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Apuntes para una filosofía de la fotografía (I) siguiente

Mª Eulalia Martínez Zamora

“Verum tamen in imagine pertransit homo. (Pasa la vida del hombre en imagen)”

Salmo 38, David.

Es habitual que la fotografía como objeto de estudio sea analizada desde puntos de vista que redundan en su realidad histórica, técnica, búsquedas ópticas, cuestiones físico-químicas, perspectivas matemáticas, y fundamentalmente como herramienta de ayuda para la reproducción de la realidad con la mayor fidelidad posible. Si bien todas estas consideraciones son necesarias para la realización de cualquier estudio sobre el medio fotográfico, nada de ello hubiera sido posible sin una herramienta primordial para el ser humano como es el pensamiento, y sorprendentemente la mayor parte de análisis dedicados a la fotografía dejan de lado o al menos tocan de manera muy tangencial este tipo de cuestiones. Precisamente por ello es por lo que hemos preferido adentrarnos en terrenos pantanosos, por lo que tienen de especulativos, y realizar una aproximación desde una perspectiva más bien filosófica y reflexiva, a la manera de visión hermenéutica, para así poder adentrarnos en un análisis de tipo ontológico y etimológico.

Uno de los primeros estudios que se realizaron sobre filosofía de la fotografía, o al menos que utilizaron la formulación de filosofía de forma directa, fue el realizado por Vílem Flusser Una filosofía de la fotografía. El mismo título, ya de por sí, nos sugiere una actitud eminentemente reflexiva hacia el medio por parte del autor y en principio alejada de otras aproximaciones de tipo exclusivamente técnico y/o histórico. Si bien es cierto que, antes de él, existieron otros autores que abrieron la brecha desde perspectivas subjetivas o intimistas, como es el de Susan Sontag, Roland Barthes, o Walter Benjamin[^1] , entre otros.

[^1] Concretamente nos estamos refiriendo a las obras Sobre la Fotografía de Susan Sontag, La cámara lúcida de Roland Barthes, y La imagen en la época de su reproductibilidad técnica de Walter Benjamin. 

Su reflexión fundamental y que además sirve de punto de arranque al estudio se centra en la consideración de que el hombre […] no accede al mundo de forma inmediata, sino a través de las imágenes” (Flusser, 2001, p. 13). El autor habla de dos tipos de imágenes, las tradicionales o prehistóricas, y las técnicas o post-históricas; y aclara que “la imagen técnica es una imagen generada por aparatos” (p.17), complementando su definición de aparato diciendo que “se inventaron para simular procesos de reflexión específicos”; y que un aparato “es un juguete que simula el pensamiento” (p. 79).

En principio vamos a tomar de esta definición de Flusser la sugerencia acerca de la necesidad humana de generar objetos que permitan simular las funciones propias del pensamiento y que además haga perdurables y visibles las imágenes aunque de una manera radicalmente diferente de otras formas tradicionales como podría ser la pintura. En cualquier caso volveremos sobre su aparato fotográfico, ya que desde nuestro punto de vista establece una clasificación excesivamente simplista y maniquea al dejar de lado otras formas igualmente técnicas o al menos no tradicionales de obtener imágenes y que no pasan necesariamente por el aparato tal y como él lo define.

El otro punto importante a tener en cuenta en la filosofía fotográfica de Flusser es su peculiar y acertada reflexión sobre la necesidad de esclarecer la vida interior en cualquier crítica realizada sobre las imágenes técnicas. E independientemente de los interrogantes que nos plantea su definición de imágenes técnicas, en este momento vamos a incluir dentro de ellas todas las imágenes obtenidas mediante procedimientos fotográficos.

Flusser continúa afirmando que:

Ontológicamente las imágenes tradicionales designan fenómenos, mientras que las imágenes técnicas designan conceptos… en su superficie a modo de huellas dactilares, (es) el significado (el dedo) la causa y la imagen (la impronta) el efecto. El mundo al que aparentemente designan las imágenes técnicas se presenta como su causa, y ellas mismas, como el último eslabón de una cadena causal…síntomas del mundo, a través de los cuales se reconoce, aunque indirectamente, el mundo. (pp. 17-18)

Estas distinciones realizadas por el autor entre imágenes tradicionales e imágenes técnicas, nos parecen algo ambiguas y confusas, ya que la primera cuestión que se nos viene a la cabeza sería preguntar si entonces, y tal y como él parece plantearlo, las imágenes técnicas no designan fenómenos, entendido el fenómeno como una manifestación del mundo que nos rodea, ya que posteriormente él mismo habla de mundo como causa de las imágenes técnicas que además nos permiten ejercer un reconocimiento. No obstante, la consideración acerca de la naturaleza fenomenológica de la fotografía la dejaremos de lado en el presente artículo ya que lo que nos interesa destacar ahora es la aparición de dos conceptos básicos en cualquier análisis filosófico: ontología y etimología.

Consideraciones ontológicas

Mucho antes de la formulación de cualquier pregunta, existe un interrogante que se encuentra dirigido hacia la raíz de las cosas, hacia el origen mismo de su esencia, y es la pregunta por el ser, por el ser de los entes, del mundo en general… o lo que es lo mismo la ontología[^2] Heidegger se refiere a ontología como “aquélla indagación que se ocupa del ser en cuanto ser, pero no como mera entidad formal, ni como una existencia, sino como aquello que hace posibles las existencias” (Ferrater Mora, 2002, p. 2626).

[^2] Habría que matizar mucho más lo que supone la ontología dentro del ámbito de la filosofía, pero simplemente nos basta ahora con aclarar que no se pretende realizar una aproximación desde lo metafísico sino simplemente indagar en la esencia de lo fotográfico.

Por lo tanto, y sin pretender para nada incurrir en cuestiones metafísicas, las primeras preguntas que deberíamos de hacernos son: ¿cuál es la condición de posibilidad de la fotografía?, ¿qué es lo que hace a la fotografía ser?, o lo que es lo mismo, ¿en qué consiste el ser de la fotografía? Y sin lugar a dudas, por encima de cualquier consideración de índole técnico, hemos de afirmar que el elemento indispensable para que haya fotografía es la luz; sin luz no importa la química, ni la óptica; sin luz la cámara oscura no tiene razón de ser, puesto que lo que la hace ser lo que es, es precisamente su privación, la relación fundamental y opuesta entre luz y oscuridad.

Pero la pregunta de base sobre la luz nos lleva directamente a preguntarnos por el aparecer, por la visión, porque en este caso el ser está directamente relacionado con el aparecer, sin aparición no habría fotografía, sin visión la fotografía no existiría y ni siquiera tendría razón de ser, y esta razón fue precisamente la misma que guio los primeros análisis e interrogantes sobre el porqué de la visión, el porqué de las imágenes; imágenes físicas, visibles, pero incluso imágenes eidéticas, invisibles desde un punto de vista físico pero no mental, sueños, visiones oníricas, seres imaginarios,… Tradicionalmente los filósofos buscaron su razón de ser en los fenómenos de aparición y de visibilización, y en cualquier caso, sin luz, incluso sin luz interior, éstos no serían posibles.

Consideraciones etimológicas

La cuestión ontológica nos deriva inmediatamente hacia una forma fundamental de conocimiento como es el lenguaje. “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, esta afirmación de Wittgenstein[^3] da a entender la gran importancia del lenguaje en la relación que mantenemos con el mundo, ya que es la mejor forma en la que se manifiesta el pensamiento absoluto. Denominamos las cosas como entendemos que son en su ser, o sea, podría decirse que las cosas son denominadas atendiendo a lo que sabemos, creemos o entendemos acerca de su ser mismo de tal manera que un análisis etimológico nos llevaría a analizar las cosas desde un punto de vista lo más cercano posible a su origen.

El habla es el reflejo de cómo el ser humano entiende el universo, y de esta manera el logos/lenguaje se establece como estructura inteligible de la realidad. Pero el lenguaje no es sólo un asunto de relaciones sino también de pérdidas. Cuando hablamos de nombrar a la fotografía nos estamos además refiriendo a un mundo que albergaba una forma de pensar diferente a la que tenemos hoy día, donde la palabra fotografía resulta ser un término de uso común que se encuentra totalmente desprovisto de la sorpresa inicial que suscitó el hecho de tener que bautizar un nuevo descubrimiento. En esta dirección nos resulta muy esclarecedora una cita de Heidegger referida a la terminología griega y latina que nos parece un equivalente perfecto de lo que estamos diciendo acerca del nombrar. En El origen de la obra de arte, Heidegger realiza las siguientes consideraciones:

Esta traducción de los nombres griegos a la lengua latina no es en absoluto un proceso sin trascendencia, tal como se toma hoy día. Por el contrario, detrás de esa traducción aparentemente literal y por lo tanto conservadora de sentido, se esconde una tras-lación de la experiencia griega a otro modo de pensar. El modo de pensar romano toma prestadas las palabras griegas sin la correspondiente experiencia originaria de aquello que dicen, sin la palabra griega. Con esta traducción, el pensamiento occidental empieza a perder suelo bajo sus pies. (1995, pp. 15-16)

La clave de este texto estaría en la frase alusiva a la pérdida de la correspondiente “experiencia originaria de aquello que dicen”, y esto se ve de una forma muy clara en los primeros ensayos que se realizaron a la hora de nombrar el nuevo medio, y las dificultades de logos/lenguaje con la que se encontraron los pioneros de la fotografía.

Pero, ¿por qué hemos de centrar gran parte de nuestro discurso en cuestiones etimológicas si lo que queremos es hablar de fotografía? En la actualidad la palabra fotografía es un vocablo de uso generalizado y ya no nos paramos a pensar en la condición de las mentes que utilizó ese término por primera vez, y no otro, para definir un objeto absolutamente novedoso en su momento, un objeto, que si bien sí tenía precedentes abstractos en el pensamiento, aún no había sido materializado como tal, como objeto físico, es decir. Al existir como nuevo, no tenía adjudicado nombre propio; y a día de hoy hemos perdido la consciencia de los múltiples ensayos etimológicos que en un principio fueron necesarios para dar con un término que definiese claramente su ontología. Ante diferentes formas de entender el fenómeno, se utilizan diferentes etimologías.

[^3] Esta conocida premisa de Wittgenstein se encuentra recogida en la proposición 5.6 de su Tractatus Logico-Philosophicus del cual existen numerosas ediciones.

La gran importancia de la relación fotografía/lenguaje reside en que la fotografía es algo que aparece como nuevo en el siglo XIX, y es en esa búsqueda de identidad, en esa génesis del nombre donde se revela todo un mundo, toda una plenitud de pensamientos y de filosofías. El lenguaje fotográfico refleja la forma de pensar del individuo que lo utiliza, no es lo mismo la palabra Daguerrotipo que la palabra Fotografía, aunque pudieran referirse a la misma cosa en esencia. Poner nombre, nombrar, es en última instancia conocer la verdadera naturaleza, aceptarla y respetarla.

Si buscamos definiciones de fotografía lo que obtenemos es básicamente lo siguiente: procedimiento para fijar una apariencia luminosa mediante un medio óptico, operación de fijación de lo visible mediante la luz sobre un soporte que lo registra, escritura de luz, etc. En principio vamos a prescindir totalmente de la cuestión óptica, ya que la existencia de una cámara oscura no es condición necesaria para la obtención de una imagen fotográfica, y vamos a quedarnos simplemente con la literalidad etimológica de la palabra, la cual alude simplemente a escritura con luz[^4].

Si siguiésemos buscando definiciones del término, prácticamente todas coinciden en unos puntos fundamentales como son luz/apariencia/visibilidad. Y este significado está obviamente implícito en la etimología de la propia palabra de origen griego. La parte óptica, la que codifica matemática y geométricamente el mundo, no se encuentra incluida en esta definición, porque en realidad no es necesaria para que la luz ejerza su escritura. Sin embargo, la luz, es siempre necesaria, es la condición de posibilidad para que la fotografía como tal pueda darse, y esta condición ya se encuentra implícita en su propia denominación. En este punto se hace también necesaria la aclaración de que existen fotografías producidas por espectros de luz no visibles para el ojo humano, como podría ser el caso de los Rayos X, pero ello no las hace menos fotográficas.

Como ya se ha dicho, el camino recorrido durante la búsqueda del término hasta que éste se concretó como tal, fue una suerte de ensayos que con mayor o menor fortuna intentaron aproximarse a la esencia del hallazgo por un lado, o por otro, a consideraciones de tipo personal y/o social. Théloten su obra Critique de la raison photographique, §plantea que los primeros hombres que asistieron al descubrimiento de esta maravilla vacilaron a la hora de poner nombre ya que entendieron perfectamente la gran dificultad a la que se enfrentaban. Una de las soluciones más mediocres, arrogantes y narcisistas fue la denominación Daguerrotipo, pero hasta llegar a la resolución de utilizar un nombre perfecto como es Fotografía, numerosos intentos se fueron abandonando por el camino entre dudas y vacilaciones.

[^4] Existen multitud de imágenes generadas fotográficamente (fotogramas, rayogramas, etc), que no necesitan de una cámara oscura para recoger proyecciones de imágenes; y es en este sentido en el que se afirma que el elemento óptico no es necesario. Entendiendo, claro está, cámara oscura como utensilio, y no como la necesaria condición de oscuridad para obtener esas imágenes.

Una idea admirable fue concebida por… Niepce, un nombre tan complicado como las laboriosas manipulaciones que exigía, Physautotypia, esta palabra se encuentra hinchada de conceptos heredados del siglo de las Luces, pero confiesa la lenta gestación de la ciencia, y en las páginas de la enciclopedia Physautotypia quiere decir: autoengendramiento de la naturaleza, llegada por sí misma de la naturaleza a su forma natural, … El nombre finalmente adoptado por Niepce era menos intenso, heliografía, un poco fetichista, deslumbrador, indicaba el sol en lugar de la luz, y no iba bien. Resulta admirable que finalmente “fotografía fue el que quedó (Thélot, 2009, p. 45).

El nombre que finalmente nos ha llegado es Fotografía. Atendiendo a su etimología, las palabras griegas que forman el término están relacionadas con significados que tienen que ver con sacar a la luz, hacer visible, mostrar (phai-nein) cuerpos celestes, constelaciones (phai-nomena), luz, (phaos), etc., los cuales surgen de la radical indoeuropea Bha, cuyo significado es brillar. O sea, todo se corresponde directamente con fenómenos que aparecen ante la vista:

[…] la fotosensibilidad como fenómeno químico es ante todo una exhibición de una imagen, una exposición a la luz, para que escriba el trazo registrado, un fenómeno de visibilidad, que es la identificación de todo objeto fotografiado, justo un phe-nómeno, una visión, una cosa vista,… la esencia de todo phe-nomeno es su visibilidad (Thélot, p.28).

Conclusiones

Si hemos de sacar una conclusión clara es que la fotografía establece su propia filosofía de forma independiente, se crea a sí misma, se autogenera: su ontología es autogenética. Resulta curioso comprobar cómo en su propio nombre, en su propia designación, se contienen todas sus posibilidades: como objeto, como fenómeno y como ontología; y esta cuestión fue perfectamente comprendida por algunos de sus descubridores, que no inventores, cuando emplearon parte de sus esfuerzos en buscar una denominación adecuada a la nueva maravilla, cuando aún el lenguaje tenía un sentido profundo y enraizado con el ser. Porque un filósofo es además un filólogo.

Referencias

FLUSSER, Vílem (1983), Una filosofía de la fotografía, Madrid, Síntesis, 2001.

FERRATER MORA, José (1941), Diccionario de Filosofía, T.III., Barcelona, Círculo de Lectores, 2002.

HEIDEGGER, Martin (1984), “El origen de la obra de arte”, en Caminos de Bosque, Madrid, Alianza, 1995.

THÉLOT, Jérôme (2009), Critique de la raison photographique, St-Just-La-Pendue, Les Belles Lettres.


Mª Eulalia Martínez Zamora (Badajoz, España, 1969) es profesora de Estética e Historia del Arte en la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura. Ha publicado numerosos artículos y estudios centrados en el medio fotográfico. Actualmente se encuentra realizando una tesis doctoral sobre Filosofía de la Fotografía.