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Un libro de primera categoría: ‘Salteños’, de Florencia Blanco siguiente

Martín Bollati Comentarios

Existen cuatro tipos de libros de fotografía:
1. Libros que narran una historia.
2. Libros que narran un concepto.
3. Libros que narran un medio (si cuentan su Historia, pasan a ser de los primeros, al menos que lo hagan encerrándonos en ella y en ese caso pasan a ser de los segundos).
4. Libros que narran un juego.

Los libros de fotografía que narran historias son los libros clásicos que secuencian una imagen después de otra para aprovechar sus resonancias. A través del montaje construyen un relato. Son libros que se asemejan en su proceder al cine porque en ellos saltan los planos, pero se mantiene la continuidad. Pueden tener lomo fijo o algún sistema de encuadernado movible, da igual. Lo que los diferencia del resto es que usan solamente sus imágenes para contar una historia.

Los libros que narran concepto suelen ser libros enroscados. Lo que prima en ellos no es la voluntad de dar a conocer tal o cual historia, sino poner a prueba una idea. En general son libros duros, arriesgados. Detrás de su frecuente tedio, puede haber buenas reflexiones. Abundan en el campo de la fotografía porque como este tipo de imagen sale de una máquina, está llena de problemas deliciosos para pensar.

El tercer caso, el de los libros que narran medios, es fácil. Este tipo de publicación intenta contar a la fotografía o al libro como dispositivo o, en el mejor de los casos, a los dos a la vez. Son libros metalingüísticos y cuando están bien hechos son un goce para quienes disfrutamos de la lectura porque la retuercen y la llevan a su propio ombligo. Es extraño leer algo que se cuestiona a sí mismo y por eso son libros muy difíciles de hacer bien.

El último tipo de libros, los que juegan y hacen una fiesta de ello, son un fiasco. Aunque supuestamente quieren contar una historia, en realidad uno se pierde en su pomposo show de (mal) diseño, por las innecesarias vueltas, y lo último que se ve y disfruta son sus fotografías o la historia que estas pretendían contar. Parecen libros hechos para lucirse en plataformas de consumo, como las redes o muchas de las ferias gráficas que gentrifican la ciudad, en las que se premia la novedad y la risa corta. No me mal entiendan. Hice una carrera entera de defender la premisa del juego. Es una palabra sagrada, pero en mi diccionario significa utilizar los desvíos que produce el desvarío lúdico para poner sistemas en crisis. Jugar de verdad es usar mal las cosas para proponer otras. Jugar solo para mostrarse es ego y nada más. La mayoría de las veces deja en evidencia que el autor no posee esa inteligencia que tanto quiere ostentar.

Por supuesto que en muchos de los libros publicados hay hibridaciones y pocos son de un solo tipo. Una vez el artista Manuel A. Fernández me dijo que sus libros favoritos eran esos que contaban una historia y a la vez, casi sin darse cuenta, contaban algo del medio fotográfico. A partir de ese momento, pasaron a ser mis favoritos también.

Toda esta introducción es para decir que el libro Salteños, de la autora francoargentina Florencia Blanco, es un libro que entra en la primer categoría de lleno, porque usa fotos para contar una historia. Y lo hace muy bien. Creo que ilustra de forma muy justa de lo que es capaz un libro que trabaja su relato con un soporte clásico. Publicado en 2009 como parte de la fundamental Colección Fotógrafos Argentinos de Gabriel Díaz, es un secreto libro perfecto que quienes oficiamos la lectura como práctica profesional compartimos con resguardo. Es un libro tan simple, pero tan bien realizado, que a veces da pudor confesarlo como favorito entre tanto libro enorme o importado dando vueltas. Extraña su presencia en el canon argentino de libros de fotografía, lamentablemente poco poblado. En esta tierra hay mucha impresión de letras, pero no tanta de imágenes como uno quisiera. También abunda nombrar la capital y no tanto la presencia clara del norte contado con tanta soltura. ¿Cómo viste, Florencia Blanco, esa Salta de perro manco y livings ostentosos? ¿A quién se le ocurre cruzar esos ríos poblados de gente del mismo color que el agua con camas hendidas en habitaciones de otro tiempo? ¿Y la ternura del principio? ¿Y la ternura del final? Un mimo y una siesta y en el medio el retrato de una sociedad que sucede entre tradición cristiana y el carnaval. Qué festejo que es leer libros así, de primera categoría pura.

Florencia, a tu libro solo le cambiaría la tapa. Creo que construye un engaño que no lleva a ninguna conclusión, pero digo esto nada más que para molestarte con algo, porque la verdad es que sueño algún día, cuando tu maravilloso libro se agote (que crimen que un libro así no haya volado de las estanterías), en volverlo a publicar.

Autor: Florencia Blanco
Editorial: Dilan Editores, Colección Fotógrafos Argentinos, 2009
64 páginas
20 x 24 cm


Contenido producido en colaboración con Sed Editorial,
sello editorial argentino especializado en fotografía

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