La espera de las soldados
Rubén Ángel Arias
El libro de José Pedro Cortes, Things Here and Things Still to Come, se abre con una breve nota en inglés que traduzco a continuación:
Durante nueve meses viví en Tel Aviv. Durante este período conocí a cuatro jóvenes judías que habían nacido en Estados Unidos. Todas ellas habían decidido, a la edad de 18 años, ir a Israel para hacer el servicio militar. Tras completar los dos años requeridos de servicio, decidieron quedarse a vivir en esta idílica ciudad del Medio Oriente.
Este breve texto ejerce, como enseguida se verá, un fuerte control interpretativo sobre las fotografías que encontraremos al pasar esa primera página. Sin este umbral, el contenido del libro podría describirse como el entrecruzamiento de dos series de imágenes bien diferenciadas.
La primera constaría de veintiocho retratos de cuatro mujeres distintas. Los hay de cuerpo entero y los hay solo de partes. Algunos son en color y otros en blanco y negro. Las mujeres posan tanto en ropa interior —con y sin sujetador— como vestidas. Todos los retratos han sido realizados en habitaciones o terrazas, siempre en un ámbito doméstico desaliñado. Abundan los miradores y las ventanas, los gestos distraídos, las espaldas y los flashes, los perfiles y los contrapicados, las miradas directas y sobrias a cámara.
La segunda de estas dos series tiene como protagonista el mobiliario urbano de una ciudad que parece deshabitada: treinta y dos imágenes de áticos, fachadas, puentes, patios interiores y pilares que comparten entre sí la ausencia de figuras humanas y la intrusiva presencia de una flora asilvestrada que ha ido ganando terreno a la ciudad.
Aquí y allá, y por motivos rítmicos, Cortes ha dispuesto también algunas páginas en blanco.
Sin embargo, la interpretación de todos estos materiales está servida y dirigida por esas pocas líneas que abren el libro. Así lo han visto, por ejemplo, Martin Parr y Gerry Badger, quienes ya incluyeron y comentaron esta obra en su The Photobook: A History Volume III (2014). Estos dos autores prestan mucha atención a lo que, a su entender, el texto encubre y que, al encubrirlo, se convierte en una incógnita: la naturaleza de la relación del fotógrafo con las cuatro mujeres judías. Sobre este asunto —que el texto de apertura oscurece e ilumina a un tiempo— volveré al final, no sin antes ofrecer un breve rodeo por lo que la crítica ha dicho respecto al aspecto formal de las imágenes de este libro.
Toni Hildebrandt se ha referido a la homogeneidad y neutralidad de los colores que puede apreciarse tanto en paredes y puertas como en carnes y pieles. Hildebrant ve en esa suerte de ‘no color’ de las superficies inanimadas y de los cuerpos un artefacto —casi un atajo— encaminado a codificar unas imágenes que se suponen recientes en el lenguaje propio, y estereotipado, de los viejos recuerdos. Por su parte, Parr y Badger destacan el contraste y la abundancia de tomas subexpuestas y sobrexpuestas. Este es para ellos un recurso que devuelve las imágenes a su naturaleza de objetos fotográficos y que, en consecuencia, horada lo que aquellas pudieran tener de documento o reliquia de lo real.
Los comentarios de Hildebrandt, y los de Parr y Badger, lejos de excluirse, se encaminan hacia una misma —y muy contemporánea— concepción de la fotografía como técnica sospechosa de tratos impuros con la realidad. Una técnica que no hace distingos entre lo vivido y lo inventado, sino que lo deja todo al libre arbitrio del sujeto que opera con ella y de aquello que este se haya propuesto representar.
De todo lo anterior se deduce, ya lo advertía al comienzo, la importancia del texto introductorio pues este pone todo el énfasis en unos pocos —muy escasos— elementos biográficos. Por eso es fácil estar de acuerdo con Renata Bittencourt Grasso cuando señala que lo más turbador de esta obra se encuentra en aquello que el fotógrafo ha omitido deliberadamente. Si para Parr y Badger, este punto de ciego se hallaba en la relación entre el fotógrafo y las mujeres fotografiadas, Bittencourt Grasso se fija en el efecto que produce la omisión de lo militar, cuando militar era el motivo que había llevado a estas mujeres a Israel. Habría que añadir que lo judaico también ha sido excluido e incluso contravenido, no hay apenas signos del recato que la Torá exige cuando los cuerpos entran en escena. Dicho en corto, lo castrense y lo casto han sido sustituidos por lo domiciliario y lo impúdico.
Esta última idea debería, al menos así lo creo ahora, llevarnos a ese otro texto de anclaje que no es sino el título del libro: Things Here and Things Still to Come. Cosas que están ya aquí y cosas aún por llegar es un enunciado sobre la espera y su proyecto: invita a leer cada imagen como si se tratara de un presagio. Desde esta perspectiva, tanto las poses despreocupadas de las protagonistas, como las calles vacías, contribuyen a la construcción de una especie de limbo flotante en que la vida y su fluir han quedado suspendidos.
Solo la abundante vegetación —vuelta feraz no sabemos si por olvido o desidia— restituye algo de la temporalidad perdida, pues de alguna oscura manera las plantas sí dan muestras de su avance, su crecimiento y su conquista. Hay un atractivo indudable en este tiempo extraño y blando de la espera. Se trata de un tiempo entrópico en un sentido estricto: no convoca al desorden, sino a la expansión.
¿Ha querido Cortes que advirtiéramos algún tipo de analogía entre la decadencia ‘idílica’ de la ciudad y la espera de estas mujeres? ¿Son estas mujeres como esas plantas feraces que han crecido donde han tenido la menor oportunidad? ¿Es su espera un estallido, una exuberancia, una germinación?
Si en realidad estamos ante el retrato de cuatro mujeres soldado, ¿qué es lo que esperan?, ¿qué es lo que esperan, en general, quienes ya son soldados?
Dejo en el aire estas preguntas, pues veo en ellas —con independencia de que estuvieran o no trazadas en el plan del autor— una forma oblicua, o indisciplinada, de entrar en esta obra ya de por sí hermosa e inquietante.
Cómo citar:
ARIAS, Rubén Ángel, “La espera de las soldados”, LUR, 28 de marzo de 2019, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/things-here-and-things-still-to-come
José Pedro Cortes (Oporto, Portugal, 1976). Su trabajo fotográfico se ha exhibido regularmente durante los últimos diez años tanto dentro como fuera de Portugal. Es autor de cinco libros entre los que cabría destacar la trilogía formada por Things Here and Things Still to Come (2011), Costa (2013) y One’s Own Arena (2015). Su obra más reciente es una retrospectiva con carácter programático titulada A Necessary Realism (2018). Es también fundador y coeditor de ediciones Pierre von Kleist.
Rubén Ángel Arias (Zamora, España, 1978) es técnico superior en Química Medioambiental y doctor en Filología Hispánica. Además de sus colaboraciones en distintos medios académicos y culturales, es autor del ensayo Ante el placer de los demás. Representaciones del ocio a cielo abierto (Muga, 2019).
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