profundidad en la imagen, su trasfondo oculto. Las transiciones entre luz y sombra las imagino como un medio a través del cual conectar con las inquietudes, sensaciones y emociones de las personas que se aproximen a Inside. Quizás la invitación a habitar la sombra pueda entenderse por el carácter especular que puede tener mi trabajo, en el que la sensibilidad del otro se proyecta en las fotografías. Así, cada cual habita la sombra, eso sí, su propia sombra.

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