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La mirada oblicua siguiente

Graciela De Oliveira, Mariano Horenstein, Ros Boisier, Luis González Palma
Comentarios 1

Espacio para el pensamiento y la reflexión crítica sobre el sentido y el significado de imágenes de la pandemia del covid-19

Sara Aliaga
© Sara Aliaga

Graciela De Oliveira

Hacer un recorrido por los pueblos andinos, desde Mendoza hasta La Paz, a finales de octubre e inicios de noviembre, posibilita conocer diversos rituales mortuorios que, si bien conservados de la América precolombina, están muy ajustados a la —impuesta— fe católica que estos pueblos abrazaron y canibalizaron. Tal como el movimiento antropofágico trató de dejar claro en la práctica artística e intelectual, en Sudamérica no hay vuelta a la pureza de ninguna de las fuerzas culturales ni religiosas de siglos atrás, por lo que una descolonización solo sería posible con un viaje al pasado que cambie la historia.

Con esta fotografía, Sara Aliaga avizora las restricciones aplicadas por la pandemia a los rituales populares en Bolivia. Pero esta imagen también es una síntesis de varias discusiones contemporáneas al respecto de la etnicidad; de las prácticas religiosas, culturales y otras.…

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1 comentario

  1. Martín M. dice:

    1. Si los rituales no pueden ser descolonizados, ¿es posible descolonizar la mirada que se posa sobre ellos? Establecer ese paralelo entre el observador y el observado, ser parte del momento más que un testigo externo sorprendido. Sentir y vivir el instante antes que retratarlo. Sueño de una horizontalidad. Fotografiar no como documento, sino como recuerdo.

    2. Es curioso que se fotografíen las visitas al cementerio, es como dejar testimonio de que el duelo pasa a ser celebración de la vida. Se necesitan pruebas de ellos, y para eso existe la cámara, en el ámbito familiar e íntimo sobre todo. Muy pocos hacen fotos del momento mismo de la muerte, del ataúd o del cuerpo inerte, pero de los eventos posteriores a la muerte sí se tienen registros que quedan guardados y que se integran al álbum familiar como parte del ciclo de la vida. Hace pensar en esta frase popular de “no hay muerto malo”, por lo tanto no se fotografía el dolor que causa su partida sino más bien la celebración de su transmutación, el limbo entre la ausencia física y la presencia “metafísica”.

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