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Jon Cazenave

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Todos los tránsitos para decir ‘Galerna’

Rosendo Cid

El verdadero significado de las palabras no depende tanto de la definición de los diccionarios como de nuestra relación con ellas. La palabra ‘galerna’ no encarna el mismo significado en alguien que viva en la costa cantábrica que otra persona, pongamos, que habite en el sur de la Península Ibérica, aun sabiendo a lo que nos referimos pues es un fenómeno propio —un temporal súbito y violento— que ocurre en algunas zonas del mar Cantábrico y del golfo de Vizcaya. De igual manera, cada idioma se construye en un territorio, lo que conlleva una forma de pensar y de pertenecer a ese lugar, que adquiere una identidad, generando entonces una proyección particular en la relación con el mundo.

‘Traducir’ un fotolibro como Galerna conlleva un cierto fracaso, como si tuviéramos que trasladar una palabra de cierta singularidad a otro idioma, pues han de interpretarse sentidos profundos, particulares y hasta inefables. Porque las imágenes de este libro proceden de una mirada que ha ido descubriéndose y aprendiéndose a partir de la identidad colectiva y ancestral del territorio vasco por el cual transita, con lo que el sustrato al que nos enfrentamos se antoja complejo.

El primer encuentro se nos presenta limpio, de presencia contundente y sin artificio alguno, con una cubierta en un azul y negro opacos que revelan un silencio contenido, tras lo cual se esconde un numeroso conjunto de fotografías que son una suerte de huellas de un largo trayecto personal, pero, al mismo tiempo, un bosquejo de una identidad futura, pues se nos manifiestan llenas de materialidad, de agua —la primera imagen es un mar ambiguo que puede ser un presagio de tempestad o la calma posterior a esa misma tempestad— de piedra, de aire, de montañas, de bosques y leyendas, de geometrías y del incierto orden de una naturaleza en movimiento. Pero al mismo tiempo, cada imagen está cargada de resonancias: de los sonidos crudos del mar, del murmullo de los árboles y las montañas, de los ecos de las pelotas contra el muro de los frontones… elementos de carácter básico que transmiten un evidente estremecimiento; un temblor que no puede provenir, sino de un viaje fotográfico cargado de razones emocionales y primarias.

Unas páginas que evidencian un proyecto de elaboración lenta que nos va conduciendo hacia un origen, pues habiendo aparecido, en el tramo final, referencias a cuevas y marcas prehistóricas, la última imagen que nos encontramos es una elemental piedra redondeada, pigmentada de anaranjado sobre un fondo oscuro —recogida en los paseos del autor por la naturaleza y extraída de la serie Ur Aitz (2016-2017)— que contrasta con los penetrantes blancos y negros, las luces y las sombras que impregnan las imágenes restantes en las cuales la presencia humana, por otra parte, es mínima.

Los textos que acompañan a la publicación aparecen acertadamente al final —lo que nos permite introducirnos directamente en la secuencia fotográfica—. El primer texto, 11 palabras en Euskera para Jon Cazenave, del escritor Kirmen Uribe, explora los fundamentos lingüísticos del euskera y la relación entre palabras y territorio. Y el segundo texto, La oscuridad y la piedra, de Fannie Escoulen, nos desvela la inquietud y la búsqueda fotográfica del autor por desentrañar y comprender el territorio al cual pertenece.

Desentrañemos entonces de dónde surge la atmósfera de este proyecto; que proviene de diferentes etapas, como capítulos de una novela; y lo haremos para situar los recorridos fundamentales, pues entre las páginas no hay fronteras claras, en un continuo que refleja que el paisaje, el territorio y la identidad son una misma cosa, pues en el suceder de un lugar ¿dónde está la frontera sino en ese mismo suceder y en su perpetuo movimiento?

Galerna comenzó a fraguarse en un primer trabajo que analizaba el conflicto vasco desde los efectos silenciosos de una violencia que ha impregnado las propias raíces, volviéndose sustancial, en Gatazka (2009) y paulatinamente fue derivando hacia otros conceptos más trascendentales y afianzados en el territorio, como las creencias, los mitos y el propio devenir de la naturaleza como elemento identitario. Pero no se trata de un trabajo de documentación al uso, sino de un descubrimiento progresivo, profundo y poético de su identidad. Y es por esto que el autor fotografía lo que subyace y emerge desde su interior individual en relación a lo colectivo y a su entorno. De hecho, en la segunda etapa, luego de Gatazka, en Herri ixilea (2010), realiza un éxodo rastreando su propio apellido —el viaje que realizaron sus ancestros atravesando Iparralde, desde Bearne, su lugar de origen, hasta llegar al mar—. Porque el apellido es ese lugar ancestral de una palabra desde la cual partir y sobre todo, generar búsquedas.

Es importante esto último ya que esas búsquedas reflejan una actitud, tanto personal como fotográfica, que se vuelca en el espíritu de las imágenes de Galerna, armada entonces mediante singulares encuentros que descubren una identidad en proceso que nunca llega a ser lineal ni a estar perfectamente delimitada sino en la vuelta a esas mismas búsquedas.

La siguiente etapa sería Numen (2012), un retorno al bosque y a la magia inaudible de la naturaleza. En Ardora (2013), se sumergirá en el mar, en la espuma y en las huellas de los rostros de salitre que luchan en un medio imponente y abstracto. Y por fin, Ama Lur (2015), una vuelta a la Madre Tierra para un final de camino que nos conduce al origen embrionario de las cuevas, a lo ancestral y a aquello que estaba antes incluso que nosotros, antes que las palabras y el lenguaje y que nos devuelve a una especie de expectante anonimato o a un sentir sagrado, y lo sagrado siempre se refiere a un fondo oscuro y misterioso.

Galerna tal vez sea una contestación a una pregunta que el mismo Cazenave no acaba de enunciar por completo, pues su enunciado siempre estará en perpetuo cambio. Porque está claro que la identidad o la esencia, aunque no pueda expresarse estrictamente, nos es dado apreciarla y sentirla mediante la experiencia de unas imágenes como estas, que remiten a lo más hondo del ser y a una noción particular de paisaje y territorio, por lo que este no es un trabajo cerrado por cuanto sigue generando cuestiones aun después de su visión.

Podríamos concluir que Galerna es un elogio a un territorio o una invitación a suplir la temporalidad de la vida con la atemporalidad de la naturaleza o puede ser, simplemente, un lugar al cual regresar; un regresar hacia unas fotografías que se completan a través de nuestras miradas y nociones particulares para atravesarlas e interiorizarlas en cada nuevo regreso, como creo que así ha pretendido Cazenave en la elaboración de este fotolibro como resultado de tantos años de trabajo.

Para finalizar, quisiera recordar que en otro tiempo y otro territorio, el poeta portugués Miguel Torga, después de haber recorrido voluntariosamente Portugal, acabó escribiendo en su Diario —otro dilatado proyecto, este de dieciséis volúmenes publicados entre 1941 y 1993— que “restan apenas dos cosas: el suelo y el verbo, el paisaje y la lengua”. Y llega a decir que la patria no es la calle donde se encuentran individuos que hablan una misma lengua, sino que esta se construye en el hecho de compartir íntimamente nuestros pensamientos y nuestras obras.

Cómo citar:
CID, Rosendo, «Todos los tránsitos para decir ‘Galerna’», LUR, 28 de diciembre de 2020, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/galerna

Reproducciones del libro de Luis Marino Cigüenza


Jon Cazenave (San Sebastián, España, 1978). Su aproximación a la fotografía parte desde una perspectiva antropológica de carácter íntimo que desarrolla un lenguaje que incorpora signos y símbolos ancestrales a la creación contemporánea.

Rosendo Cid (Ourense, España, 1974). Su actividad se centra principalmente en las artes plásticas aunque su interés por la palabra escrita lo hace alternar, no pocas veces, con trabajos literarios y editoriales o incluso realizando obras en las cuales las palabras son parte fundamental de las mismas. Como artista plástico está representado por la Galería Nordés de Santiago de Compostela.


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