En ‘Arquitecturas impresas en rebeldía’, la curadora colombiana Laura Carbonell conversa con distintas voces vinculadas al libro de fotografía latinoamericano sobre las posibilidades de este dispositivo como objeto cultural, artístico y herramienta política
O futuro, de Jerónimo Rivero (Morpurgo / Sub Editora, 2024), es un libro sobre la dramática transformación del río Paraná y su entorno. Una publicación que muestra los efectos devastadores del avance de la ‘civilización’ sobre los ecosistemas y las comunidades del alto Paraná, zona transfronteriza de Argentina, Brasil y Paraguay. Conversamos con su autor y con Ayelén Ruiz de Infante, de la editorial Morpurgo, para conocer el proceso de construcción de esta arquitectura impresa.
A través de la fotografía en blanco y negro y recortes de periódico, Jerónimo Rivero y Ayelén Ruiz de Infante han creado un relato visual inquietante en torno a la pérdida de biodiversidad y las dinámicas de resistencia indígena en toda la región. Anunciando el futuro que viene como un mal presagio, O futuro describe con ironía las contradicciones de esa promesa de progreso que ha provocado la destrucción de la cuenca del río Paraná, zona con una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. El modelo extractivista que ha ido moldeando esos territorios intervenidos por el ser humano ha reducido a la selva Paranaense (o selva Misionera, conocida en Paraguay como Bosque Atlántico del Alto Paraná y en Brasil como Mata Atlántica del Interior) a su mínima expresión: de sus más de 100 millones de hectáreas, hoy perdura tan solo el 7% de su cobertura original.












Sobre el río salvaje, encajonado en los lúgubres murallones del bosque, desierto del más remoto ¡ay!, los dos hombres, sumergidos hasta la rodilla, derivaban girando sobre sí mismos, detenidos un momento inmóviles ante un remolino, siguiendo de nuevo, sosteniéndose apenas sobre las tacuaras casi sueltas que se escapaban de sus pies, en una noche de tinta que no alcanzaban a romper sus ojos desesperados.
Horacio Quiroga, “Los mensú”, en Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917)
O Futuro denuncia los impactos devastadores que la deforestación, el avance de la industria papelera, la construcción de represas hidroeléctricas y el monocultivo de soja han provocado en toda la región de la cuenca del Plata. El libro está atravesado por una frase que sirve a la vez de presagio y de crítica hacia lo que está por venir, la destrucción de ese ecosistema, con todo lo que esto significa. Sus bosques, su río y sus comunidades indígenas, sumidos en una lucha constante por preservar lo poco que queda de biodiversidad en una región marcada por la presencia de la industria papelera, las grandes centrales hidroeléctricas, el cultivo de la soya y, en el primer plano, un paisaje intervenido por toda esta lógica extractivista. O futuro chega com toda força (El futuro llega con toda su fuerza) dice. ¿Qué voz está representada por esta frase? ¿Qué significa que el futuro llegue con toda su fuerza? ¿Y por qué razón decidieron atravesar el libro por este texto?
Jerónimo Rivero: Los archivos de periódico que utilizamos como recurso para la construcción del relato pertenecen al extinto periódico O Estado do Paraná, que se publicó en Curitiba, capital del Estado de Paraná, sur de Brasil, desde 1951 hasta 2011. Todos los artículos se publicaron en diferentes momentos de 1982, año en que desaparecen los Saltos del Guairá, los únicos saltos del río Paraná, que se inundan por el embalse de la megarepresa de Itaipú (Paraguay-Brasil), una de las dos hidroeléctricas más grandes del mundo. En este acontecimiento encontramos condensada la idea central del proyecto, que gira en torno a la industrialización y sobreexplotación de los recursos naturales y el impacto que tiene en las comunidades, el paisaje y el entorno natural. A través de estos artículos, por tanto, damos cuenta de los modos en que los medios de comunicación construyen los sentidos que posibilitan que este tipo de sucesos se puedan dar. Ese artículo, O futuro chega com toda força, que da título al libro y que se va construyendo a lo largo de la narración, leído en perspectiva, nos permite repensar los conceptos de futuro y de progreso, así como las consecuencias que tienen estos proyectos extractivistas y el rol que juegan los medios de comunicación.
Ayelén Ruiz de Infante: Esa frase, utilizada originalmente por un medio para condensar metafóricamente lo que ocurría en ese momento histórico, no solo resume la idea de un futuro avasallante e inevitable, sino que también encierra para nosotros una crítica implícita a ese supuesto progreso. Además, O futuro chega com toda força impuso un ritmo que atraviesa toda la publicación. Funcionó como un pulso narrativo que guía la lectura de las imágenes, los recortes de diario y los silencios entre ellos. A medida que se avanza en el libro, se instala una sensación: algo está por irrumpir. Y ese ‘algo’, presentado como progreso, trae consigo transformaciones profundas en las comunidades, en el territorio y en la forma de habitarlo.
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El libro hace uso de la sátira, de la ironía o de la parodia para marcar una postura crítica frente al mundo y sus excesos. En este caso parecería que O Futuro es un buen título para tomar distancia con el discurso progresista y denunciar ese panorama desolador que se ha ido gestando con el uso extractivo de la tierra. Las dinámicas que rigen el paisaje parecen no detener su avance y con ello se va configurando la destrucción de una cuenca hídrica vital. Dicho esto, parece que este es a todas luces un libro político en el que intervienen no sólo Jerónimo Rivero como fotógrafo, sino también el Grupo Anti Extractivista, Morpurgo Ediciones y Sub Editora, todos proyectos impulsados por la necesidad de hacer la diferencia a través del fotodocumentalismo, la edición y la acción social. ¿Hasta qué punto este libro es el producto de un compromiso activo con la protección del río Paraná y de sus comunidades? ¿Qué significa hacer un libro político? ¿Puede un libro así crear una comunidad crítica y generar cambios en esta lógica destructiva del paisaje?
JR: En el libro nos proponemos reconstruir, de un modo subjetivo y parcial (como toda historia, como toda memoria) una serie de relatos sobre conflictos socioambientales en el territorio de la Triple Frontera (Argentina, Paraguay y Brasil). Las historias que allí encontramos, con las particularidades de cada caso, se repiten, en mayor o menor medida, en toda Sudamérica. Las prácticas extractivistas han marcado nuestra historia, nuestros paisajes y nuestros territorios desde la época colonial hasta la actualidad. Nuestro gran karma es, paradójicamente, las riquezas naturales que poseemos y que han atraído, y lo siguen haciendo, a los sectores más codiciosos e indolentes de la raza humana.
Todo el proyecto se apoya en una mirada politizada y crítica sobre el territorio desde una perspectiva de derechos socioambientales. Los pueblos originarios que habitan allí excluidos, discriminados y marginados desde la época colonial hasta la actualidad, continúan su resistencia pacífica. A través de su cosmovisión, su cultura y su lengua, nos proponen otro punto de vista, históricamente silenciado, otra relación con el universo natural, con la tierra, con el agua y con el bosque nativo y toda su biodiversidad. Volver la mirada y la escucha hacia ellos es una deuda histórica de todo el continente y una posibilidad concreta para repensar, desde una perspectiva ancestral y propia, la relación naturaleza-cultura en el marco de un colapso ambiental inminente y global.
ARdI: Como bien menciona Jerónimo, el proyecto fue concebido desde una perspectiva atravesada por los derechos socioambientales. El diálogo entre los distintos materiales que componen el libro —las imágenes, los archivos de prensa y los textos— construye un relato que nos invita a pensar una problemática que se repite en distintos territorios y momentos históricos.
Hasta ahora, las presentaciones del libro se han convertido en espacios de encuentro muy valiosos, en los que se ha generado un intercambio genuino con las personas que participan. Eso confirma nuestra intuición de que este tipo de publicaciones no solo tienen un valor documental o estético, sino que también pueden funcionar como herramientas potentes para generar conciencia colectiva y activar nuevas formas de reflexión en torno a estas temáticas urgentes.
Jerónimo Rivero:“Las prácticas extractivistas han marcado nuestra historia, nuestros paisajes y nuestros territorios desde la época colonial hasta la actualidad”
La historia de O Futuro inicia con la desaparición de las cataratas Saltos del Guairá (conocidas como Sete Quedas en Brasil), como consecuencia de la construcción de la represa hidroeléctrica binacional de Itaipú. ¿En qué momento se hizo necesario reunir toda esta investigación y esas fotografías en un libro? Dicho de otro modo, ¿cuándo toda esta documentación empezó a adquirir cuerpo para convertirse en una historia en imágenes, con una secuencia y una lógica impresa?
JR: El proyecto comenzó hace diez años con una serie de recorridos por el Alto Paraná. Poco a poco se fue construyendo el cuerpo de obra a partir de varios procesos relacionados a la investigación y a la producción editorial y audiovisual. Con el paso del tiempo nos dimos cuenta que, en lugar de perder fuerza, cada día se volvía más actual y urgente contar estas historias. Por esto, y por el gran desconocimiento que encontramos sobre los acontecimientos que se narran (incluso en ambientalistas), es que decidimos publicar el material. Algunas historias merecen ser contadas, no para alimentar nuestro ego, sino para dejar constancia de lo sucedido, para que la historia no la cuenten siempre los mismos, siempre los más poderosos y, especialmente, para luchar, como David contra Goliat, frente a los discursos hegemónicos y proextractivistas de nuestra historia.
ARdI: Cuando Jerónimo nos convocó para sumarnos al proyecto, el trabajo ya había atravesado otras etapas y formatos. Había una investigación y un archivo visual que daban cuenta de un recorrido profundo y comprometido. Desde Morpurgo creemos que una propuesta de estas características se enriquece al transitar distintos lenguajes y soportes, buscando así diversas formas de resonar en el público a lo largo del tiempo. En ese sentido, el libro apareció como una posibilidad de condensar todo ese proceso en un objeto que invite a la lectura pausada y a la reflexión. Nos interesaba que esas historias pudieran encontrar un espacio tangible, una narrativa que proponga una lectura comprometida, casi como un gesto de resistencia frente a la indiferencia.
Desde el diseño intentamos aprovechar al máximo un enfoque minimalista, no por austeridad, sino por convicción: para que cada material presente tuviera su propia jerarquía y sentido dentro del relato. No queríamos que funcionaran como simples recursos estéticos, sino como elementos vivos que dialogan entre sí y sostienen el pulso narrativo del libro.
Hablamos entonces de un libro reflexivo y al mismo tiempo un libro de denuncia. En O futuro aparecen fotografías tomadas por Jerónimo y fotografías intervenidas provenientes de un álbum familiar. Muchas de esas imágenes tienen una historia. Se habla de Manuel José Moraes, colono brasileño, de Rey Orfilio Garcete quien vivía en Isla Picardía antes de ser inundada por el embalse, como la familia Sánchez que vivía en una isla en medio del río Paraná. Hay una serie de recuerdos que nos dicen cómo era el paisaje, cómo se vivía en esos tiempos y qué momento es el que esa fotografía representa. ¿Cómo fue la recolección de este archivo? ¿Qué diálogo se creó entre estas fotografías y las imágenes de Jerónimo? Y finalmente ¿por qué era necesario intervenirlas?
JR: Las fotografías de los archivos familiares se fueron recolectando en las diversas visitas y entrevistas realizadas en las comunidades. A partir de estas imágenes (inéditas y privadas) reconstruimos la historia socioambiental del lugar a través de la mirada de los pobladores locales, de sus archivos fotográficos e historias personales. Esto nos permitía, además, mostrar territorios y espacios que han desaparecido, que ya no existen o que han cambiado drásticamente, así como escenas que nos posibilitan hablar del pasado y, desde lo visual, tener una perspectiva histórica.
De este modo podemos sugerir que la situación actual, en el presente, tiene su explicación en el pasado. Entrelazando imágenes del pasado y del presente, con artículos de periódicos que hablan de un presente que hoy es pasado, nos alejamos de la temporalidad impuesta por el dispositivo fotográfico, que, por sus propias características, está condenado a hablar siempre en presente. Los archivos familiares fueron intervenidos con la misma agua del río Paraná, con el objeto de crear una atmósfera más onírica y de territorio inundado, como lo son las zonas adyacentes a los embalses de las centrales hidroeléctricas en gran parte del Alto Paraná.
ARdI: Lo interesante es cómo estas imágenes intervenidas conviven y dialogan con las fotografías que Jerónimo tomó a lo largo de su recorrido: se genera un vínculo entre lo que se recuerda y lo que se observa hoy, entre lo que fue y lo que aún persiste. Esa convivencia visual construye una tensión que atraviesa todo el libro y se condensa en los relatos.
Pasado, presente y futuro se entrelazan a través de la imagen y la palabra, invitándonos una vez más a reflexionar sobre las posibilidades —y también las consecuencias— de que ese futuro llegue con toda su fuerza.
Las imágenes provocan esa tensión. Muchas veces es necesario dejar que sea la impronta visual la que manifieste su propia esencia y despliegue su rebeldía. El libro contiene este segmento específico en el que aparecen las imágenes con largos testimonios de la gente que se ha visto afectada por las dinámicas de deforestación. De algún modo, el libro busca darle voz a todas las personas que viven en esos territorios: campesinos, colonos, comunidades indígenas y pescadores. Entre las muchas personas que se mencionan, están los pescadores artesanales de Bella Vista y de las costas de Corrientes. Jerónimo, ¿cómo fue el primer acercamiento a estas familias. ¿Qué relevancia tienen todas estas comunidades en el proyecto?
JR: Todas las fotografías que aparecen en el libro, incluidas las de archivos familiares, tienen un sentido de ser, cuentan una historia específica que se entrelaza con el resto de las historias para narrar las memorias socioambientales del territorio. Estas historias aparecen al final del libro en forma de escritos. Construimos una narrativa inicialmente visual, con muy poca información, para que el lector la interpretara y se hiciera preguntas para, una vez recorridas todas las imágenes del libro, anclar el sentido con lo textual, con los nombres de los pobladores, los lugares y los acontecimientos que narramos. La complejidad del tema y el respeto por las comunidades que participaron en el proyecto, así lo exigía.
El primer lugar donde llegamos, allá por 2015 cuando comenzamos el trabajo de campo, fue a Bella Vista (provincia de Corrientes, Argentina). Allí compartimos una semana con los pescadores artesanales del río Paraná, especialmente con la familia de Quico Gómez, un viejo pescador de la zona. Con ellos recorrimos el río, día y noche, nos acercamos a sus misterios y dimensionamos, por primera vez, su real magnitud. Decidimos, entonces, continuar el recorrido por sus costas, profundizar en el proyecto, lo que nos llevaría 10 años de trabajo para lograr, finalmente en noviembre de 2024, esta publicación que compartimos con ustedes.

Tengo la impresión de que la reportería fotográfica viene muchas veces acompañada del relato oral y el relato escrito. Es como si muchas de estas fotografías necesitaran del testimonio escrito para que no se perdiera la voz de los locales. Como si el fotógrafo fuera a su vez cronista y antropólogo. ¿Por qué es tan necesaria la palabra, tan relevante el testimonio y tan necesaria la descripción de esas vivencias territoriales? ¿Qué decisiones en términos de edición y diseño permitieron traer estas historias y estas vivencias que le dan al libro mayor profundidad y alcance?
JR: El tema del uso de los textos fue bastante discutido en los procesos de edición. Hay una tendencia a prescindir de la palabra en los fotolibros, por esta idea de que las imágenes deben narrar sin necesidad de un texto que las contenga, las acompañe o las justifique. En algunas ocasiones funciona bien, es un buen ejercicio. Sin embargo, en otras ocasiones, especialmente cuando se trabaja con temas complejos, poblaciones víctimas, territorios con conflictos, etc. (como es nuestro caso), la ausencia de un texto que dé cuenta de quiénes son esas personas con las que se trabajó, sus nombres propios, sus historias, los territorios que se abordan, etc., le resta fuerza al trabajo, lo deja con un aire de superficialidad (solo fotografiamos la superficie de las cosas, su aspecto, por más que nos pese) y, en algunas ocasiones puntuales, vuelve a invisibilizar y silenciar a estas comunidades/territorios/temas. Decidimos nombrar a todas las personas, lugares y temas sobre los que trabajamos como un reconocimiento y agradecimiento por confiar en nuestro trabajo y no creemos que eso vaya en detrimento de la narrativa, potencialidad y polisemia de las imágenes, sino que describe muy bien la forma que tenemos de ver el mundo y nuestro rol como comunicadores.
ARdI: La publicación aborda una temática compleja que ha sido tratada por distintas voces y enfoques a lo largo del tiempo. En nuestro caso, desde la edición y el diseño trabajamos en construir un ritmo de lectura que otorgue a cada material la jerarquía que merece. Ubicar los textos al final, junto a las imágenes que ya fueron vistas, ayuda a anclar esas voces a personas reales. El universo que Jerónimo construye en este trabajo es resultado del vínculo genuino que estableció con quienes participaron.
Sin duda, las historias de German Pachecho, trabajador campesino, y las de Reinaldo Silva Cabañas y Carlos Gómez, pescadores artesanales, son importantes para conocer el impacto que ha tenido la construcción de la represa Yacyretá en su vida cotidiana. Con esos testimonios entendemos que, a pesar de todo, hay quienes siguen haciendo uso del bote a remo: orilleros, paceros y pescadores que viven en las costas del río Paraná dependen de la pesca y del comercio. Las vidas de estas personas parecen pequeños actos de resistencia frente a la construcción de estas hidroeléctricas que seguramente reducen o interrumpen el caudal del río, evitan que los peces naden con las corrientes y tengan un ciclo natural de vida y se interrumpe la navegabilidad en muchas zonas. Sin embargo, al leer el libro se percibe que no hay un orden cronológico, ni un orden geográfico lineal en el relato. Es necesario reunir las piezas para hacerse una idea del panorama completo de la región. ¿Cómo se definió esa secuenciación de las imágenes? ¿Era necesario romper con la cronología para que el relato visual tuviera fuerza? ¿Querían que el lector investigara a su vez o esto es algo más circunstancial?
JR: Efectivamente, utilizamos las historias personales de los pobladores de la zona, incluso sus imágenes familiares, para dar cuenta del impacto que tienen estos proyectos extractivistas en la vida de la gente que allí habita. El relato visual, que reúne muchas historias con diversas problemáticas (hidroeléctricas, papeleras, deforestación, agrotóxicos) en diferentes lugares de las costas del río Paraná, se estructuró en base a sus características estéticas, construyendo la estructura visual de forma autónoma e independiente. Nos interesa que el lector se haga preguntas al recorrer el libro y que esas incertidumbres lo lleven a pensar en sus propias memorias, sus propias experiencias, sus propios territorios. Luego, con la información que recibe al final del libro, puede volver a las imágenes (y ojalá lo haga) y rearmar el puzle de historias que proponemos para realizar una nueva lectura. Nos interesa, y lo promovemos de diversas formas en la edición, ese ir y venir, esa relectura, ese tránsito no lineal del libro.
ARdI: Queríamos que la publicación propusiera un tiempo de lectura no lineal. Fue una decisión consciente romper con la cronología o con una lógica geográfica: queríamos que el lector pudiera sumergirse en el relato visual de forma libre, casi intuitiva, y que construyera el sentido a partir de su propio recorrido por las imágenes y los textos. En lugar de ofrecer una explicación cerrada o un mapa ordenado, buscamos que el libro despierte preguntas y active vínculos con las problemáticas que se plantean. La información que aparece al final del libro cumple un rol clave: habilita ese ‘ir y venir’, una segunda lectura posible. Como editores, buscábamos fomentar esa experiencia de relectura, ese tránsito activo que convierte al lector en parte del proceso de reconstrucción de esta historia.
Hablemos de la secuencia de las imágenes en relación con otro tipo de textos presentes en el libro. ¿Por qué fue tan importante darle ritmo a través del uso de recortes de periódico? ¿Tenían claro que este libro iba a tener el aspecto de una obra de investigación en la que pudieran confluir el reportaje fotográfico con la denuncia? ¿Cómo lograr que los textos y las imágenes adquirieran ese tono crítico que debían tener para que O Futuro pudiera convertirse en un llamado de alerta a lo que está sucediendo con el río y sus comunidades?
JR: Los recortes de periódico, por un lado, brindan una perspectiva comunicacional que da pistas sobre cómo se informó a la población que se vería afectada por el proyecto de la hidroeléctrica de Itaipú, sobre el avance de este y las consecuencias que tendría. Por otra parte, y por el modo en que trabajamos los artículos (recortándolos, dificultando o imposibilitando su lectura completa, para volverlos un elemento más del discurso visual) nos proporcionan un vínculo imágenes/texto que, en articulación con la secuencia de fotografías, habilita nuevas capas de lectura en una estructura más compleja que se propone, a su vez, desbordar los límites de la investigación y del periodismo tradicional.
ARdI: Para fortalecer una lectura no lineal ni cronológica, los recortes de periódico no fueron pensados como simples fragmentos informativos, sino como elementos que aportan ritmo, textura y profundidad al relato visual. Su inclusión, muchas veces en forma fragmentada o parcialmente ilegible, nos permitió tensionar el lenguaje tradicional del archivo e integrarlo activamente en la construcción narrativa del libro.
El tono crítico se construye en la experiencia de lectura, en las relaciones que el lector va tejiendo entre las imágenes y los fragmentos de texto. Nuestra intención fue generar un recorrido que no solo informe, sino que interpele y active preguntas sobre los territorios, las memorias y la manera en que esos procesos fueron comunicados en su momento.
No parece muy fácil plantearse cuestiones de sostenibilidad y cuidado medioambiental cuando se trata de hacer libros de fotografía, pero imagino que al trazar una mirada crítica hacia las industrias del papel esta debió ser una reflexión importante a la hora de escoger materiales para O Futuro. ¿Hubo alguna consideración en términos de sostenibilidad para la impresión, el tipo de papel, la tinta o recurrieron más bien a los medios que tenían al alcance para hacer un libro accesible para la gran mayoría?
JR: La idea que teníamos para el proceso de impresión y los materiales a utilizar tenían en cuenta lo que mencionas. Por un lado, queríamos hacer un libro accesible y económico, para que pudiera circular y no fuera solo para quienes pudieran pagarlo. Por otro lado, al trabajar sobre/en papeleras de la Provincia de Misiones (Argentina) y comprobar el impacto que estas industrian tienen sobre el río y los territorios donde actúan decidimos utilizar un papel que no proviniera de pasta de celulosa y no utilizara blanqueadores químicos (un proceso muy contaminante, como comprobamos durante el trabajo de campo). Después de pensar e investigar diferentes materiales posibles y gracias al consejo de nuestro productor gráfico, Tony Lockett, dimos con el papel NAT que finalmente utilizamos. Fabricado en Argentina a partir de caña de azúcar y sin blanqueadores químicos, este papel reunía todas las características que necesitábamos para materializar el proyecto: sostenibilidad y precio.
ARdI: A lo largo del proceso de trabajo conversamos e investigamos diferentes opciones vinculadas a la sostenibilidad. Más allá de los recursos disponibles en el momento, consideramos fundamental que un proyecto que se materializa en forma de publicación contemple aspectos como el tipo de papel, tintas, tirada y costos para equilibrar el impacto ambiental y el acceso al libro para un público amplio.
Me gustaría conversar sobre el principio mismo de los libros de fotografía. Entender qué los hace necesarios en esta época de lo digital y por qué el proceso lento de elaboración y conceptualización hace que sea un objeto muy a contracorriente del mundo en el que actualmente vivimos.
JR: El fotolibro tiene su sentido de ser en la medida en que plantea un discurso alternativo que va a contracorriente de la industria editorial tradicional, que históricamente le ha dado muy poco espacio a los ensayos fotográficos y a los fotógrafos, de los discursos hegemónicos que nos han traído hasta este punto de no retorno y de la inmediatez, el individualismo y la superficialidad que nos proponen hoy, mayormente, desde las redes sociales, con historias efímeras que terminan haciendo de internet un gran repositorio visual. Solo de este modo se puede dimensionar la magnitud real de este tipo de proyectos, que no tienen recursos, ni empresas financiadoras, ni expectativas de ser best seller y que se construyen en largos procesos de trabajo colectivo y gracias a la voluntad, el compromiso y los lazos solidarios de profesionales de diversas disciplinas.
ARdI: Los libros de fotografía siempre fueron importantes y lo siguen siendo. La experiencia de lectura que proponen trasciende la simple difusión de una obra: son documentos, objetos que invitan a detenerse, a reflexionar, a contemplar. En una época atravesada por la inmediatez, su proceso de creación profundo y su tiempo lento se vuelve, en sí mismo, una forma de resistencia. Es una apuesta por otra temporalidad, en la cual la lectura se construye en capas y la imagen no se agota con un like.
Además, cuando la fotografía se materializa en un objeto tangible puede ser recorrida una y otra vez: el libro permite pensar la fotografía en relación con el tiempo, el montaje, la edición y la narrativa: le da un cuerpo, una voz, una permanencia que es política y poética a la vez.
Por eso, en un contexto de sobreinformación y agotamiento este tipo de publicaciones importan no solo por las historias que cuentan, sino por el derecho a contarlas con cuidado y cariño. Un derecho que defendemos quienes las llevamos adelante, muchas veces con recursos limitados para todo lo que implica su proceso de producción y distribución.
Ayelén Ruiz de Infante: “El libro le da a la fotografía un cuerpo, una voz, una permanencia que es política y poética a la vez”
Por último, quisiera que habláramos del trabajo colaborativo que supone construir un libro de fotografía. El libro exige diálogos, compromisos, un trabajo mancomunado. ¿Cómo fue ese trabajo entre ustedes?
JR: En los diferentes procesos que se fueron desarrollando a lo largo de diez años de construcción del fotolibro O Futuro intervinieron muchos profesionales de diferentes áreas, todos motivados por un interés en el proyecto y sus potencialidades, más que por aspectos económicos. En primer lugar, debo mencionar el trabajo de contención, acompañamiento y edición del fotógrafo y editor francoargentino Nicolás Pousthomis y la editorial que él gestiona, Sub Editora. Con su criterio y generosidad empezamos a desandar el camino final del fotolibro, que terminaría con su publicación en noviembre de 2024.
Con Ayelén Ruiz de Infante y su editorial Morpurgo trabajamos el diseño, maquetación y puesta en página del fotolibro. El productor gráfico Tony Lockett gestionó la preprensa y prensa. Colaboraron en la producción de textos Guillermo Folguera, Paula Blois, Carla Wichmann e Iriel Surai Molina. La producción audiovisual, que utilizamos como narrativa complementaria, la realizaron Juan Manuel Zaldúa y Julián Miguel Ravera.
Todos ellos, más toda la gente que prestó sus testimonios o colaboró durante el trabajo de campo y en otros espacios relacionados al proyecto, son parte de una red de colaboradores que de forma desinteresada, especialmente generosa y colaborativa, hicieron posible que este trabajo se pudiera llevar adelante y se pudiera materializar en una publicación.
ARdI: Desde que Jerónimo nos convocó hasta la impresión del libro, fue un proceso de intercambio con las personas que formaron parte del proyecto. Un libro como O Futuro requirió de una forma de hacer colectiva. Para Morpurgo, como editorial, fue muy valioso formar parte de esa red de voluntades en un contexto en el que sacar adelante una publicación así implica trabajo y compromiso.
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Jerónimo Rivero (La Plata, Argentina, 1975). Es fotógrafo, periodista y profesor de Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata. Su trabajo se centra en la cultura e idiosincrasia sudamericana y en temas de derechos humanos y ambientales. Ha trabajado en Argentina, Colombia, España y Bolivia, publicado cuatro fotolibros y su obra se ha expuesto en países de América Latina y Europa.
Ayelén Ruiz de Infante (La Plata, Argentina, 1988). Es Diseñadora en Comunicación Visual (FBA-UNLP), fotógrafa y docente. Desde 2015 codirige Morpurgo, editorial de arte y fotografía, y forma parte de Espacio Queer, Festival Internacional de Cine LGBTQI+. Su trabajo explora otros modos de contar y construir relatos a través de la experimentación con la materialidad fotográfica. Actualmente trabaja de forma independiente y es docente de Fotografía y Tipografía (FADU-UBA).
Laura Carbonell (Bogotá, Colombia, 1986) es curadora. Sus exposiciones dialogan con diversas disciplinas como la arquitectura y el diseño. Su último proyecto expositivo ofrece un panorama de la producción gráfica y editorial de fotolibros en América Latina mediante una selección de 100 títulos publicados entre 2020 y 2025. La muestra se ha exhibido en distintas versiones en España, Polonia y Suiza.
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