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Nueva Galicia. Lecturas posibles

Enrique Lista

El olor a caucho vulcanizado tiene evocaciones menos delicadas que el aroma de una magdalena. Puede traernos recuerdos de cierto taller de automóviles o de la reparación de algún pinchazo de bicicleta en una tarde de verano. La memoria solo puede recuperar pequeños detalles en un limitado almacén de experiencias concretas, dejando grandes zonas ocultas en el olvido personal o colectivo, como las historias de ese caucho que olemos con el fotolibro Nueva Galicia de Iván Nespereira entre las manos.

Puede que no sea la primera vez que nuestra experiencia de un libro comienza por su olor, pero en este caso es tan poco frecuente como la materia pesada y flexible de la cubierta. Su textura y tono irregular se disputan el protagonismo con el título, serigrafiado en negro sobre negro. Un alambre de encuadernación con apariencia de latón une esta lámina de caucho al grueso cartón gris de la contracubierta, libre de textos o imágenes, reforzando aún más la presencia de los materiales en el exterior del libro. En el interior, se ordenan sus 120 páginas, en 60 hojas de papel de 140 gramos. En dos de ellas, unas solapas de plástico sostienen sendos anexos documentales: un pliego en papel blanco y un cuadernillo de 16 páginas en papel rosa pálido. Finalmente, un corchete de latón mantiene unidos al interior de la contracubierta otros dos anexos, cuadernillos similares al anterior. Esta anatomía da soporte a 70 fotografías y diversa documentación adicional, gráfica y textual.

En la secuencia de imágenes y registros de información se producen saltos rítmicos, geográficos y temporales: un movimiento pendular entre la selva tropical y un invernadero victoriano, entre el Amazonas y el Atlántico, entre las migraciones del caucho y el viaje del autor siguiendo su rastro. En las páginas del libro, tres de estos movimientos se enmarcan entre las dos mitades de un retrato, acertada forma de dividir la imagen de identidades divididas. En los anexos (que pueden manejarse exentos), el movimiento se da entre tiempos históricos que, a su vez, pueden acompañar nuevos diálogos con las páginas principales. El primero de esos anexos ejemplifica de forma clara esta lógica de contraste binario: en un único pliego de papel, el mapa de la parte alta de la Cuenca Amazónica ocupa una cara, mientras que el plano de los Jardines Botánicos de Kew en Londres ocupa la otra.

Como puede intuirse, la edición del fotolibro Nueva Galicia implicó un largo proceso de investigación, desarrollado a lo largo de siete años, en paralelo a la construcción de un archivo documental que será gradualmente liberado por el autor. Parte de esa información de archivo se mostró en la exposición Nueva Galicia: arquivo, en la sala La Nautilus (A Coruña), durante el verano de 2018. Allí pudo verse un gran damero con reproducciones de viejos anuncios coincidentes con el auge de los productos basados en el caucho, grabados de maquinaria de la industria de esta materia, fotografías de manuales sobre su cultivo… Pudieron verse también vitrinas que contenían libros relacionados con la extracción del caucho, muestras del mismo y semillas del árbol que lo produce (hevea brasilensis), pero pudieron verse sobre todo mapas, comienzo de toda historia interesante para Nespereira (la primera imagen del libro tenía que ser esa). A pesar de esta diversidad de registros de información y de la selección de algunas de las fotografías del libro, dispuestas sobre la pared en diversos formatos, lo mostrado no dejaba de ser la punta del iceberg de un proyecto mucho más amplio, que también ha sido el origen de una película documental del mismo autor y título del fotolibro, presentada en 2017 en los Festivales Internacionales de Cine Curtocircuito (Santiago) y OUFF (Ourense), y exhibida también en 2018 en el Festival PlayDoc (Tui).

Volvamos ahora sobre lo material, volvamos sobre el caucho de la cubierta del libro para seguir tejiendo el relato de Nueva Galicia: en un salto de plano, volver sobre el caucho es también volver sobre las generaciones de gallegos que, como otros europeos, emigraron a la Sudamérica más tropical entre finales del siglo XIX y principios del XX, atraídos por la prosperidad de la industria de esta materia prima. Volvamos también sobre el alambre que une las páginas del libro, dándole el aspecto de un cuaderno, en este caso, un cuaderno de viaje.

Considerado como género narrativo, la prioridad del cuaderno del viaje no es el orden sistemático sino el temporal. Registra un devenir concreto, con sus avatares e imprevistos, pero siempre en los límites de lo posible. No especula más allá. No ilustra una estructura predeterminada. Da cuenta de lo que sucede, no lo encaja en una cuadrícula. Esto implica también una forma de narrar, con gran tradición tanto para textos como para imágenes. Pensemos en la construcción de los álbumes de familia, práctica en vías desaparición, y pensemos en la gran cantidad de fotolibros que narran de esta manera, empezando con la más tópica de las referencias, el The Americans de Robert Frank. Contrastemos esto con los libros de los Becher, con el Autobiography de Sol Lewitt o con los Bilder de Hans Peter Felman, casos en los que podemos hablar de topologías visuales (tipologías en el caso de los Becher), en los que el tiempo queda expulsado, sistemas de cajas para embalsamar y clasificar lo que ya no se moverá. Podemos ver aquí paralelismos con ciertos discursos científicos o estéticos, pero también un claro contraste con la falta de sistematicidad del relato de viaje, aumentada cuando este tiene por destino lugares lejanos o evocadores. Nespereira rechaza la fascinación por lo exótico, pero también se desvincula de toda pretensión de academicismo científico. El orden de su relato es el caprichoso de los pequeños tesoros encontrados, más propio de los gabinetes de curiosidades que de los museos modernos a los que dieron origen. No es casual que los tres listados de referencias y bibliografía que aparecen en Nueva Galicia (uno en las páginas del cuerpo del libro y dos en los anexos 2º y 3º) sean también un pequeño repertorio de hallazgos, entre los que están al mismo nivel un mapa litográfico de 1904, un herbario ubicado en Lisboa, diversos manuales sobre el cultivo y explotación del caucho, el Fish History de Allan Sekula, documentos de inmigración o archivos de la familia Roldán.

Saltemos de nuevo al metalenguaje para señalar que este mismo texto sigue también la lógica del hallazgo. Es oportuno señalar aquí el de una modesta edición de El corazón de las tinieblas (Debolsillo, Barcelona, 2003), que incluye extractos del diario de Joseph Conrad en la región del Congo. En ese diario está el mismo clima que en la novela, el mismo calor espeso, plomizo e insano, el mismo delirio irreal en lo que a cada paso sucede, pero más desnudo, menos estetizado. El protagonista de la novela es, evidentemente, un alter ego del protagonista del diario. En el caso de Nespereira puede estar más clara la identidad de quien viaja, y en ambos casos (o en los tres), se trata de una búsqueda, remontando un río y remontando el tiempo. Es claro el paralelismo entre aquel adentrarse en la selva por el cauce del Congo y el hecho de que Nueva Galicia sea un enclave real situado en los orígenes del Amazonas, antes incluso de que este llegue a tener tal nombre. Señalado en un mapa que Magín Barcia muestra a Nespereira en Iquitos, aquel topónimo motiva la búsqueda del lugar, pero también de la memoria, la búsqueda de una pequeña vía muerta de entre las numerosas ramificaciones de la emigración gallega. Vidas varadas en la selva tras la extinción de una promesa de progreso.

Una avanzadilla del progreso es precisamente el título de otro relato de Conrad: dos colonos mercantiles, anclados en el pozo de la selva en servicio a la industria del marfil, esperando el barco de suministros que se retrasa, pero será la civilización lo que llegue tarde. La lucidez de Conrad sitúa en la selva una derrota de la humanidad, como Daniel Defoe situaba en otros espacios tropicales el triunfo del occidente colonial (subtítulo omitido de esa humanidad). Donde Robinson triunfaba y civilizaba, los personajes de Conrad y los (cada vez menos) gallegos que encuentra Nespereira en Iquitos y Nueva Galicia alcanzan, en el mejor de los casos, una forma de existencia vegetal, adaptada a su entorno, aunque sin poética armonía natural. En el anexo de Nueva Galicia dedicado al archivo de la familia Roldán se deja leer “La naturaleza… el peor enemigo del cauchero”. Ni siquiera hay rastro de un triunfo estético final como el del Fitzcarraldo de Wenrer Herzog.

La selva aún parecería tener el poder para corroer las utopías. Recordemos Fordlandia, el fracasado proyecto de Henry Ford, otra historia paralela a la industria del caucho. Cambiando el caucho por el azúcar, podemos recordar también Queimada, la película de Guillo Pontecorbo, para subrayar que los destinos de las personas que trabajan los paraísos rentables siempre se han jugado lejos de ellos, en las metrópolis. Esto descarga a la selva de su responsabilidad: si el comercio del caucho empujó a los europeos más allá del Atlántico, Nespereira también nos recuerda que las semillas de aquel árbol que poblaba la cuenca del río Amazonas cruzaron el mismo océano en sentido contrario, para ser luego exportadas a Asia y deslocalizar la producción de esta materia prima, disolviendo las promesas de riqueza que motivaron aquel primer éxodo. “Es el mercado, amigo”.

Último salto: la búsqueda de oro, en sentido literal o metafórico, es siempre un trabajo cruel. Solo la esperanza hace soportable una situación ruinosa y alimenta el esfuerzo constante por alcanzar un horizonte imaginario que no para de alejarse. Pensemos en buscadores de oro o pensemos en fotógrafos trabajando en sus proyectos de grandes (o pequeños) libros, esperando un reconocimiento que, para la mayoría, no llegará nunca. De vez en cuando puede encontrarse una pepita que no remediará la situación precaria, tal vez el premio (sin dotación) de una industria con la que no se pudo contar.

A pesar de todo, ni el buscador ni su esperanza son siempre ingenuos, y pueden tener frutos menos brillantes, pero también valiosos. A menudo la orilla es más interesante que la corriente principal.

Cómo citar:
LISTA, Enrique, “Nueva Galicia. Lecturas posibles”, LUR, 8 de abril de 2019, https://e-lur.net/biblioteca/nueva-galicia/


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