Intuiciones y silencios de una ‘performance’ incómoda
Ros Boisier
De las muchas maneras que existen de aproximarse a un libro intuyo que la experiencia silenciosa, sin conocimiento previo, es la más adecuada para leer Frowst, de Joanna Piotrowska. Al reafirmar esta posibilidad, me propongo reflexionar sobre esta publicación desde lo que no comprendo y me inquieta; desde lo no dicho en el libro, al menos con palabras.
Lo incomprendido, lo sugerido y lo no dicho: hacia un mismo sentido
En las páginas de Frowst no hay apenas palabras que den respuesta a la incertidumbre que suscitan sus escenificaciones: sí alusiones, sí un cierto misterio. Las fotografías de Joanna Piotrowska motivan la regresión hacia situaciones e imágenes familiares, por reconocibles. Sin embargo, algo no encaja. La primera lectura manifiesta la inquietud de no distinguir del todo lo que estamos viendo, de no reconocer los roles que representan esas personas ni lo que hacen o si algo les ocurre: la tensión es sistemática en el relato. La imprecisión que confunde la visión y el entendimiento nos deja la puerta entreabierta hacia una experiencia de lectura exigente y sensible, un desafío por observar las subjetividades y emocionalidades recreadas a través de fotografías.
Prescindir casi por completo del uso del texto es una decisión acertada para potenciar la incomodidad, la incertidumbre y el misterio que transmite la propuesta visual (y escénica) de Piotrowska. Ante la ausencia de la palabra, el título del libro ejerce de indicio y clave de acceso. El término frowst alude, en un inglés coloquial y en una interpretación libre, a un ambiente cálido y sofocante dentro de una habitación, a un lugar que puede ser acogedor y al mismo tiempo opresivo. Es así como el título nos permite intuir que la dualidad de las sensaciones y emociones que gobiernan el relato se complejizan. Me detengo aquí a observar el libro cerrado para marcar un comienzo que me permita desarrollar esta idea: libro negro de cubierta dura de formato casi cuadrado; el título en mayúsculas impreso en color plateado centrado en la parte superior. Es un libro pesado en relación a sus ‘pocas’ páginas. Destaco estas tres palabras, ‘negro’, ‘duro’, ‘pesado’. Continúo… Abro el libro y aprecio que con la textura del papel de la guarda (negro) se pueden establecer algunas similitudes con las paredes de una casa, posiblemente de madera. Apunto ‘casa’. A continuación, dos fotografías dispuestas como un prólogo visual, fotografías casi idénticas que me permiten unir ya algunas conjeturas al respecto de la dualidad insinuada: en un primer plano las manos de una mujer adulta rodean levemente el cuello de una mujer joven (¿una madre y una hija?). En la primera imagen la joven esboza una sonrisa que en la fotografía siguiente se disuelve, algo cambia, pues en su lugar un gesto serio proyecta desconfianza. Sumo ‘madre’, ‘hija’, ‘cambio’ y ‘desconfianza’ a la lista de palabras clave.
Entre la información reunida en la cubierta, el (posible) significado del título, la textura de la guarda y los detalles de las dos primeras fotografías se establece un vínculo de contexto y concepto. Las palabras clave nos ayudan a dilucidar que el lugar acogedor y opresivo en donde se percibe un ambiente cálido y sofocante es un hogar familiar en el que cada miembro de la familia adopta jerarquías según su condición (madre, padre, hijas, hijos, etc.) e influye en los demás, en sus pensamientos, emociones y conductas en la medida que su poder sobre el otro se lo permita. Entonces, ¿son fotografías familiares las que Piotrowska nos ofrece?, podrían serlo, aunque me reafirmo: algo no encaja.
La quietud fotográfica funciona como un recurso a favor del discurso; me explico. Los gestos de las personas fotografiadas son en general poco naturales, algunos cuerpos se perciben forzados por alcanzar posturas incomodas poco comunes. Son cuerpos tensos y teatrales que establecen contacto interpersonal en escenas representadas en un contexto hogareño. Las posturas corporales sugieren una extrañeza performática, como si fueran la manifestación visible de afectos asfixiados que sólo pueden ser evocados de este modo por la fotografía, su quietud intensifica la tensión y el extrañamiento.
¿Por qué me inquietan estas escenas? Posiblemente se deba a la discordancia entre los roles familiares y las edades de las personas que los caracterizan. Si asumimos que los adultos (de más de 50 años) personifican a las figuras maternas y paternas y que todos los demás jóvenes son hijos y hermanos, estaremos otorgando a sus roles un cierto comportamiento social reconocible que aquí no se corresponde, por tanto, y según este razonamiento, sus gestos parecen estar desfasados en el tiempo. Son padres, son hijos, pero las imágenes tienden a confundirnos porque desde nuestro sesgo cultural no aceptamos que la relación entre padres e hijos, hermanas, hermanos, todos adultos, se nos presente con una espontaneidad infantil tan difícil de interpretar con naturalidad por los adultos. Dicho de otro modo, los gestos y las poses no se corresponden a las edades de los fotografiados más jóvenes y quizás sí, a quienes interpretan.
En la página de los créditos, Joanna Piotrowska advierte a los lectores: “All characters appearing in this work are fictitious”. De la cita destaco ‘personajes’ y ‘ficticios’ para seguir vinculando las palabras clave que constituyen este relato que, críptico y silencioso, avanza hacia un mismo sentido. Si la autora sitúa este mensaje en la última página del libro, fuera de la secuencia fotográfica, pienso, se debe a una sugerencia que propicie una nueva lectura más entendida, reconociendo, ya sin sospecha, que las personas de las fotografías interpretan un papel como personajes de una ficción.
Piotrowska parece saber muy bien lo que hace y el efecto de desconcierto que produce en sus lectores, pues nada parece haber quedado sujeto a improvisaciones: ni el casting, ni las escenas, ni los lugares en los que todo ocurre. Los números romanos que sitúa junto a cada fotografía también son parte de su buen hacer. Esta numeración de las imágenes son un elemento del discurso que constituye orden y tiempo, una linealidad que en este caso ha sido reestructurada a partir de otros parámetros que la autora ha considerado más relevantes que los que puede estimular lo cronológico, quizás Piotrowska nos ha dejado estas señales como registro latente hacia otras posibles secuencias. No obstante, la de Frowst es una estructura incompleta: la autora no sólo rompe con la temporalidad de la numeración de las fotografías, sino también omite imágenes (números) para situarnos ante la tesitura de la ausencia como recurso retórico. ¿Qué significará la discontinuidad de la secuencia, la ausencia de fotografías?, ¿nos remiten a una memoria selectiva de los recuerdos y, por tanto, al olvido? ¿Por qué Piotrowska nos enseña estas imágenes y no otras?, ¿qué es lo que no quiere mostrarnos? ¿Las fotografías omitidas reafirmarán este relato o nos mostrarán otra versión de la misma historia? ¿Cambiaría el sentido del relato si ordenamos las imágenes según su numeración?
Aunque no consiga hallar las respuestas ni corroborar las conjeturas de mis observaciones, la aproximación a una reflexión basada en indicios e intuiciones, acertadas o no, sobre lo incomprendido y lo sugerido del relato de Joanna Piotrowska, ha sido el estímulo del análisis discursivo y el sentido de la intriga su misterio visual. Paradójicamente, la información necesaria para terminar de vincular las interrogantes y demás percepciones con las palabras clave que he reunido a lo largo del texto (‘negro’, ‘duro’, ‘pesado’, ‘casa’, ‘madre’, ‘hija’, ‘cambio’, ‘desconfianza’, ‘personajes’, ‘ficticios’) se encuentra fuera del libro a modo de sinopsis (en la página web de MACK, por ejemplo), en un texto expandido de la publicación. Se trata de la base argumental de esta obra fotográfica y de unos lineamientos relevantes para dar sentido a las alusiones y para precisar la comprensión del discurso, ya que en ella se da a conocer las referencias, la metodología y los estímulos de la autora.
Entiendo que Joanna Piotrowska no incluyera en el libro que para elaborar las escenas de Frowst se hizo eco de la dinámica de ejercicios y gestos empleados en el método psicoterapéutico Family Constellations, de Bert Hellinger, con el que se intentan resolver traumas familiares, pues, probablemente, la tensión incómoda que transmite y la atmósfera teatral de sus fotografías se habría visto afectada por la concreción de las relaciones y las palabras, que, sin duda, enriquecen el discurso. Esta observación nos permitirá seguir pensando sobre los modos de lectura de los fotolibros mudos y en la información sobre ellos que los autores y las editoriales ponen a disposición en sus páginas web y cómo esta influye en nuestra lectura.
Cómo citar:
BOISIER, Ros, “Intuiciones y silencios de una ‘performance’ incómoda”, LUR, 22 de septiembre de 2020, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/frowst
Joanna Piotrowska (Varsovia, Polonia, 1985). Su trabajo fotográfico se centra en las estructuras familiares y su relación con la política, la economía, la vida social y cultural. Piotrowska explora el pasado y el presente, mostrando todas las desigualdades de poder y drama psicológico, y traduciendo los gestos y los comportamientos íntimos cotidianos en nuevos escenarios para mostrar la ansiedad y la tensión psicológica del espacio doméstico, más como un documento de una performance que como una imagen documental.
Ros Boisier (Temuco, Chile, 1985) se dedica a la escritura, a la creación y a la producción editorial en el ámbito de la fotografía. Sus investigaciones ahondan en la reflexión sobre la existencia y el territorio y en los usos de la imagen fotográfica en los discursos visuales. Es licenciada en Comunicación Audiovisual y máster en Producción e Investigación en Arte. Autora del fotolibro Pérdida (Muga, 2015) y directora de una investigación sobre la experiencia lectora de fotolibros cuyo resultado fue el libro De discursos visuales, secuencias y fotolibros (Muga, 2019), en LUR firma principalmente entrevistas y reseñas de fotolibros.
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