‘Deep spring’. El paisaje del cuerpo
Carmen Dalmau
La historia que narra Deep Spring, bajo ese nombre tan poético —primavera profunda— contiene todos los ingredientes de las leyendas de la conquista del oeste norteamericano.
Lucien Lucius Nunn es un personaje americano que se ajusta a la épica de los legendarios pioneros, heroicos colonizadores de las tierras del oeste, que explotan minas de oro, crean bancos y financian centrales eléctricas. Un filántropo, que hacia el final de sus días, fundó una universidad en un rancho del valle de Deep Spring, en el desierto de Sierra Nevada, en California.
Deep Spring College es una extraña y cerrada experiencia educativa. Una universidad dedicada a las artes liberales, pensada en 1917 para recoger y dar oportunidades formativas a los jóvenes vaqueros y proporcionar mano de obra cualificada, tanto moral como intelectualmente, a esta zona del país que necesitaba con urgencia colonos valientes y bien preparados. Deep Spring mezcla en sus principios programáticos el misticismo cristiano con la mentalidad imperialista.
Era una comunidad exclusivamente masculina durante los cuatro años que Sam Contis se acercó a ella, aunque por imperativo legal comenzaría a admitir mujeres. Apenas una comunidad de treinta estudiantes que deben completar su formación en filosofía y arte, compatibilizando con las tareas de mantenimiento de la granja. Deep Spring trata de forjar caracteres fuertes cuyo imaginario son los arquetipos de los buenos sheriffs de las películas de indios y vaqueros. Los vaqueros, aunque un poco rudos, siempre son los buenos en las películas de los wéstern.
Es difícil enfrentarse a la mitología de la masculinidad en el desierto de California, que la ha ensalzado a través de toda una iconografía fílmica generando un potente imaginario colectivo. Sam Contis se propone, utilizando esta singular experiencia educativa como subterfugio, la deconstrucción de la imagen de la masculinidad.
Al tiempo, es un intento de entender el paisaje del desierto americano, como forjador de caracteres físicos y emocionales.
Su libro es de los que necesita una segunda lectura, porque en una primera mirada parece asemejarse a un anuncio publicitario de un rancho americano. Una mirada más reposada nos permite empezar a entrar en un territorio más real.
La intencionada (des)jerarquización en el tratamiento de las imágenes que aparecen en Deep Spring contribuye a alterar las certezas. Se mezclan imágenes de archivo encontradas en el college con sus propias imágenes. Parece un libro que adopta el lenguaje de las fotografías en blanco y negro, pero de pronto intercala imágenes en color.
Las fotografías de Contis tan pronto parecen pertenecer al género del fotorreportaje y la documentación, como al del concepto y creación. Otras veces, podemos pensar que se trata de una galería de retratos y de pronto aparece la magnificencia del paisaje con imágenes que recuerdan a las de los fotógrafos pioneros que acompañaban a los geógrafos y cartógrafos en sus visitas de exploración y conquista, como Carleton Watkins o Timothy H. O’Sullivan, que fundaron escuela y tradición con sus vistas, nada inocentes, del inmenso paisaje por explorar.
En Deep Spring hay una sabia dosis calculada de ambigüedad. Dentro de este vasto paisaje reside la desolación y un canto a la celebración de la vida. Hay exaltación tanto de lo apolíneo como de lo dionisiaco. De este modo, nos llega a perturbar una mirada de mujer que se enfrenta a un cuerpo y a un paisaje profundamente masculino de una forma nada inocente, ni ingenua, desmontando toda una arquitectura construida desde la mirada dominante.
Es asombroso sentir como una mujer ha sabido sabiamente penetrar en un universo cerrado lleno de hombres y lleno del imaginario de todos los tópicos de una masculinidad exacerbada sin perder la mirada femenina. Mientras relata la vida en la granja, las cabalgatas por el desierto o los rodeos, se las arregla para mostrarnos la historia de unos hombres que saben llorar y contemplar una determinada luz, o la caligrafía que dibuja una hoja caída.
En Deep Spring hay mucho cuerpo fragmentado, como si al aislar un trozo de espalda, una axila, una rodilla, se pudiera entender la transformación de los cuerpos. Hay hombres muy rudos, pero también algunos que asemejan a hermafroditas dormidos. Se desarrolla un continuo juego o confrontación entre lo más ambiguo y casi femenino con la masculinidad a través de los estereotipos de los huevos, los toros, la sangre, las heridas. Deep Spring se interroga sobre lo que sucede en el momento en que la crisálida estalla y los adolescentes se transforman en hombres.
El libro tiene una inteligente secuencia narrativa que va generando una tensión dramática entre lo sensual, lo blando y lo tradicionalmente considerado como masculino. Una comunidad en la que hay fraternidad y el aire está dolorosamente cargado de erotismo.
La narración ya comienza desde la cubierta. Una grisalla nos muestra los pliegues de un cuerpo que nos cuesta reconocer: es una axila y el arranque de un cuello, pero también podrían ser las dunas del desierto. Porque el libro desprende calor. El calor se puede sentir en cada imagen, como en la que unas moscas se posan en una camiseta blanca que contiene una espalda encorvada. Quietud y calor. Silencio y calor. Polvo del desierto y calor. Sudor, agua estancada y el sol cayendo de plano sobre la inmensidad del paisaje.
Deep Spring es una sorpresa que oscila entre el imaginario del oeste a través de la épica de film de Hollywood y un universo privado en el que los chicos pueden aún jugar a ser princesas. Un territorio mágico, como un cuento de hadas, en el que junto a caballos derribados, reses marcadas a hierro y cabezas cortadas, la belleza de los gestos, los disfraces y las poses fugaces van ganando protagonismo y perdiendo dureza.
Es una historia contada con inteligencia y elegancia en la que el universo masculino se permite ante los ojos de Sam Contis sentirse libre y tranquilo, fundirse con el paisaje y emocionarse ante los espacios inmensos y abiertos como mares, sujetar en la mano una paloma y emprender el vuelo.
Cómo citar:
DALMAU, Carmen, “Deep Spring. El paisaje del cuerpo”, LUR, 25 de marzo de 2019, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/deep-spring
Sam Contis vive y trabaja en California. Su trabajo se ha mostrado internacionalmente en Los Ángeles, Ámsterdam, Amberes y Londres y exposiciones individuales en el Berkeley Art Museum y Pacific Film Archive y Klaus von Nichtssagend Gallery en Nueva York.
Carmen Dalmau (Madrid, España, 1960) es licenciada en Historia del arte e Historia moderna y contemporánea. Comisaria independiente de exposiciones y crítica de arte.
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