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Alec Soth

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Eremitas: el arte de desaparecer (frente al espejo)

Rubén Ángel Arias

Cuando en 2010, Alec Soth publicó Broken Manual, era ya un fotógrafo conocido y apreciado por dos trabajos anteriores: Sleeping by the Mississippi (2004) y Niagara (2008). En ellos, Soth había ensayado con éxito un retrato a gran escala del Medio Oeste estadounidense. Un territorio en el que la nostalgia —convertida en una suerte de tristeza ontológica—, la precariedad laboral y la religión ocupan el centro del paisaje y de las vidas de sus gentes. Un Medio Oeste tan liminar como pintoresco. Diane Arbus, Joel Sternfeld, Stephen Shore y el insoslayable Robert Frank habían pasado por allí. Soth había tomado nota.

En el corazón de la mitología popular ‘americana’ se encuentran la extensión del territorio, el abandono —o la marginación y el fracaso— y la soledad, todo ello en una versión desmesurada y patética. Pero también, y sin contradicción aparente, ocupa un lugar central la idea de la vida como una materia dúctil que admite fácilmente los cambios de rumbo y las reinvenciones. En un momento dado —un momento de hartazgo o de bruma insensata— alguien decide soltar lastre, huir, mutar, desvanecerse o desaparecer, y se pone manos a la obra hasta lograrlo. Algunos de los relatos fundacionales de la narrativa estadounidense podrían leerse como versiones de esta huida o extrañamiento del mundo. El Rip van Winkle de Washington Irving o el Wakefield de Nathaniel Hawthorne aceptan esta interpretación, como también la aceptan, y de buen grado, El hombre en la multitud de Poe (aunque suceda en Londres), el autobiográfico Thoreau de Walden, el Ismael de Moby Dick, los desterrados de Bret Harte, y, muy por encima y reinando sobre todos ellos, el bueno de Huckleberry Finn, que aún continúa su huida aguas abajo, echado de espaldas, bajo el cielo innumerable. Alec Soth encontró una manera de acercarse a la figura enigmática y sobredimensionada del huido y del eremita. Broken Manual es el resultado de esta aproximación y, como enseguida se verá, algo más.

La explotación cinematográfica del llanero solitario y del fugitivo no son sino prolongaciones de una misma y muy estadounidense figura. De los ejemplos que acabo de citar cabría deducirse que la fantasía escapista ha sido una conquista y un anhelo profundamente masculino. Las damas extraviadas de Willa Cather o las más atormentadas de Edith Wharton no tuvieron tanta suerte: la posibilidad de la huida y la reinvención de una identidad estaban vetadas para ellas (a menos que la huida fuera hacia dios, claro, o hacia la tumba).

Broken Manual, cuyo título juega con la idea de broken man (hombre roto), se presenta como un manual de instrucciones para ermitaños, survivalistas, hippies o prófugos, y viene firmado por un tal Lester B. Morrison. Un personaje —inventado por Soth a su imagen y semejanza— a quien, en un giro simpático e inverosímil, el mismo fotógrafo ‘entrevista’. “Quería borrarme de la escena y, a la vez, publicitar mi borrado”, declaró Soth en una de las entrevistas promocionales del libro. En definitiva, y es algo que Soth ha reconocido más tarde, “toda esa pasión por desaparecer, todas esas tentativas, llamémoslas suicidas, eran a su vez intentos de afirmación del yo”.

El fotógrafo de Minneapolis había pasado por una de esas —estereotípicas y sonadas— crisis de varón de mediana edad en las que el alcohol y los bajones anímicos dictan la conducta y amenazan con quedarse para siempre. Su caso se ajustaba al del cliché de la crisis del artista atormentado. Sin embargo, y por suerte para sus lectores, Broken Manual tiene la ironía como divisa, y lo que se presenta como un manual para la retirada o la evasión no es sino una —predecible y en el fondo amable— caricatura de quienes anhelan dicha salida. Así, entre los consejos que el heterónimo Lester B. Morrison nos ofrece para que lleguemos a ser unos huidos ejemplares y exitosos, se encuentran los siguientes: “Déjate barba”, “Cambia tus andares”, “Invéntate un pseudónimo”, “Empieza a escribir”, “Evita a las mujeres”, “Hazte con un perro”.

En consecuencia, en las imágenes de Broken Manual abundan los hombres barbudos y solos. Predominan también los paisajes y espacios idóneos para la ocultación y el retiro: bosques, cabañas, autobuses, remolques y grutas aparecen, sin solución de continuidad, junto a ciertos utensilios e ingenios: un tablón, un perchero instalado en el interior de una cueva, un cuchillo improvisado o una vagina artificial (estas dos imágenes —muy limpias y casi forenses— van seguidas la una de la otra, como en un chiste no se sabe si cafre, psicoanalítico o malo).

Hay retratos y paisajes en blanco y negro, y los hay en color, siempre en la página impar y sin superposiciones o dípticos de ningún tipo. Todas las fotografías han sido tomadas con cámaras de gran formato. Esta técnica, así como la proporción del negativo que le es propia (8 x 10), es una constante en la obra de Soth, incluso allí donde, como sucede a menudo en Broken Manual, el resultado no lo necesite. Este es el caso de algunas copias borrosas y de imágenes hechas en un estudio, en las que las cualidades ópticas del gran formato resultan inapreciables. La insistencia de Soth en este detalle —no hay una entrevista en que no lo mencione— tiene que ver con su deseo de ser considerado como fotógrafo, sin ninguna otra etiqueta adicional.

El título de la obra, ya se ha dicho, juega con la idea del hombre roto, como el apócrifo Lester B. Morrison asume ser. Pero también juega con la propia literalidad de las palabras: es un manual partido e inservible. Su inutilidad proviene precisamente del efecto paródico y autorreferencial que Soth ha buscado. En este sentido, es una muestra muy interesante del efecto doble que se produce cuando un autor cae hipnotizado por un tema y, a la vez, busca distanciarse de él a la manera de alguien que, queriendo retratarse, huyera de la imagen que de sí mismo le devuelven los espejos. Broken Manual no deja de ser el libro de una crisis con todas las características que le son propias: la frustración y el aburrimiento de uno mismo, esto es, la imposibilidad de ‘salirse de sí’. Pues, dicho en palabras de Gonçalo Tavares: “Desaparecer frente a los otros requiere esfuerzo, pero es posible (el buen escondite lo resuelve): desaparecer frente al espejo, ese es el gran obstáculo”.

ARIAS, Rubén Ángel, “Eremitas: el arte de desaparecer (frente al espejo)”, LUR, 31 de marzo de 2022, https://e-lur.net/resenas-de-fotolibros/broken-manual


Alec Soth (Minneapolis, Estados Unidos, 1969). Ha publicado más de veinticinco libros, entre los que cabe destacar Sleeping by the Mississippi (2004), Niagara (2006), Broken Manual (2010), Songbook (2015) y I Know How Furiously Your Heart is Beating (2019). En 2008, creó Little Brown Mushroom, una empresa multimedia centrada en la narración visual. Desde ese mismo año es miembro de la agencia Magnum Photos.

Rubén Ángel Arias (Zamora, España, 1978) es técnico superior en Química Medioambiental y doctor en Filología Hispánica. Además de sus colaboraciones en distintos medios académicos y culturales, es autor del ensayo Ante el placer de los demás. Representaciones del ocio a cielo abierto (Muga, 2019).

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