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‘La Picnolepsia de Tshombé’ de Gloria Oyarzabal. Del ‘dummy’ al libro siguiente

Moritz Neumüller
Fotolibro

Fue durante el Festival Internacional de Fotografía Landskrona Foto (Suecia) que vi por primera vez la maqueta de La Picnolepsia de Tshombé. El jurado, del que yo formaba parte, tenía que elegir un ganador del Dummy Award, entre tres o cuatro finalistas. Estábamos de acuerdo que el libro de Gloria tenia el mejor potencial de todos los candidatos, pero también en el hecho de que algo no funcionaba. Finalmente acordamos que Tshombé tenía que ganar, pero que la autora necesitaba ayuda para asegurar que su forma y mensaje se plasmaran mejor a través de la futura publicación. Acepté el reto de ser el tutor del proyecto durante el proceso del replanteamiento. No sé si me merezco el título de editor del libro, porque realmente fue un proceso en equipo, pero agradezco el generoso gesto de Gloria de reconocer mi pequeña contribución en estos términos, como también la confianza por parte del festival y el editor asociado, Tomasso Parrillo, de Witty Kiwi.

Aparte de ayudar a Gloria con la selección del diseñador, la imprenta y otros aspectos técnicos y organizativos, mi mayor contribución —o así lo veo yo— consistía en depurar el libro de las partes que no funcionaban y potenciar lo que lo hacía único y especial. Por ejemplo, el dummy original contenía largos textos sobre la historia del colonialismo —y post-colonialismo— en África central. Eran textos que había escrito Gloria, y que empleaban una retórica educativa, historicista, pero sin la firma de un experto en el tema. Me parecía un punto débil que había que remediar. Acordamos traducir el discurso de los textos a la narrativa visual del libro, de contar la misma historia, pero a través de imágenes, tanto encontradas como tomadas por ella. También la convencí de enfocarnos en aquel territorio donde ella como autora tenía una indiscutible autoría, tanto en el sentido artístico como ético, para enseñarnos algo nuevo, algo que no se puede encontrar en los libros de historia. Sacamos todo aquello que se podría encontrar en Wikipedia y pusimos la relación entre España y África en el centro. O mejor dicho, enmarcamos el discurso del libro con esta relación, desde el principio al final. La solución gráfica para incorporar este paréntesis en el libro fue la de poner una imagen de Franco y Tshombé, pero de forma fragmentada: la mitad de la foto de esta reunión iba al inicio, la otra al final. Para hacer posible que Tshombé fuese al principio, y Franco al final, tuvimos que voltear la imagen horizontalmente, una libertad que nos hemos tomado sin pensarlo dos veces. Es mas, sigo pensando que es la mejor metáfora que hubiésemos podido encontrar para enmarcar un libro lleno de fragmentaciones, juegos de pistas y enigmas, voces en off, vestigios y evidencias.

Por suerte para todos, una buena parte del libro final se pudo transferir directamente desde el dummy. “Por algo has ganado el concurso” le dije a Gloria, siempre que quería cambiar cosas que ya funcionaban bien. Lo que ella llama “la estética de la desaparición —libro de Paul Virilio— como eje transversal” y “el fragmento como recurso para reconstruir una memoria dañada, ausente e indiferente” siguen formando parte del libro, como también su proceso de investigación, el interés y la motivación por el tema de alguien que ha vivido en el continente. De modo que yo como editor, y Alberto Salván de Tres Tipos Gráficos como diseñador, nos pudimos concentrar en darle más fuerza a las secuencias, hacer transiciones más suaves entre las diferentes partes del libro y buscar soluciones creativas para los problemas que surgían en el proceso. La solución del diseñador más ingeniosa, desde mi punto de vista, es el librito con las traducciones que hace posible leer de forma simultánea las fuentes originales con sus traducciones al inglés. Una idea brillante de diseño para asegurar que el libro sea interesante y atractivo para el mercado internacional sin perder sus orígenes, el recurso gráfico de los recortes de periódicos y revistas de la época.

Vivimos un proceso creativo en equipo en el que autora, editor-tutor, diseñador, preimpresores (Victor Garrido y Gonzalo Hernandez Melquizo de La Troupe) e imprenta (Brizzolis) conseguimos sacar adelante un trabajo que había sido concebido en solitario y que demandaba acompañamiento para cerrarlo. Tras un largo recorrido siendo finalista en varios festivales, ya había llegado su momento.

A base de propuestas, discusiones y decisiones se pasó de La Picnolepsia de Tshombé a Picnos Tshombé, del dummy al fotolibro.

2 comentarios

  1. rafael vargas dice:

    En este caso la aportación del “tutor” no solo suma, multiplica exponencialmente el resultado final. Los autores podemos desarrollar buenos proyectos, pero no somos profesionales de “todo” la autoedición tiene sus límites físicos y es una realidad que diseño, maquetación y guion gráfico tienen la llave del éxito, de la excelencia

  2. LUR dice:

    Rafael, totalmente de acuerdo con lo que comentas. El proceso de “construcción” de un fotolibro siempre gana cuando entran en él los profesionales especialistas.

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