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¿Es la fotografía un lenguaje? siguiente

Fosi Vegue, Verónica Fieiras, Miguel Ángel Felipe, Mariela Sancari, Rosell Meseguer, Alejandro León Cannock, Martín Bollati Comentarios 3

Parafraseando a Enrique Lista en su ensayo Voz en off. Relatos en torno a lo fotográfico (Muga, 2020), “hablar de fotografía es hablar de algo que permanece mudo: las imágenes no dicen, dice quien las contempla (…) cada fotografía dice algo a cada alguien”. ¿Eres de quienes afirman que la fotografía es un lenguaje, de las que sostienen que su naturaleza polisémica le imposibilita de esa facultad o propones otra idea?

Fosi Vegue
La fotografía, aunque no por voluntad propia, es un lenguaje anárquico puesto que sus volubles normas de codificación, que se van construyendo (y desmoronando) durante la producción de cada imagen o conjunto de imágenes, son vulneradas a su vez constantemente por el receptor de su mensaje. Desde el momento en que el autor crea una nueva fotografía y por mucho que desee imprimirle un significado preciso, esta, huérfana, pasa a ser irremisiblemente patrimonio de una audiencia caprichosa y voraz, siendo, no obstante, una manifestación extremadamente personal debido a la naturaleza única de cada creador.

Por tanto, hablar de normas en la sistematización de este lenguaje en potencia, para que llegue a serlo de hecho, es escurridizo y hasta punitivo. La fotografía es libre, salvaje y delirante, no se puede pretender encarcelar o domar a un ser así. ¿No es maravillosa la imposibilidad de descifrar el canto de las ballenas y aun así emocionarse hasta el extremo al oírlo?

Verónica Fieiras
La fotografía opera como lenguaje por su capacidad de comunicación visual y por las posibilidades de significado que genera gracias a su naturaleza polisémica.

Miguel Ángel Felipe
Hay un nuevo cazabobos (eso que llaman clickbait) que circula por internet con un planteamiento que parte de un enunciado algo así como “muy pocos son capaces de encontrar en esta imagen” lo que sea. Soy de aquellos que nunca encuentra lo que supuestamente se busca, aunque siempre encuentro otras cosas. Voy a lo que se pregunta: creo que es un lenguaje, sin duda. Lo que no es, claramente, es un lenguaje transparente y prístino, unívoco, como a veces nos gustaría creer para quedarnos tranquilos. Más bien es un lenguaje de lenguajes elaborado sobre códigos culturales entremezclados en espacios y tiempos diversos. Es posible leer las imágenes, exponer una interpretación sobre ellas, pero también discutir todos y cada uno de esos (posibles) sentidos.  Esta circunstancia a mí me parece una liberación, encuentro  más interesante su ambigüedad que asumir las fotografías como discursos fácticos e infaliblemente ciertos.

Mariela Sancari
Si tuviera que definirme formaría parte de un tercer grupo en el medio de los dos que mencionan: personas que creemos que la fotografía es un lenguaje, pero que no todo lo que dicen las imágenes está contenido en ellas. Las fotografías sí dicen mucho, pero su sentido no puede entenderse solo considerando eso que muestran, sino teniendo en cuenta el contexto en el que se presentan y las relaciones que tejen con su entorno y otros elementos.

Rosell Meseguer
Me interesa mucho esa capacidad polisémica de la fotografía, la “pluralidad de significados de una expresión”, en este caso la expresión visual. De la fotografía siempre me ha fascinado el ‘extrañamiento’. Cuando ves algo que parece una cosa, pero también es otra que resulta completamente antagónica. Pongo como ejemplo uno de los búnkeres que fotografié en 1999, construido como si fuera un templo romano. Son las palabras que aparecen escritas en la fachada las que nos dan la clave de la verdadera función de la construcción, que a primera vista parece un templo romano.

Alejandro León Cannock
El lenguaje verbal se puede aprender y enseñar siguiendo métodos específicos. El modo operatorio del lenguaje verbal está, en principio, más cerca del que utiliza un juego de mesa como el ajedrez que del que sigue un sistema de signos visuales. La característica esencial del lenguaje verbal no es la iconicidad, sino la referencialidad, es decir, la capacidad de decirnos algo.

Lo que nos muestra una imagen puede ser fáctico o ficticio. Sea cual sea el caso, una imagen nunca nos dice nada acerca lo que representa, solo nos lo muestra. Una fotografía puede mostrarnos un sol amarillo, pero el lenguaje verbal puede decirnos que el sol es amarillo. Esta diferencia, que podría parecer una debilidad del lenguaje visual es, al mismo tiempo, su más alta potencia. El lenguaje visual al mostrarnos algo sin decir nada al respecto, abre un espacio de actividad perceptiva, afectiva y cognitiva para el espectador. Una imagen es, de esa manera, menos didáctica y más dialéctica que el lenguaje verbal proposicional, pues al mostrarnos algo sin decir nada invita a hablar de ella, a pensarla y a interpretarla.

Ahora bien, esta distinción —las imágenes solo muestran, el lenguaje verbal solo dice— merece ser, a su vez, problematizada. Las cosas nunca son tan simples como el pensamiento binario del racionalismo naturalista occidental pretende hacernos creer que lo son. Un análisis crítico de la complejidad de ambos sistemas de signos (el verbal y el visual) nos permite ser conscientes de que el lenguaje verbal también es capaz de mostrar, aunque esto lo haga, aparentemente, de manera (in)directa. Por ejemplo, al decir “y el sol, encendido como una esfera incandescente, se ocultó detrás de una nube gris, oscura y tempestuosa” estamos invitando al lector a producir una imagen mental del evento narrado. No vemos el sol incandescente con los órganos de la percepción visual, los ojos, pero lo vemos en el cerebro que es, en definitiva, donde se forma y se ve toda imagen.

Del mismo modo, podríamos argumentar que el lenguaje visual también puede llegar a decir de manera (in)directa. Esto sucede cuando la constitución formal o temática de una imagen invita explícitamente al espectador a asumir una idea, una creencia o un comportamiento. Este uso cuasi aseverativo del lenguaje visual es usado en diversos espacios discursivos como el de la religión, la propaganda política y la publicidad. Una imagen de naturaleza publicitaria nos invita, o incita, a desarrollar ciertos comportamientos de consumo que satisfacen los intereses de las empresas que están detrás de su creación. A pesar de que estas imágenes parecen estar abiertas y darle por ello un lugar activo a los espectadores en la interpretación de su sentido (polisemia), en realidad están muy determinadas en su construcción para lograr efectos específicos en la mente y el comportamiento de su público. Por todo ello, puede sostenerse entonces que existe un mostrar en/del lenguaje verbal y un decir en/del lenguaje visual.

Dicho esto, algo que hemos asumido sin discutirlo es el carácter lingüístico del pluriverso de las imágenes. ¿Es posible considerar las imágenes como un lenguaje en sentido estricto o les atribuimos dicha naturaleza de manera analógica? Esto depende del enfoque epistemológico que adoptemos. Si tomamos al lenguaje verbal como la norma que determina lo que debería ser un lenguaje, entonces podemos concluir que el lenguaje visual no cumple con los requisitos esenciales: una semántica y una gramática definidas, la doble articulación (morfemas y fonemas), la dimensión metalingüística, la posibilidad de ser enseñado y aprendido mediante reglas claras, una estructura lógica definida, etc. Desde esta idea de lo que es (o debe ser) un lenguaje, las imágenes no constituyen cabalmente un lenguaje. Sin embargo, adoptar esta visión implica asumir, de antemano, una definición de lenguaje que está calcada del modelo del lenguaje verbal. Si, en cambio, partimos de una definición más amplia y menos dependiente de este modelo, podríamos entender el mundo de las imágenes como un lenguaje. Por ejemplo, si asumimos que un lenguaje es todo sistema de signos que permite la comunicación, la producción y transmisión de significados y el intercambio de información entre un emisor y un receptor a través de un canal, entonces las imágenes, al igual que los gestos u otros lenguajes no verbales, son claramente sistemas de signos que conforman lenguajes.

Martín Bollati
Quien mira recrea lo que mira con su mirada. La imagen fotográfica, como cualquier dispositivo de comunicación, incluidas las palabras, sugieren mundo, pero quien recibe una inscripción siempre lo interpreta desde la perspectiva propia. Aunque una fotografía de una casa puede utilizarse para citar el significado de una casa, es solamente una imagen y quien la vea vera allí su propia casa. En eso acuerdo con la cita de Enrique Lista, pero en raras ocasiones las fotografías suceden aisladas. Muchas veces su significado se sentencia no desde la imagen, sino del contexto. En otras, el texto la hace decir y calla los otros sentidos posibles. No creo que la imagen fotográfica sea un lenguaje, pero sí puede funcionar como tal.

Fosi Vegue es fotógrafo y docente. Verónica Fieiras es artista visual, editora y gestora cultural. Miguel Ángel Felipe es editor y fotógrafo bajo el seudónimo Elde Gelos. Mariela Sancari es artista. Rosell Meseguer es artista multidisciplinar. Alejandro León Cannok es escritor, curador, profesor y artista visual. Martín Bollati es artista visual, editor y docente.

Descubre los libros de Alejandro León Cannock y Martín Bollati disponibles en la librería de LUR.

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3 comentarios

  1. nellyplaza4 dice:

    De acuerdo totalmente con Mariela Sancari. Ella ha enriquecido el debate incorporando además del significado que le imprime el productor y los espectadores, el espacio en que circula así como el contexto histórico .

  2. jesus.rodr.ortiz dice:

    La fotografía sí es un lenguaje, es una lenguaje sutil, no explícito, por lo que puede filtrar mejor las redes neuronales del observador, transformando y abriendo caminos. También es un buen estómago que ayuda a hacer la digestión. Cada fotografía presenta un significante que puede tener tantos significados como observadores.

  3. soymgab dice:

    Más que un lenguaje, creo que es una interpelación, una botella confiada al mar con un mensaje difícil de desvelar. La fotografía, como cualquier otra de las Bellas Artes, plásticas o no, obedece a la imprecisión del significado ya que este nace desde lo más íntimo del pensamiento y se esparce hacia millones de otros pensamientos, por supuesto muy diversos, incluso divergentes. El autor, una vez lanzado ese mensaje, lo abandona como a un hijo ya crecido, con todos los riesgos que comporta una vida autónoma, emancipada. Convendría elucidar si lenguaje implica diálogo o no. Aquí no lo hay obligatoriamente, no hay respuesta que no sea muda y secreta.

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