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Ricardo Báez: “Deberíamos considerar al fotolibro como un aparato complejo y no solo como un libro con fotos” siguiente

Alejandro León Cannock

Las imágenes nunca existen de forma aislada. Cada vez que observamos una fotografía esta se encuentra determinada por los condicionamientos materiales y discursivos (ideológicos) propios del espacio de producción, circulación y consumo en el que se encuentra. No hay imagen pura ni salvaje. Por ello, ver (¿leer?) una imagen implica, en un mismo movimiento, intentar comprender el agenciamiento al que pertenece. Hoy en día, tal vez el soporte más interesante en el que las fotografías existen es el fotolibro. Su estructura experimental hace de ellos complejos espacios de pensamiento (visual, verbal, gráfico).

Las investigaciones de Martin Parr y Gerry Badger han mostrado que el fotolibro tiene una existencia muy antigua. Incluso se podría decir que es coetáneo a la invención del medio fotográfico como lo testifican Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions de Anna Atkins (1843) y The Pencil of Nature (1844-1846) de Henry Fox Talbot. ¿Cómo interpretas esta antigua complicidad entre la fotografía y el libro?

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