En ‘Los libros gestuales’, el artista visual, editor y docente Martín Bollati reflexiona sobre el acto de hacer y leer libros compuestos por fotografías y textos, a partir del análisis de casos vinculados a procesos editoriales en los que ha participado o a títulos publicados por su sello, SED Editorial
Un libro debe poder moverse en el espacio y en el tiempo. Va de acá para allá, como objeto. Puede llevarnos de acá para allá, como sujetos. Un libro contiene relaciones que nos mueven y que a su vez son movibles. Nombraremos a ese vaivén como lectura y a la posición con la que el libro se presenta para ser leído como gesto editorial. Un libro es entonces contención, gestualidad y portabilidad.
Ulises Carrión decía que la diferencia entre los libros comunes, como las novelas o los libros de cuentos y los libros que estudiaremos en esta sección, es que los libros comunes requieren que se invierta el mismo tiempo de lectura en la primera página que en la última. A pesar de los sobresaltos en la narrativa, se leen con la misma posición del cuerpo durante toda la novela. En cambio, los obras-libro o libros de artista, como los nombrara Carrión, y que a mí me gusta llamar libros gestuales, habilitan el uso del ritmo y del movimiento (del cuerpo narrativo y del cuerpo de quien lee) de manera multiplicante. En otras palabras, los libros gestuales son libros que trabajan la expectativa de quien lee desde todas las partes que un libro puede tener.
El gesto editorial postula una activación compuesta: exteriores, interiores, pesos, texturas, direcciones, aires, imágenes, palabras, posiciones, relaciones, dimensiones, tensiones, distancias, ejes, variaciones, tiempos, etc., etc., etc… Todos esos elementos se combinan para componer una invitación y progresión de lectura. En el encuentro con el cuerpo ajeno (siempre lo que se invita a leer es a un cuerpo) el gesto despliega su latencia. Esa pulsión reconoce un encuentro entre la voluntad expansiva del proyecto (aquello que quiere salir) y los límites del campo que lo re-produce (aquello que puede salir). Nombraremos a esos límites diseñar. Al diseñar un libro diseñamos formas de leer. Es decir, formas de vivir el libro.
Esta sección no se propone sistematizar las partes de un libro, ni hacer doctrina sobre él. No cree en la teoría como punto de llegada. No le interesan las demostraciones, sino las proposiciones. A=B, A=C, A=X, A=400 elefantes. En este espacio nos interesa la lectura y la vida. Ya decía Wittgenstein que toda proposición de lenguaje es un hecho de mundo. Es decir que proponer es dejar nacer. Leer un libro es hacerlo nacer en nosotrxs.
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