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El (des)pliegue de una historia enterrada

Ángeles Donoso Macaya

Historias diversas se encuentran, se cruzan y conviven en Los obreros del ferrocarril (2016), de Karina Aguilera Skvirsky. Menciono de entrada la existencia de estas historias no sólo porque la práctica artística interdisciplinaria y multimedia de Aguilera Skvirsky se nutre de múltiples historias provenientes de distintas fuentes, sino también porque resulta imposible escribir sobre esta serie fotográfica sin considerar cómo estas historias se (des)pliegan en cada imagen. Los obreros del ferrocarril adquiere forma y materialidad a partir del cruce de historias conocidas y silenciadas, momentos pasados y presentes, experiencias oídas, evocadas y (re)vividas; mi escritura se deja orientar y reorientar por los diferentes pliegues que produce la yuxtaposición de estas historias.[^1]

[^1] La serie fue exhibida por primera vez en la XIII Bienal de Cuenca, Ecuador, en 2016, junto al vídeo El peligroso viaje de María Rosa Palacios. Tuve la oportunidad de ver esta instalación en la muestra Africamericanos, curada por Claudi Carreras, en el Centro de la Imagen en Ciudad de México (agosto-noviembre de 2018). Para ver más imágenes de las instalación y consultar otras obras de la artista, visitar karinaskvirsky.com

Una es la microhistoria que se conecta directamente con la biografía de Aguilera Skvirsky. Esta historia familiar, transmitida de manera oral de generación en generación, narra el viaje realizado a comienzos del siglo XX por María Rosa Palacios, la bisabuela afroecuatoriana de la artista. Es posible conocer una versión de esta historia en El peligroso viaje de María Rosa Palacios (2016), vídeo performance en el que Aguilera Skvirsky relata y recrea tramos del trayecto realizado por su bisabuela hace más de cien años y en el que también entrevista a personas cercanas a su bisabuela y a su abuela, la última nacida en Guayaquil.

Los obreros del ferrocarril (2016)
Karina Aguilera Skvirsky

En la secuencia inicial, Aguilera Skvirsky relata cómo su bisabuela se vio forzada a migrar por motivos económicos cuando tenía sólo catorce años. María Rosa, aprendemos, atravesó Ecuador sola, dejando atrás a toda su familia en el Valle del Chota, en las sierras andinas, para trabajar como doméstica en Guayaquil. Luego de conversaciones con personas cercanas a su abuela y de sus propias investigaciones en el archivo, Aguilera Skvirsky concluye que su bisabuela tuvo que haber completado partes de su viaje a pie (también hizo algunos trayectos en burro, en barco y en tren). El punto de referencia de Aguilera Skvirsky es el año de nacimiento de su abuela en Guayaquil (1908). En ese mismo año, se completaba el último tramo de ferrocarril que unía Guayaquil con Quito. Aguilera Skvirsky conecta así su microhistoria familiar con aquella macrohistoria que celebra y narra la gesta de la construcción del ferrocarril en Ecuador.[^2]

[^2] El primer tramo del ferrocarril comenzó a construirse durante el mandato de Gabriel García Moreno en 1861, y la primera sección, que conectaba las localidades de Durán y Milagro, fue inaugurada en 1873. La idea de unir Guayaquil y Quito comenzó a materializarse durante la primera presidencia de Eloy Alfaro (1895-1901). El último tramo del ferrocarril trasandino —aquel que terminó por conectar Guayaquil y Quito— fue inaugurado en 1908, durante el segundo mandato de Eloy Alfaro. Para contar la historia de la construcción del ferrocarril he consultado el informe del registro de ingeniería estadounidense Engineering Record: Building Record and Sanitary Engineer y el artículo The Guayaquil and Quito Railway, Ecuador, de Eva Loewenfeld (1946).

El tren de Ecuador es evocado en varias fuentes como el “más difícil del mundo”.[^3] Tanto así, que El Comercio de Quito celebró la compleción de la obra publicando cuatro imágenes vinculadas a su construcción en la portada del 25 de junio de 1908: dos vistas panorámicas de las ciudades de Quito y de Guayaquil, una toma de la vía férrea sobre el Puente de Shucos, en el cantón de Alausí, y otra toma del monte Pistishi, conocido también como La Nariz del Diablo por haber sido el tramo más difícil en la construcción del ferrocarril.[^4] En este montaje visual, la presencia de los obreros del ferrocarril brilla por su ausencia, pero esto no debería sorprendernos: el reverso de la historia triunfal del ferrocarril trasandino es la historia de los indígenas y migrantes temporeros jamaicanos que trabajaron en su construcción. Esta historia silenciada y enterrada, que habla en susurros casi inaudibles de migración económica forzada, de explotación laboral, de deportación y de muerte, es la historia que emerge, desplegada, en la serie fotográfica de Aguilera Skvirsky.

 [^3] Este epíteto es prácticamente un lugar común. Varios sitios web y notas de prensa describen el tren de Ecuador y su construcción de esta forma. Ver, por ejemplo, la sección dedicada a la historia del tren en Ecuador del sitio trenecuador.com o la página de Wikipedia dedicada al Ferrocarril Trasandino.
 [^4] Como indica Patricio Barrazueta Molina en su artículo (2012), este periódico había comenzado a publicar imágenes sólo un año antes. 
Los obreros del ferrocarril (2016)
Karina Aguilera Skvirsky

Esta historia enterrada contempla la construcción del tramo más complejo, el que debía serpentear La Nariz del Diablo para llegar al pueblo de Alausí, a más de 2.300 metros de altura. Se necesitaban muchos más obreros de los que había disponibles (varios miles más) para la compleción de este tramo. Como el capital no conoce fronteras cuando el objetivo es asegurar el fácil acceso a mano de obra barata, la compañía constructora norteamericana que estaba a cargo de la construcción firmó un contrato con la Oficina Colonial Británica. Por medio de este contrato, cuatro mil jamaicanos provenientes de las clases trabajadoras fueron desplazados a Ecuador. El contrato estipulaba que serían empleados por dos años y que al término de este plazo podrían volver a Jamaica si así lo deseaban. Para costear el viaje de regreso, cada mes se les quitaría una parte de su salario, que sería depositada en una cuenta del Consulado General Británico en Guayaquil. Mirando la serie de Aguilera Skvirsky me pregunto cuántos jamaicanos habrán recibido su dinero de vuelta.

Se estima que fallecieron miles de obreros (indígenas e inmigrantes) en la construcción del ferrocarril. Cientos de obreros (y también un par de ingenieros y jefes de faena) murieron por enfermedades y pestes; debido a la frecuente actividad sísmica y a que la lluvia provocaba inundaciones, hubo muertes por deslizamientos de barro y por aluviones; hubo también muertes por explosiones, por mordeduras de serpientes venenosas y por hipotermias. No ayudaban la escasez de alimentos ni las nulas condiciones sanitarias.[^5] Ante tal precariedad y tal peligro, no sorprende que los obreros pararan para exigir mejores condiciones de trabajo o que simplemente desertaran en busca de mejores empleos en las plantaciones de azúcar. Muchos eligieron esta opción, por lo que el gobierno ecuatoriano decidió intervenir: para evitar más deserciones, hizo del empleo de mano de obra jamaicana un delito menor (los únicos autorizados a contratar jamaicanos eran los contratistas ferroviarios) y obligó a aquellos jamaicanos ya contratados a regresar a la montaña bajo amenaza de deportación.

 [^5] Estas dificultades aparecen documentadas en el informe del registro de ingeniería estadounidense Engineering Record: Building Record and Sanitary Engineer. 

Los obreros del ferrocarril

En una entrevista reciente, Karina me comentó que la ruta del ferrocarril replicó la ruta de El Camino del Inca, y que le gusta pensar que su bisabuela, una joven afrodescendiente devenida migrante, se cruzó en su ruta con otros indígenas y con otros migrantes afrodescendientes como ella. Poco importa que este encuentro sea prácticamente imposible de corroborar. Lo que importa es que existe la posibilidad de imaginar que ese encuentro ocurrió: la posibilidad de este pliegue en/de la historia es suficiente para la artista y la serie fotográfica es fruto de este trabajo imaginativo. Es más, Aguilera Skvirsky nos invita a imaginar este posible encuentro mediante las instalaciones contiguas El peligroso viaje de María Rosa Palacios y Los obreros del ferrocarril. Si el vídeo narra y evoca el viaje de la bisabuela de este a oeste, la serie fotográfica evoca la presencia espectral de los obreros en el paisaje presente, su labor borrada y sepultada, su trabajoso avance en la orientación inversa a la de María Rosa —de la costa hacia la montaña— entre muros de roca y de selva.

Recortes de prensa, cartas y bitácoras de viaje, fotos de archivo y del álbum familiar y fotos tomadas en el presente por la propia artista mientras elegía localizaciones para grabar El peligroso viaje de María Rosa nutren la serie fotográfica. Algunas fuentes son visibles, otras operan como sustratos invisibles. A diferencia del trabajo físico responsable de la construcción del ferrocarril —expresamente ocultado—, el trabajo de montaje y desmontaje archivístico, histórico y visual que realiza Aguilera Skvirsky nos increpa a ver, nos exhorta a tomar en cuenta y a dejarnos orientar por aquello que había permanecido, hasta ahora, oculto.

Aguilera Skvirsky no sólo desentierra, libera y pone en circulación (por medio de su exhibición) imágenes que fueron realizadas hace más de cien años durante las faenas de construcción del ferrocarril, sino que también hace visible y patente el acto de borradura histórica por medio del montaje. Cada foto impresa ha sido doblada en varias partes y también intervenida en collage con las fotos de archivo. Producto de esta yuxtaposición, en algunas imágenes los obreros aparecen como emergiendo de entre la tierra y de las ruinas en que se han convertido algunos tramos de la antigua vía ferroviaria. Los caminos parecen casi pasarles por encima.

Los pliegues no sólo se pueden ver y palpar, sino que también afectan la imagen: la marcan y la transforman. La artista elabora estos pliegues a mano, doblando y redoblando cada una de las fotografías. Estos pliegues materiales tienen una función operativa, significan. Por un lado, dan cuenta del paso del tiempo: denotan y connotan el acto de archivar. Los pliegues nos recuerdan que estas fotos han permanecido guardadas y que no han circulado —a diferencia de otras que sí, como aquellas publicadas en El Comercio de Quito—. Por otro lado, operan metonímicamente: indican contigüidad, coexistencia, continuidad. Los pliegues de/en la foto nos sugieren la existencia de experiencias interdependientes y recurrentes, pero vueltas ajenas, extranjeras, extrañas; las marcas señalan y evocan continuidades temporales solapadas, ignoradas u olvidadas y (des)doblan, de este modo, el hito-mito de la modernidad condensado en la figura del ferrocarril.

Los obreros del ferrocarril (2016)
Karina Aguilera Skvirsky

El montaje de fotografías de archivo en medio de escenarios recientes, la irrupción o aparición (casi fantasmal) de momentos pasados que documentan el trabajo, el esfuerzo y la labor humana parecen instarnos a cuestionar: ¿cómo hablar del ferrocarril sin señalar las políticas neocoloniales e imperialistas que posibilitaron su construcción?¿Cómo no evocar su violenta y mortífera construcción, cómo no disputar la imperiosa necesidad de mano de obra barata? ¿Cómo no recordar el contrato firmado con la corona británica que hizo efectivo el traslado de miles de obreros jamaicanos para que trabajaran en las montañas ecuatorianas en condiciones extremadamente peligrosas y precarias? ¿Cómo no denunciar la discriminación y las diversas penurias que sufrieron estos inmigrantes, a los cuales se les prohibió trabajar para otras compañías o patrones y en otro rubros que no fueran la construcción del ferrocarril?

La llegada del tren es celebrada como el arribo definitivo de la modernidad, como si ésta pudiera llegar a distintos lugares montada en locomotora.[^6] Algo similar puede decirse de la fotografía: ambos aparatos, ferrocarril y fotografía, operan como evidencias de la modernidad y son sus elementos retóricos por excelencia. En Ecuador (como en tantas otras naciones), el ferrocarril representa el triunfo del ingenio y de la tecnología; las imágenes montadas en Los obreros del ferrocarril exhiben y despliegan la modernidad en su faceta más devoradora y destructora. En este (des)pliegue de la historia del ferrocarril, aquello que se centra no es la figura heroica y pujante de la locomotora, sino la de los trabajadores inmigrantes e indígenas sobre cuyos cuerpos enfermos y explotados se fue erigiendo esta monumental obra de la tecnología. Es aquí donde reside la política del trabajo artístico de Aguilera Skvirsky: si la historia generalizada del ferrocarril ha sido una de celebraciones y de triunfos, la historia (des)plegada en las imágenes de Los obreros del ferrocarril evoca, señala y saca a la luz todo aquello que la historia celebratoria de la modernidad ha sistemáticamente borrado, ocultado y enterrado para poder seguir contándose, para continuar siendo historia.

[^6] Así lo destacan Eric Hobsbawm y Fredric Jameson. Ver también el artículo de Marian Aguiar “Making Modernity: Insidethe Technological Space of the Railway”, Cultural Critique, nº 68, pp. 66-85. 

Referencias

Construction difficulties on the Guayaquil and Quito Railway (1904), Engineering Record: Building Record and Sanitary Engineer, McGraw Publishing Company, vol. 50 , pp. 477-478.

AGUIAR, Marian (2008), “Making Modernity: Inside the Technological Space of the Railway”, Cultural Critique, nº 68, pp. 66-85.

BARRAZUETA MOLINA, Patricio (2012), “Orígenes del fotoperiodismo en Ecuador”, Chasqui: Revista Latinoamericana de Comunicación, nº 116, pp. 17-22.

HOBSBAWM, Eric (1968), Industry and Empire. An Economic History of Britain since 1750, The History Book Club, Londres.

JAMESON, Fredric, (2002), A Singular Modernity: Essay on the Ontology of the Present, Verso, Nueva York.

LOEWENFELD, Eva, (1946), “The Guayaquil and Quito Railway, Ecuador”, The Southwestern Social Science Quarterly, vol. 27.1, pp. 68-93.

Cómo citar:
MACAYA DONOSO, Ángeles, “El (des)pliegue de una historia enterrada”, LUR, 29 de julio de 2019, https://e-lur.net/investigacion/el-despliegue-de-una-historia-enterrada.


Ángeles Donoso Macaya (Santiago, Chile). Educadora e investigadora radicada en Nueva York. Profesora asociada en el Borough of Manhattan Community College, City University de Nueva York, BMCC/CUNY, y organizadora comunitaria en temas vinculados a los derechos de migrantes. Sus áreas de investigación y enseñanza incluyen cultura visual latinoamericana, teoría e historia de la fotografía, estudios de la memoria, producción y circulación de contra-archivos y cine documental. Su libro The Insubordination of Photography: Documentary Practices under Chile’s Dictatorship será publicado por University of Florida Press en enero de 2020.


“El (des)pliegue de una historia enterrada” forma parte del itinerario de investigación Archivo, pasado y presente: una pregunta por la condición de media, de desmontaje y desviación dirigido por Mane Adaro.


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