‘La pregunta abierta’ plantea un mismo interrogante a diferentes voces de España y Latinoamérica vinculadas con la fotografía contemporánea y el fotolibro
La dirección artística de un fotolibro pertenece al mundo de las ideas, es un proceso de pensamiento. ¿Qué importancia le otorgas al diseño editorial en la construcción de sentido y comunicación de un discurso visual en las páginas de un fotolibro?
Mariela Sancari
El diseño editorial tiene una importancia crucial en la forma en que las ideas se desenvuelven en un fotolibro. Como dices, el proceso de hacer un libro es, sobre todo, un proceso de pensamiento y, como tal, la materialidad del libro debería reflejar ese proceso. Es por eso por lo que considero que el diseño editorial juega un papel tan importante: todas las decisiones en relación con el libro como objeto ‘sirven’ (en el mejor sentido, en sus funciones) al discurso visual del fotolibro.
Fosi Vegue
La relación autor-diseñador suelo compararla con la de arquitecto-ingeniero. El fotógrafo, como el arquitecto, parte de la nada para crear su obra, conoce (siempre) parcialmente las características del emplazamiento final de esta, la efectividad de ciertas soluciones planteadas y la manera de favorecer e incluso de revelar aspectos de su creación que permanecen latentes o que directamente son invisibles a sus ojos. El diseñador, como el ingeniero, tiene que hacer un trabajo de campo exhaustivo para traducir las ideas del fotógrafo (en ciertos casos supone leer su mente) y descubrir o potenciar esas soluciones que terminan de materializar y sublimar el discurso del artista.
Pero una cosa está clara: si un proyecto fotográfico es mediocre ninguna estrategia aplicada por ningún diseñador hará posible salvar el barco, todo lo contrario, en primera instancia podrá parecer correcto, resultón, pero en un análisis pausado se hará más notable su mala calidad. Por otro lado, nunca he visto un gran trabajo fotográfico que deje de serlo por un mal diseño. Eso sí, cuando un buen proyecto se encuentra con un buen diseño, entonces alcanza una dimensión mágica que se convierte en un todo en el que no disociamos una disciplina de la otra.
Verónicas Fieiras
Creo que, en la construcción de un fotolibro, además de las ideas intervienen el complejo mundo de lo sensorial y de lo emocional. Un fotolibro hecho solo desde las emociones probablemente no llegue al espectador, como tampoco uno que esté concebido sólo desde el pensamiento. O sí, llega, pero de forma limitada. No suelo separar los procesos: dirección artística, edición y diseño. Para mí, es toda una misma maquinaria mente-corazón. La edición y el diseño dialogan todo el tiempo en cada decisión: su forma objetual, el tipo de impresión, la regulación de la intensidad en la secuencia, los textos, la paleta cromática, etc.
Miguel Ángel Felipe
Es un elemento fundamental, sin duda, sobre todo porque determina el aspecto que tendrá el objeto contenedor del discurso. El diseño es en sí mismo un conjunto de decisiones de muy diversa naturaleza (de color, forma, materiales, espaciales, tipográficas, etc.). Cada una de ellas influye en el resultado. Es de verdad importante. Sin embargo, creo que no se resuelve nunca en la forma ni tampoco en la función, sino en la interrelación estrecha de ambas cosas. En ese sentido, me resulta invasivo y, peor aún, aburridísimo, el sobreprotagonismo del diseño cuando desbalancea el peso en relación con el discurso visual y su importancia. También considero muy importante el hecho de que las decisiones de diseño estén en la lógica de una producción industrial del libro dentro de unos límites de precio. La edición es multiplicación, posibilidad de que el original sea ubícuo. Sumo, la antología publicada por Taschen de la obra de Helmut Newton en un libro gigante, era una excentricidad editorial carísima que planteaba un problema de espacio a quien lo adquiría. Sin embargo, su versión reducida a escala resultó ser, en términos de precio y volumen, un libro que podía comprarse, almacenarse y revisitarse.
Martín Estol
El diseño editorial es fundamental en la comunicación de un discurso visual y en la potenciación del sentido de un libro. El libro es un dispositivo con reglas claras y conocidas por todos desde siempre. Al mismo tiempo el proceso de diseño editorial de un fotolibro no solo posibilita una puesta en libro eficaz de un discurso visual, sino que también pone a disposición del discurso cómo interactuar con las reglas de juego del dispositivo. Es decir, el diseño editorial propondrá una puesta en página, un diseño tipográfico, etc., que soporte y haga más eficiente la comunicación del discurso visual (y textual) y al mismo tiempo definirá aspectos materiales y de usabilidad del libro. Las imágenes estarán impresas en el interior de las páginas de un libro intonso, la tapa solo tendrá un golpe seco, el libro estará encuadernado con anillas, etc. El proceso de diseño editorial, posterior a una conceptualización profunda, es el que convierte en libro a un proyecto fotográfico.
Laura Carbonell
El diseño editorial es un elemento fundamental en la construcción de sentido en un libro de fotografía. A partir del diseño se toman decisiones en torno al formato del libro, el tipo de cubierta, los papeles a utilizar, las tipografías adecuadas, la paginación, la secuencia narrativa o visual y el despliegue del libro. Con el diseño editorial se da forma física a las ideas planteadas por los autores y editores. Cada elemento del libro, cada aspecto estructural de esta arquitectura de papel debe complementarse para crear el concepto editorial general y dejar alguna huella gráfica (más o menos visible según los estilos y los gustos). Conviene no subestimar esta labor que hace posible su manifestación física entendiendo por qué se llega a un tipo de libro y qué tanto se logra (o no) potencializar la obra. No importa qué tanto la impronta gráfica se haga evidente en un fotolibro: el equilibrio visual, la intensidad de su mensaje y la intención del libro dependen de todos estos elementos para que se logre su cometido: afirmar el discurso visual.
Mariela Sancari es artista. Fosi Vegue es fotógrafo y docente. Verónica Fieiras es artista visual, editora y gestora cultural. Miguel Ángel Felipe es editor y fotógrafo bajo el seudónimo Elde Gelos. Martín Estol es fotógrafo y docente. Laura Carbonell es curadora.
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