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‘Nueva Galicia’: las memorias infinitas del caucho  siguiente

Péricles Dias de Oliveira

En la primera fotografía del libro Nueva Galicia (2017), del fotógrafo gallego Iván Nespereira, una mano señala un punto en una carta hidrográfica peruana. Con un poco de atención, podemos ubicarla en la frontera amazónica con Brasil. En la siguiente imagen, vemos el interior del Palm House, un invernadero construido en 1848 para albergar especies tropicales en Londres, en el Real Jardín Botánico de Kew. Dos imágenes en tensión, la selva de un lado y su reproducción en la metrópoli del otro, lo sinuoso y lo lineal. Pero ¿qué relación material podría existir entre estos dos espacios? 

Nueva Galicia es el resultado de un proyecto desarrollado entre 2008 y 2017, que también se materializó en una película homónima, una exposición y un repositorio digital de archivos. Su título hace referencia al punto señalado en la carta hidrográfica, presumiblemente un antiguo asentamiento de gallegos, hoy desaparecido. Podemos incluso ver fotografías de esta ubicación completamente tomada por la selva. Más que un previsible punto de llegada, el topónimo funciona como el catalizador de una jornada azarosa, que se expande geográficamente hacia las fluctuaciones del capitalismo industrial, en particular los altibajos de la economía del caucho.

Nueva Galicia, de Iván Nespereira

Si la espiral metálica que encuaderna el libro recuerda la forma de un cuaderno de viaje, su narrativa no describe un movimiento progresivo, sino pendular, entre la Amazonía y el Reino Unido, así como entre las escalas micro y macro de la historia. El mundo del trabajo atraviesa a las personas retratadas, como los descendientes de gallegos residentes en Iquitos, fotografiados en sus puestos de trabajo, o los jardineros del invernadero Palm House durante sus labores de mantenimiento. En la separata ‘Inventario de documentos’, inserta en el libro, aparecen personajes de otro tipo, como David Bridge & Co., empresa inglesa de maquinaria para el caucho, o Edith Annie Browne, escritora de libros de viajes en territorios coloniales. Personajes con orígenes y motivaciones diversas. Con su estructura fragmentaria —el libro posee cuatro separatas—, la publicación genera una tensión que no se resuelve, aunque el lector puede intuir sus causas: las relaciones laborales desarrolladas en los espacios fotografiados y las relaciones asimétricas entre Europa y América. 

Tras la invención del proceso de vulcanización por Charles Goodyear en 1839 y el inicio de la producción en serie de automóviles en Estados Unidos y Europa, la demanda de caucho natural se disparó, situando a la cuenca del río Amazonas en el punto de mira de los grandes capitales. Brasil, Perú, Colombia y Ecuador tenían el árbol del caucho —Hevea brasiliensis— en abundancia, que crecía de forma dispersa en sus bosques tropicales. En Brasil, las exportaciones se incrementaron de forma vertiginosa: pasó de representar solo una décima parte de sus ingresos por exportación en 1890 a alcanzar el 40% en 1910. Sin embargo, la fiebre duró poco. En 1873, el inglés Henry Wickham contrabandeó semillas del árbol hacia el invernadero Palm House y, cuarenta años después, las plantaciones de caucho en las colonias asiáticas lograron desbancar la explotación silvestre en la Amazonía. Esto probablemente supuso el fin del sueño gallego en la región: irónicamente, mientras muchos emigraban para participar de su prosperidad, en Europa ya se gestaba el germen de su declive. De ahí la dificultad del autor para localizar descendientes de gallegos cuyos antepasados hubieran trabajado directamente en la producción del caucho.

Como señaló la tradición marxista, el capitalismo periférico desarrollado en las antiguas colonias de Sudamérica no reprodujo las relaciones laborales típicas del capitalismo industrial europeo. Aunque formalmente abolida, la coerción al trabajo —como la esclavitud por endeudamiento— fue un mecanismo común en la economía del caucho, que carecía de una mano de obra suficiente para cubrir la demanda de extracción de látex. Esta coerción se ejerció principalmente contra poblaciones indígenas, coaccionadas impunemente por compañías de exportación con la complicidad de las administraciones locales. A diferencia de la mano de obra inmigrante, que gozaba de mayor movilidad, la indígena era tutelada y esclavizada bajo distintos discursos civilizatorios, quedando fijada al territorio y obligada a cumplir cuotas de producción cada vez más elevadas.

En Perú, uno de los capítulos más oscuros de la explotación de los pueblos indígenas fue protagonizado por la Peruvian Amazon Rubber Company Ltd., fundada en Londres en 1908 por el comerciante peruano Julio César Arana. Establecida en la región del Putumayo —una zona de la Amazonía situada entre Colombia y Perú que en ese momento no pertenecía oficialmente a ninguno de los dos países—, la compañía llegó a controlar una extensión de tierra estimada en 31.080 km², comparable a la de un país como Líbano. Allí indígenas como los Huitoto, Bora o Ocaina fueron salvajemente esclavizados, torturados, violados, marcados con hierro y asesinados. Se estima en 30.000 las víctimas. 

Imagen del libro The Putumayo, The Devil’s Paradise (1913), de Walter Ernest Hardenburg

Los relatos de la barbarie llegaron a los medios internacionales a partir de las denuncias del estadounidense Walter Hardenburg, quien pudo testimoniar el horror en las propiedades de Arana y escribir denuncias en artículos y en el libro The Putumayo, The Devil’s Paradise. Travels in the Peruvian Amazon Region and an Account of the Atrocities Committed Upon the Indians Therein (1913). En Inglaterra, el escándalo generado por esas publicaciones llevó a que la compañía fuera liquidada, pero Aranda nunca fue condenado y siguió administrando la región hasta 1922, llegando a ser nombrado senador en 1921. Además, como señala la crítica poscolonial, las denuncias contra Arana apenas tuvieron en cuenta los testimonios de los indígenas, considerados tanto por sus opresores como por sus protectores como ajenos a la civilización; en las palabras del antropólogo Wilton Martínez, habitantes del “mundo de la no-existencia y la inconsciencia”, que deberían de ser rescatados. 

Aunque no esté presente en el libro, la historia de Putumayo sí aparece en el repositorio digital de Nueva Galicia disponible en la web de Nespereira, que contiene archivos documentales consultados por el artista durante la realización del proyecto. Allí vemos fotografías de 1913 de indígenas del Putumayo desnudos como prueba de su buena salud, durante inspecciones extranjeras acompañadas por Arana. Algunos de estos documentos también fueron expuestos en la exposición Nueva Galicia: arquivo (2018), en la sala La Nautilus (A Coruña), en la cual se presentó un importante despliegue de documentos visuales relacionados con la historia del caucho. En estas dos muestras de su proceso, el autor nos permite entrever la diversidad de campos de estudio explorados —la historia, la economía o la antropología—, así como su desinterés por suscribirse a sus sistematizaciones, adoptando una postura que subraya la complejidad del tema antes que pretender desentrañarlo. 

La memoria de la catástrofe del Putumayo ha sido soterrada por el Estado peruano. Pese a la progresiva recuperación de testimonios orales de indígenas descendientes, la dimensión pública de esta historia sigue siendo limitada. Una de las primeras iniciativas estatales en este ámbito fue la exposición Memorias del caucho: revelaciones del bosque humano, realizada en 2017 con el apoyo del Ministerio de Cultura del Perú. Comisariada por Wilton Martínez, la muestra proponía un recorrido por la experiencia indígena del caucho e incluía obras inéditas de artistas como Rember Yahuarcani y Santiago Yahuarcani. De este último es el lienzo El hombre corazón de piedra, el boom del caucho en la Amazonía en el siglo XX (2017), que presenta un paisaje infernal en el que podemos ver formas documentadas de violencia hacia los nativos, desplegadas en una sucesión vertiginosa de planos. En uno de ellos, siluetas negras de cuerpos rollizos —con forma de bolachas de caucho, de látex coagulado— avanzan hacia el primer plano y hacia el espectador: acaso una metáfora de memorias que buscan salir del ámbito comunitario para alcanzar reconocimiento público. 

En este proceso de disputa por memoria, han sido fundamentales la organización y la presión de los pueblos indígenas por reconocimiento, como muestra la actuación del colectivo Tsiuni —‘escuchar’, en lengua kukama—, que en octubre de 2025 interpuso una demanda contra el Estado peruano exigiendo la creación de una Comisión de la Verdad que investigue las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante la época del caucho. En noviembre del mismo año, cuatro relatores especiales de Naciones Unidas solicitaron al Estado peruano acciones contra “la falta de medidas de verdad, justicia, reparación, memorialización y garantías de no-repetición de las graves violaciones de derechos humanos cometidas”, haciendo también referencia a la explotación depredadora de la naturaleza de la Amazonía durante el periodo.

El flagrante olvido de este episodio en la historia del capitalismo contrasta, en el hemisferio norte, con los procesos de memorialización y patrimonialización de bienes culturales vinculados a la colonización y el imperialismo, como el propio Real Jardín Botánico de Kew. Su nominación a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2003 celebra el exitoso traslado de plantas exóticas a los distintos dominios del Imperio británico, pero silencia sobre las condiciones que hicieron posibles tales logros. En este caso, como relata Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina (2004), la anuencia de su director al contrabando de semillas del árbol del caucho, entonces estrictamente controladas por las aduanas brasileñas.

El relato que propone Iván Nespereira sobre el recorrido del árbol del caucho no se presenta de forma lineal ni cerrada, sino que exige una actitud activa por parte del lector, quien debe articular distintos fragmentos verbales y visuales. En este sentido, el autor nos hace partícipes de los avances y dificultades de la investigación, de las lagunas que no pudo o no quiso superar, en primera persona. Además, la obra dialoga con la propia naturaleza del medio fotográfico y con lo que el filósofo e historiador Georges Didi-Huberman nombró como “acontecimiento visual”: las condiciones, limitaciones y posibilidades a las que se enfrenta el fotógrafo en el momento de la toma. Para este autor, dichas características resultan afines a las del testimonio oral, con sus indisociables silencios, exclamaciones y reticencias. Así, puede afirmarse que Nueva Galicia se aproxima a la memoria del caucho desde su precariedad elocuente, una memoria que en años recientes busca consolidarse como memoria fuerte en Perú, y que confronta la memoria hegemónica mediante el recurso al arte, las imágenes y los testimonios de los descendientes.

Como señalaba la filósofa húngara Ágnes Heller, en las actividades guiadas por el beneficio “no hay ni amor ni odio, aunque existe indiferencia y crueldad”. Heller recordaba además que estas actividades son esencialmente anticeremoniales, carentes de estética y orientadas al futuro: “los brokers de Wall Street no se reúnen cada año para recordar el crac del 29”. En la actualidad, la crisis del orden neoliberal reaviva movimientos populistas de derecha que, a ejemplo del MAGA en Estados Unidos, arremeten contra las instituciones intergubernamentales y amplían la inseguridad en países del Sur Global. Ayer como hoy, son las minorías de estos países quienes más han de soportar las consecuencias de la crisis y quienes, en el futuro, deberán asumir el trabajo de memoria de la violencia que padecen.

Referencias

CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA (2014), Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parte. CNMH, Bogotá.

DIDI-HUBERMAN, Georges (2003), Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto. Paidós, Barcelona, 2004. 

GALEANO, Eduardo (1971), Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI, Buenos Aires, 2004.

HELLER, Ágnes (2001), Cultural memory, identity and civil society. Internationale Politik und Gesellschaft, (2), 139-143.

MARTÍNEZ CARLEVARINO, Wilton (2021), Memorias del bosque humano: Historias abismales de violencia colonial durante la época del caucho. Revista +Memoria(s), (1), 147-209.

TRAVERSO, Enzo (2000), El pasado. Instrucciones de uso. Historia, memoria, política. Marcial Pons, Madrid, 2007.

Cómo citar:
DIAS DE OLIVEIRA, Péricles, «“Nueva Galicia”: las memorias infinitas del caucho», LUR, 8 de mayo de 2026, https://e-lur.net/articulos/nueva-galicia-las-memorias-infinitas-del-caucho


Artículo vinculado a El paisaje herido, curaduría de Ros Boisier para Sala LUR que reúne proyectos de artistas visuales españoles que reflexionan sobre nuestra relación con los territorios y las transformaciones medioambientales, sociales y políticas que los atraviesan.

Péricles Dias de Oliveira (São Paulo, Brasil, 1985) es investigador y curador hispano-brasileño. Su trabajo articula historiografías críticas y prácticas contemporáneas del archivo, con especial atención a los regímenes visuales coloniales, las políticas de memoria y la fotografía latinoamericana.

Iván Nespereira (Ourense, España, 1978) es fotógrafo y realizador freelance. Desarrolla proyectos documentales de investigación de largo plazo en fotografía y vídeo.

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