Una luz en mitad de la hendidura
Rubén Ángel Arias
La identidad no se elige, te la dan otros. No has nacido y ya tienes un nombre, eres alguien en el deseo de los demás. Han preparado un futuro para ti y con él, unos apellidos, un lugar de origen y una patria. No te será dado elegir tu genética, tu predisposición a enfermar de según qué cosas, la longitud de tus brazos, el número de tu pasaporte, el color de tu piel. La imagen que quienes te rodean se hagan de ti te otorgará un lugar en una casa, en un barrio, en un país. Y a partir de la más o menos abrumadora carga de atributos que te acompañen, podrás identificarte con lo que otros vean en ti —y señalen constantemente— o, de lo contrario, querrás decir que no y reinventarte. No parece haber otra salida, tu identidad se construirá a favor o en contra del nombre y los adjetivos que te otorguen todos los otros que no son tú y sin los cuales no existes.
Las preguntas que Rubén H. Bermúdez, nacido en Madrid en 1981, ha tenido que responder más a menudo obedecen siempre a una misma, estereotipada y casi folclórica secuencia. Obedecen, claro, a los atributos de la identidad. Preguntas de un diálogo sonajero, casi un mantra, que dice así:
— Pero… y tú ¿de dónde eres?
— Soy español.
— Pero… y tus padres ¿de dónde son?
— Son españoles.
— Y entonces… tú… ¿por qué eres negro?
Es esta última pregunta la que H. Bermúdez ha llevado tan lejos como se lo ha permitido su memoria, el álbum familiar y los archivos que ha consultado. Él mismo se ha referido en varias entrevistas a este trabajo como un intento de cifrar su experiencia de y desde la negritud. Un término este último, sin duda, espinoso, cuyo inventor —Aimé Césaire— advirtió enseguida que podía convertirse en una herramienta que abundara en aquello que precisamente él había tratado con tanto empeño de combatir, la segregación. Para Césaire, el problema estaba en romantizar precisamente aquello que había servido para marginar, humillar y segregar. Esta es una cuestión sobre la que volveré más adelante.
El libro de Ruben H. Bermúdez aúna dos tipos de elementos gráficos muy distintos en su factura. El primero y más abundante se compone de unas cien imágenes de archivo. En ellas aparecen algunos de los iconos más reconocibles de la cultura afrodescendiente, de Bob Marley y Angela Davis al mismo Césaire. En continuidad con todos ellos se recogen recortes de prensa, anuncios, dibujos, grabados y mapas en los que, por un lado, se apunta hacia la historia del racismo y su conexión con el pasado colonial de Europa y, por otro, se señalan los estereotipos, la burla y la atrofia, las humillaciones y degradaciones de las que los africanos y sus descendientes han sido objeto.
La segunda serie de imágenes —que se intercala sin establecer jerarquía alguna con la anterior— está comprendida por cerca de sesenta fotografías extraídas fundamentalmente del álbum familiar del autor entre las que abundan, no por casualidad, las fotos de carné. A través de ellas vemos crecer a H. Bermúdez, lo vemos madurar y transitar hacia una cada vez más consciente politización del lugar que en España han ocupado y aún ocupan los afrodescendientes.
El libro está dividido en cinco capítulos, pero podría estarlo en tres, en cuatro o en siete, pues la compartimentación no añade nada al conjunto, o sí, pero a la manera en que a una escalera le ponemos descansillos, no ayudan a subir sino a tomar aliento. Por contraste, los breves textos autobiográficos que —estos sí— escalonan el libro, son fundamentales para entender el origen y las intenciones de la obra, en la medida en que aluden, explicitan y ponen en el centro del relato varias de las imágenes. En conjunto podrían leerse como colección de anécdotas ordenadas por la cronología en las que el autor repasa telegráficamente una vida definida por el color de su piel. Los textos están impresos en blanco sobre fondo negro, el guiño es evidente. Además de su brevedad todos ellos comparten el tono de la confesión, como si se tratara también de un discurso entrecortado y difícil, surgido en el diván del psicoanalista, donde la timidez, los silencios y la contención son la antesala o la promesa de la catarsis. Al final del libro contamos con los pies de foto. Esta decisión hace que el libro fluya como fluyen y saltan los recuerdos, de lo más personal a los mitos compartidos, de la intimidad a la enciclopedia.
A pesar de lo descrito hasta aquí, nada permite responder a la pregunta que da título al libro y que H. Bermúdez ha utilizado como disparador. Y es que la pregunta es, antes que nada, una provocación que subraya la perplejidad de quien la hace y la incomodidad de quien la recibe. A uno y a otro lado de los signos de interrogación se (des)encuentran dos identidades: la de un país que solo se reconoce en aquellos habitantes de rasgos caucásicos (según la clasificación que Blumenbach hizo de las razas en el siglo XVIII) frente a la de quienes que no cuentan con dicho reconocimiento debido al color de su piel.
Este es sin duda el núcleo de la obra: la identidad española y sus orillas. La identidad española y todo lo que ha dejado afuera. Y tú, ¿por qué eres negro? es un libro profunda y radicalmente español dirigido tanto a quienes hacen o podrían hacer dicha pregunta como a quienes en más de una ocasión les ha tocado responder. A los primeros, les indica el camino que ha seguido el imaginario colectivo de su país. A los segundos, los acoge, esto es, les ofrece un mapa de identidades en potencia desde una posición que se sabe marginal. A los primeros les pone ante los barcos de tráfico de esclavos o el Negro de Banyoles. A los segundos les tiende una constelación de complicidades y les deja espacio para armar su propio relato.
“Solo señalamos las diferencias cuando vienen ya señaladas por el contexto social” escribe Sergio del Molino en La piel. Y esta podría ser, creo, una respuesta a la impertinente pregunta. “Es negro quien es señalado como tal”, dice también del Molino y acierta, para después, hacerlo con mucha más rotundidad: “El color de la piel solo importa en un sistema de tribus”.
El término ‘raza’, en el sentido de casta o linaje, es de origen italiano y parece que desde un principio estuvo ligado a la ganadería. Linneo nunca lo utilizó en su nomenclatura y su entrada en los estudios antropológicos data del siglo XVIII.
No deja de resultar curioso —o anómalo o muy poético— que el término raza tenga otra acepción de origen latino que se usaba como sinónimo de hendidura y, también, para referirse a un rayo de luz que pasa a través de una grieta.
Para el ensayista Eliot Weinberger racismo, xenofobia y esclavitud comparten una historia común y muy lejana. Los romanos tenían esclavos tracios, que eran pelirrojos, lo que enseguida llevó a que este color fuera considerado una marca de inferioridad. Rufo, que en latín significa pelirrojo, era el nombre más común entre los esclavos y, como cuenta Weinberger, “en los anfiteatros romanos los actores que interpretaban a esclavos utilizaban pelucas rojizas”. Lo cual no está muy lejos de los blancos disfrazados de Baltasar de los que nos habla y retrata Rubén Bermúdez.
La palabra ‘esclavo’ procede a su vez de ‘eslavo’, pues durante la Alta Edad Media fueron las regiones de más allá del Cáucaso las que suministraban esclavos a las Galias y a Gran Bretaña.
Por el contrario, para otros historiadores, como Christian Geulen, la esclavitud fue antes que nada una consecuencia de las guerras y de la explotación de los vencidos: el derrotado era esclavizado con independencia de su etnia u origen. Una independencia relativa, convendría matizar, pues el vencido siempre es un otro al que se van a exagerar y afear las diferencias.
En lo que todos están de acuerdo es en que no fue hasta finales del siglo XVIII cuando se quiso dar un fundamento biológico a las diferencias observables entre habitantes de distintas regiones del mundo. La pretensión tenía la forma de un argumento y de una exculpación, pues su objetivo era asociar esclavitud y raza. El eurocentrismo quedaba así exonerado. Mucho más tarde, el cifrado del ADN ha venido a desbaratar las clasificaciones precedentes de una biología —parcial, trucada— en la medida en que ha descubierto diferencias abismales entre habitantes de un mismo territorio y sorprendentes coincidencias entre individuos alejados en el tiempo, la etnia y el espacio.
Y tú, ¿por qué eres negro? surgió como colección de notas en un blog (género literario casi extinto), después, al convertirse en libro, agotó su primera edición y una segunda en edición de bolsillo vino a darle el relevo. Ha circulado también en forma de exposición y cuenta también con su versión cinematográfica. Su fortuna la justifica tanto la novedad del enfoque como el hecho de apelar a una comunidad que, en España, no es reconocida como integrante natural del país y se la condena a identificarse en fórmulas degradantes y caricaturescas que no hacen sino apuntalar la marginación y el rechazo. De ahí la poderosa superposición de imágenes contradictorias entre sí que arman (en el sentido bélico del verbo armar) el libro: de un lado, encontraremos un abrumador repertorio de lugares comunes que aparecen denunciados como tales y, por otro, y en continuidad, la contracara luminosa de dichos estereotipos: los iconos, los emblemas, las lecturas a contrapelo y los símbolos de resistencia, en definitiva, una respuesta.
Rubén Bermúdez trae de nuevo y rejuvenecida, la cuestión que preocupaba Aimé Césaire y que —como la pregunta que abre el libro de Bermúdez— es un acicate y una grieta. Una cuestión que atañe a la irrenunciable necesidad de formarse una identidad desde el margen que te ha sido otorgado y con las palabras que han escrito tu vida y han tocado tu cuerpo y que, como el color de tu piel, tampoco has elegido. Bermúdez responde: incluso en el ojo del huracán de los discursos que te denigran, es posible la oposición, la alternativa, el desvío.
Cómo citar:
ARIAS, Rubén Angel, “Una luz en mitad de la hendidura”, LUR, 4 de octubre de 2021, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/y-tu-por-que-eres-negro
Rubén H. Bermúdez (Madrid, España, 1981) es fotógrafo, docente y cofundador de Espacio AfroConciencia, un grupo de pensamiento y acción colectiva que busca el empoderamiento de la comunidad africana y afrodescendiente de España.
Rubén Ángel Arias (Zamora, España, 1978) es doctor en Filología Hispánica. Ha trabajado para los programas de USAC en la Universidad del País Vasco, la University of Maine y la University of Idaho. En la actualidad ejerce como profesor de Lengua y Literatura españolas para estudiantes afrodescendientes en el campus de Englewood (Chicago). Además de sus colaboraciones en distintos medios académicos y culturales, es autor del ensayo Ante el placer de los demás. Representaciones del ocio a cielo abierto (Muga, 2019).
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