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Luis González Palma, o las formas de la melancolía

Mariano Horenstein

I

Un artista no mira como los profanos. La mirada de un artista, sea que encante o desencante el mundo que lo rodea, lo torna extraño, lo extranjeriza. En ese punto, la mirada del artista se toca con la escucha del psicoanalista, al menos cuando ninguno de ellos se adocena ni traiciona. Para ambos, el mundo entero —como escribiera el ensayista palestino Edward Said— se ha convertido en un lugar extraño.

Buena parte de las fotografías que han construido el prestigio de Luis González Palma son retratos. Retratos frontales de extraña belleza, retratos intervenidos, convertidos en territorios donde el artista experimenta en lo compositivo, en los materiales, técnicas o soportes que utiliza. Retratos mestizos en los que se advierte aquella complicidad entre modelo y fotógrafo que John Berger encontraba imprescindible. Retratos que por momentos parecen más verdaderos que sus propios modelos. De todos ellos emerge un punctum ineludible: esos retratos nos miran.…

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