Objetos que regresan: la estética forense de Arwed Messmer
Rubén Ángel Arias
Arwed Messmer es un fotógrafo nacido en 1964 en Schopfheim, una pequeña ciudad situada en el extremo suroeste de Alemania, muy cerca de la frontera con Suiza y Francia. El azar también ha querido que el trabajo de Messmer sea fronterizo y se mueva, como enseguida se verá, entre reliquias que proceden del lado oriental del muro de Berlín.
No hay reliquia que no tenga, a la vez, algo de residuo y de acertijo. Messmer lo sabe y lo aprovecha para sentar las bases de una estética que tiene al arqueólogo y al forense como modelos a los que seguir y de los que distanciarse. Con el primero comparte su interés por los vestigios y los avatares de la conservación; con el segundo, la necesidad de evocar fielmente el momento en que una huella se produce.
Entre el arqueólogo y el forense, Messmer es también un detective que vuelve una y otra vez a la escena del crimen. Una escena que, en su ya dilatada obra, tiene lugar casi siempre en el interior de alguno de los muchos archivos oficiales que en Alemania aún se conservan.
El título que nos ocupa, Reenactment MfS, podría traducirse como Recreación (o Reconstrucción) del Ministerio para la Seguridad del Estado, más conocido por su abreviatura Stasi (del alemán Ministeriumfür Staatssicherheit). El archivo del que Messmer se ha servido en esta ocasión se conserva prácticamente intacto y está abierto a la curiosidad de los investigadores. A quien desea adentrarse en dicho archivo se le exige tan solo el compromiso de proteger la identidad de las personas que allí aparezcan como objeto —o víctimas— de indagaciones, registros y arrestos. Esto explica la ausencia de nombres y el borrado de las caras al que Messmer ha sometido los retratos de quienes aún estaban vivos cuando se los fotografió. En el caso de los muertos, esta cautela parece no contar y sus rostros se muestran de frente y de perfil, sin velo alguno.
Las imágenes son heterogéneas y su disposición en la página obedece a una voluntad deliberada y exclusivamente estética, al menos así lo ha asegurado su autor en las entrevistas que ha concedido. En lo que toca a la procedencia de los materiales, el libro viene acompañado de un apéndice en el que se han glosado las imágenes (lugar de procedencia, técnica de reproducción y breve explicación de la escena). De esta manera, es posible identificar las dos series que componen el trabajo y que aparecen mimetizadas y sin solución de continuidad.
La primera de estas dos series, también la más abundante, no lleva título y está formada por una selección de fotografías con las cuales la Stasi documentaba los intentos de fuga de Oriente a Occidente a través del muro de Berlín. Fotografías que, en su origen, tenían un estricto carácter probatorio, y que debía servir a la fiscalía en los casos destinados a ser resueltos ante un tribunal. No contaban, por lo tanto, como imágenes, sino como evidencias irrefutables, por mucho que estas hubieran sido fabricadas ad hoc. Esta última es una sospecha que no se deduce del trabajo de Messmer, pero que el lector incorporará a partir del saber previo —y más o menos común— que tenga sobre los modos de operar de la Stasi. Messmer ha contado deliberada y perspicazmente con ese saber previo, de hecho, puede decirse que la eficacia de Reenactments MfS descansa en su capacidad para convocar el poderoso imaginario en torno a la Guerra Fría que lo precede.
Una enumeración de lo que puede verse al pasar las páginas no dejará ninguna duda al respecto de esto último: armas, cargadores, prendas ensangrentadas, agujeros de bala, señales de tiza, zonas de paso y de frontera, coches desvalijados, zulos, escaleras, gafas y peines, tréboles de cuatro hojas, picos y palas, arpeos, balas y casquillos, muertos, fotos de identificación, huellas en la nieve y en la arena, escenas de arrestos, registros y redadas, vendajes, máscaras antigás, túneles, atajos y guaridas, pastillas y alijos mínimos, mobiliario urbano accidentado, agujeros de bala en cuerpos que ya no son cuerpos sino cadáveres sin sepultura, masas de tierra removida, fosos.
En esta serie, las fotografías son también objetos que regresan con un realismo cuya dureza procede del modo en que Messmer ha trabajado la puesta en escena de los materiales. Todo en este libro parece, de hecho, haber sido reapropiado y ecualizado al detalle. Al pasar de una fotografía a la siguiente se impone la abrumadora certeza de estar ante una minuciosa colección en la que cada una de las piezas señala hacia un costado particular del conflicto. Los objetos hacen las veces de notificaciones —son mensajes desesperados y también duras advertencias— en las cuales nos es dado leer tanto la ansiedad de los fugitivos como la implacabilidad de sus perseguidores. Entre unos y otros, puede imaginarse una extensa variedad de daños causados. Todo se muestra con un realismo crudo, pulcro, de diseño. La nitidez y la exacta textura de los objetos son aquí una metáfora o una expresión de lo que busca imponerse por la innegable y definitiva materialidad de su presencia.
La segunda de las series lleva el título de Lugares visitados y consta de varias fotografías tomadas directamente por el autor. Lejos, sin embargo, de presentar una suerte de contrapunto con el inventario descrito más arriba, las imágenes de Messmer mantienen la parquedad y la relativa falta de ambición artística que atribuimos a los fotógrafos periciales. Sobre los escenarios que en ellas se evocan, el lector hará pesar la sombra de las humillaciones y los abusos policiales. Este efecto de lectura se debe tanto a la constante apelación al contexto como a la homogeneidad de las dos series.
La factura del trabajo, como se deducirá por lo escrito hasta aquí, es impecable. La viveza de las imágenes, así como su contundencia, son, tal vez, los rasgos más sobresalientes. Sin embargo, y a pesar de estas inapelables virtudes, el resultado en su conjunto no deja de ser una —vigorosa, eso sin duda— puesta al día del imaginario consolidado por quienes salieron victoriosos tras la caída del muro. El libro funciona, y funciona muy bien, en la medida en que el imaginario en torno a la Guerra Fría sigue vigente. En este sentido, la intención de Messmer se ve refrendada: no encontramos nada que cuestione la construcción de dicho imaginario, lejos de ello, a este se lo utiliza —se lo convoca— con el fin de propiciar una experiencia estética en la frontera imantada de uno de los muchos horrores que el siglo XX dejó a su paso.
Cómo citar:
ARIAS, Rubén Ángel, “Objetos que regresan: la estética forense de Arwed Messmer”, LUR, 1 de septiembre de 2020, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/reenactment-mfs
Arwed Messmer (Schopfheim, Alemania, 1964) es un fotógrafo y artista visual afincado en Berlín desde 1991. Es conocido principalmente por sus trabajos sobre fotografías procedentes de archivos oficiales de la historia de Alemania tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Entre su abundante bibliografía hay que destacar los siguientes títulos, Einehalbe Stundevor Berlin (1993), Anonyme Mitte. Anonymous Heart – Berlin (2009), Zelle/Cell (2016) y Berlin, 1966-70 (2018), además de Reenactments MfS (2014) que aquí reseñamos. Ya en 1996, se hizo con el Premio Otto Steinert de la Sociedad Alemana de Fotografía.
Rubén Ángel Arias (Zamora, España, 1978) es técnico superior en Química Medioambiental y doctor en Filología Hispánica. Además de sus colaboraciones en distintos medios académicos y culturales, es autor del ensayo Ante el placer de los demás. Representaciones del ocio a cielo abierto (Muga, 2019).
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