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Tomás Ochoa: la fotografía como incendio siguiente

Sol Astrid Giraldo E.

Soplar suavemente para que la brasa debajo vuelva a emitir su calor, su resplandor, su peligro. Como si de la imagen gris se elevara una voz: ¿No ves que ardo?

Didi-Huberman

El Museo de Antioquia (Medellín, Colombia) hasta hace poco fue una grandilocuente puesta en escena de la identidad de la región, la cual ha girado alrededor de una imaginaria raza paisa. Una narrativa con extendidas raíces históricas. El abogado Libardo López (1870-1959) llegó a afirmar sin ningún pudor: “Hay un lugar en la América Latina en la que existe esa roca ideal de una raza superior, y ese lugar es Antioquia” (citado en Escobar, 2013, p 32). Al respecto de este tema, dice el historiador Juan Camilo Escobar: “Un imaginario racial de identidad es a la vez un conjunto de ideas y de imágenes mentales que se han elaborado por diferentes grupos sociales, en particular por aquellos vinculados con las diversas formas de poder socioeconómico, político y cultural, es decir las élites. […] La raza antioqueña debe ser analizada como un imaginario y no como una realidad que habría que complementar con una serie de datos estadísticos y afirmaciones categóricas” (Escobar, 2013,

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